BLOQUE 3 #3
—Unos once metros.
Suficiente.
La intervención reciente había ocurrido en el tramo incorrecto.
Si la marca fotografiada era realmente la documentada, San Paio había sido dañado inútilmente.
Lucía sintió enojo.
Eso era exactamente lo que la prudencia intentaba evitar.
—¿Nuria conocía esta corrección? —preguntó.
Tomás negó.
—La encontré ayer.
—¿La subiste a alguna carpeta compartida?
—No.
—¿Se la enviaste a alguien?
—A nadie.
Lucía observó.
Eso les daba una nueva pista para comprobar si el anónimo tenía otra vía de información.
No mencionarían el hallazgo.
Esperarían.
Clara buscó la referencia aportada por Riveiro.
El documento existía.
La casa había cambiado de planta.
La antigua esquina aparecía claramente.
Eso hacía plausible la corrección.
Otra relación situaba un pequeño límite de propiedad cerca del nuevo punto.
La posición empezaba a sostenerse por más de una fuente.
Lucía observó la fotografía del círculo.
—¿Se distingue incisión?
—Parece.
Tomás amplió.
La forma era incompleta.
No podían saber si era círculo intencional o desgaste.
Necesitaban estudio sin tocar.
Marta podía revisar fotografías.
Eso harían.
Lucía no quiso visitar todavía.
Primero documentación.
Clara encontró una descripción de la marca:
«Círculo pequeño, abierto en la parte que mira al camino viejo, hecho con corte poco profundo.»
Lucía volvió a la fotografía.
La forma visible parecía tener una interrupción hacia uno de los lados.
Riveiro comparó orientación.
La abertura quedaba aproximadamente hacia el corredor antiguo reconstruido.
Adrián observó.
—Eso ya es fuerte.
Lucía asintió.
Sí.
La posición corregida.
La forma.
También la orientación.
Seguía faltando estudio material.
Pero la posibilidad era seria.
—Entonces la marca pudo sobrevivir —dijo.
No enterrada.
No escondida.
Simplemente convertida en una incisión que nadie reconocía.
Eso era mucho más interesante.
Una marca que la ciudad no había borrado por completo podía permanecer delante de todos durante siglos.
El silencio no siempre necesitaba desaparición.
A veces bastaba con perder el significado.
El teléfono vibró.
Lucía lo miró.
Número desconocido.
Adrián se acercó.
El mensaje decía:
«San Paio estaba mal.»
Lucía quedó inmóvil.
Riveiro también.
Eso era inquietante.
Tomás aseguraba no haber compartido la corrección.
La carpeta estaba cerrada.
El anónimo no debería saberlo todavía.
Lucía escribió:
¿Cómo lo sabe?
La respuesta tardó.
«Porque Nuria lo descubrió ayer.»
Tomás frunció el ceño.
—No hablé con ella.
Lucía escribió:
¿Encontró el círculo?
Respuesta:
«Creo que sí.»
Otro mensaje:
«En otro muro.»
Lucía miró a Tomás.
Habían llegado a la misma corrección por caminos independientes.
Eso significaba que Nuria podía estar siguiendo las fuentes por su cuenta.
No necesitaba acceso a Riveiro.
La investigación contemporánea se estaba convirtiendo en una carrera de verdad.
Y ahora dos grupos podían dirigirse hacia la misma marca.
Lucía escribió:
No toquen nada.
La respuesta:
«Eso mismo le dije.»
Adrián murmuró:
—Entonces si el anónimo habla con Nuria y no es Tomás...
Lucía asintió.
El círculo de posibles identidades se estrechaba.
Cernadas.
Seara.
Otra persona del grupo.
Pero no iban a resolverlo por descarte incompleto.
Lucía guardó el teléfono.
—Primero protegemos la marca.
Contactó a Marta.
Envió únicamente la información necesaria para solicitar revisión visual del sector y evitar intervención no autorizada.
Nada más.
Riveiro permaneció en silencio.
Después dijo:
—Nuria está obsesionada con ser la primera.
Lucía lo miró.
—¿Desde cuándo?
—Desde que Manuel empezó a corregir sus mapas.
—¿Sus mapas?
—Ella también hizo reconstrucciones.
Eso era nuevo.
—¿Arqueóloga y cartógrafa?
—No. Trabajaba con sistemas de información geográfica para registrar hallazgos.
Eso explicaba su interés en posiciones.
—¿Compitió con vos?
Riveiro sonrió sin humor.
—Todo el tiempo.
No era prueba de nada.
Pero aclaraba la dinámica del grupo.
Varias personas podían estar construyendo ubicaciones distintas.
Cada una quería demostrar la suya.
Eso explicaba por qué la investigación se había convertido en carrera.
Clara encontró una nota de Varela dentro de una copia consultada semanas antes de su muerte.
Era una anotación al margen:
«No buscar más marcas sin corregir primero las fases de las casas.»
Lucía se quedó inmóvil.
Ahí estaba exactamente el error de San Paio.
Varela había comprendido al final que las propiedades también cambiaban.
Una distancia desde una casa no servía si se medía desde su planta posterior.
—¿Tomás, viste esto?
Riveiro negó.
La anotación no aparecía en sus copias.
Podía haber sido hecha después de su consulta.
Lucía sintió que Varela había estado muy cerca de corregir la posición del círculo antes de morir.
Quizá no llegó a hacerlo.
Eso explicaba por qué la investigación posterior siguió utilizando San Paio.
El documento continuaba con una frase:
«La ciudad no movió solo los caminos. También movió sus referencias.»
Lucía observó.
No era una afirmación literal de desplazamiento físico de edificios.
Varela hablaba de cambios de planta y denominación.
Una referencia estable solo lo era dentro de una fase.
Eso era central.
Adrián leyó.
—Entonces todos seguimos midiendo desde cosