El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 2 #2
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BLOQUE 2 #2

—No sé.

—¿Mauro?

—No.

Lucía observó.

La identidad seguía abierta.

Pero ahora Santiago Mera estaba conectado directamente con Riveiro.

No solo con el archivo.

Clara regresó con una carpeta del investigador que había anotado posible señal de camino?

Se llamaba Eladio Ferreiro.

Las notas eran fragmentarias.

Una de ellas describía la pieza:

«La concha parece demasiado grande para simple decoración.»

Lucía observó.

No era prueba.

Solo intuición.

Otra:

«Los costados muestran restos de letras. Si estuvo colocada vertical, quizá fuera indicativa.»

Eso sí era una observación material interesante.

Ferreiro había mirado los laterales.

Décadas antes de Varela.

Pero no había podido reconstruir el texto.

Más abajo:

«Buscar relación con caminos de entrada.»

Adrián sonrió.

—Otro que estuvo cerca.

—Sí.

La historia de la investigación era más larga de lo que habían creído.

Varela había heredado preguntas de varios investigadores.

No una sola línea.

Lucía encontró una ficha:

«LAV... quizá topónimo.»

Eso demostraba que la lectura parcial de Lavacolla había sido detectada mucho antes.

Otra:

«...GREXA (?)»

Lucía se quedó inmóvil.

Ferreiro también había visto la terminación.

Eso reforzaba la memoria antigua.

Dos observaciones independientes coincidían.

El costado opuesto conservaba restos compatibles con igrexa.

Adrián observó.

—Entonces Apóstol prácticamente se cae.

—Como lectura más probable, sí.

No podían saber si otra palabra había existido en una fase anterior o si la piedra había sido retallada.

Pero la evidencia disponible favorecía claramente la referencia a iglesia.

Eso corregía otra parte de la narrativa del blog.

Ferreiro había dejado una nota:

«No encuentro procedencia porque el inventario la pone como ornamental.»

Lucía se detuvo.

Ahí estaba el efecto del índice.

La clasificación como objeto ornamental había impedido que un investigador llegara a los registros de tránsito.

No porque no existieran.

Porque estaban demasiado lejos semánticamente.

Adrián observó.

—Entonces literalmente el índice le cortó el camino.

—Sí.

Ferreiro había visto la piedra.

También las letras.

Pero no pudo relacionarla con el archivo que explicaba su uso.

Rivas, en cambio, había estudiado el camino, pero no logró fijar la pieza.

Varela fue quien empezó a unir ambos mundos.

Eso explicaba por qué su trabajo había avanzado tanto.

Había juntado preguntas que antes estaban separadas.

Clara encontró una correspondencia entre Ferreiro y un archivero.

La respuesta decía:

«No consta piedra de señal entre los fondos religiosos. Quizá deba buscarse en obras públicas o cuentas de fábrica.»

Lucía sonrió.

El archivero había dado la pista correcta.

Pero Ferreiro aparentemente no la siguió.

No sabían por qué.

Tal vez murió.

Quizá abandonó el tema.

No importaba.

La referencia quedó.

Y décadas después podía volver a ser útil.

Lucía sintió que los índices funcionaban como puertas.

Algunas llevaban a un documento.

Otras desviaban.

Pero incluso una nota de alguien que había buscado sin éxito podía conservar la dirección correcta para quien llegara después.

Riveiro seguía revisando sus correos con S. Mera.

—Hay algo raro.

Lucía se acercó.

—¿Qué?

—Acá me pide el archivo TR-11 antes de que yo lo hubiera enviado al blog.

Adrián frunció el ceño.

—¿Cómo sabía que existía?

Tomás abrió la fecha de creación.

TR-11 había sido guardado dos días antes en la carpeta compartida con Varela.

No se había enviado todavía a otras personas.

Lucía sintió que el problema digital volvía.

—Entonces S. Mera tenía acceso a la carpeta o alguien se lo contó.

—Sí.

Eso estrechaba mucho.

El nombre Santiago Mera podía pertenecer a alguien con acceso a material interno.

Nuria.

Cernadas.

Otra persona que hubiera recibido credenciales.

No sabían.

—¿Qué contenía TR-11? —preguntó.

La corrección parcial del alto de la vista.

No la final.

Eso explicaba por qué Mera se interesó en puntos de orientación visual.

Lucía recordó la solicitud archivística bajo ese nombre.

La secuencia coincidía.

Primero vio el mapa.

Después buscó documentos para sostenerlo.

—Entonces no investigaba al azar —dijo Adrián.

—No.

Seguía el trabajo de Varela y Riveiro.

Eso era importante.

Lucía pidió a Tomás todos los correos de S. Mera, sin borrar nada y respetando el procedimiento formal que correspondiera.

No necesitaban abrir cuentas ajenas.

Solo conservar lo que estaba en la propia bandeja de Riveiro.

Tomás accedió.

—Hay uno que no entiendo.

Lo mostró.

Fecha: dos días antes de la muerte de Varela.

Texto:

«La piedra no importa si el índice está mal.»

Lucía se quedó quieta.

La frase parecía anticipar justamente lo que estaban descubriendo.

Adrián observó.

—¿Qué quiso decir?

Tomás había respondido:

«No sé de qué hablás.»

No hubo explicación.

Lucía sintió que Santiago Mera podía haber detectado antes que ellos que los sistemas de clasificación estaban separando documentos relevantes.

O quizá hablaba de otro índice.

—¿Respondió después?

Sí.

«Busca “vuelta”, no “señal”.»

Lucía sintió atención inmediata.

Eso era exactamente la búsqueda que acababa de llevarlos al libro de cuentas donde aparecía la copia de la inscripción.

Adrián se acercó.

—Entonces S. Mera ya conocía esa pista.

—Sí.

Y quizá el libro de memorias.

Eso significaba que el anónimo, si era la misma persona, no necesitaba seguirlos hoy.

Ya había recorrido parte de este camino antes.

Lucía preguntó a Riveiro:

—¿Le pasaste esto a Manuel?

Tomás negó.

—No entendí por qué importaba.

—¿Y después?

—Me olvidé.

Eso podía haber impedido a Varela encontrar la copia de la inscripción.

No por ocultamiento deliberado.

Simplemente porque una pista no comprendida quedó enterrada en un correo.

Otra forma de pérdida.

Lucía escribió al número anónimo.

Santiago Mera.

No añadió nada más.

Esperaron.

Pasaron casi dos minutos.

El teléfono vibró.

«Ese nombre no importa.»

Adrián observó.

Lucía escribió:

Entonces es suyo.

Respuesta:

«Lo usé.»

Lucía se quedó inmóvil.

Por primera vez el remitente reconocía directamente el alias.

Eso conectaba muchas cosas.

Las solicitudes de archivo.

Los informes técnicos.

Los mensajes a Riveiro.

También posiblemente el acceso a documentación antes del blog.

Escribió:

¿Quién es usted?

Respuesta:

«Todavía no.»

Lucía sintió irritación, pero continuó.

¿Usó la asociación de Mauro sin permiso?

«Sí.»

¿Por qué?

La respuesta:

«Porque después de que Manuel descubrió quién controlaba el blog ya no podía pedir ciertos documentos con mi nombre.»

Adrián levantó la vista.

Eso estrechaba aún más.

La persona tenía una identidad conocida dentro del círculo de Varela.

Y había empezado a utilizar el alias después de quedar expuesta.

Lucía escribió:

¿Nuria Seoane?

El silencio fue completo.

No hubo respuesta durante varios minutos.

Adrián observó.

—Eso parece.

Lucía negó.

—Parece silencio.

Nada más.

No iba a convertir ausencia en confirmación.

Guardó el teléfono.

Clara había seguido trabajando mientras ellos escribían.

Encontró otra referencia dentro del libro de memorias.

«Copia de otras señales retiradas.»

Lucía se acercó.

Había breves transcripciones.

Una mencionaba la cruz del hospital.

Otra una señal junto a un acceso que todavía no habían estudiado.

Y una tercera decía:

«En la entrada vieja, letras que ya no se entienden.»

Lucía observó.

—¿Cuál entrada?

Clara buscó la referencia.

No aparecía el nombre moderno.

Solo una denominación anterior:

«Porta de Baixo.»

Riveiro se acercó.

—No la tengo en el mapa.

Eso era interesante.

Una puerta que no aparecía en la reconstrucción actual.

Podía haber cambiado de nombre.

O desaparecido.

Lucía pidió no incorporarla todavía.

Primero necesitaban fecha y ubicación.

La memoria decía que había dejado de usarse antes de una reforma importante.

Eso podía pertenecer a una fase anterior al periodo de Martín.

Si era así, no debía mezclarse.

Adrián observó.

—Otro nombre que puede crear otra puerta si lo metemos sin fecha.

—Exactamente.

Lucía sintió que el problema de los índices estaba revelando nuevas referencias, pero también nuevos riesgos.

Encontrar más no significaba comprender mejor automáticamente.

Cada hallazgo debía volver a su momento.

Clara encontró la ficha moderna de Porta de Baixo.

Sorprendentemente, estaba indexada como:

«Puerta desaparecida — tradición dudosa.»

Eso explicaba por qué no había entrado en muchas reconstrucciones.

La fuente había sido considerada poco fiable.

Lucía preguntó por qué.

El índice remitía a un estudio que afirmaba no haber encontrado documentación suficiente.

Pero ahora tenían una memoria antigua que la mencionaba.

Eso podía devolver credibilidad.

—No la pongamos todavía —repitió Lucía.

Primero debían confirmar que el documento era auténtico y entender a qué fase pertenecía.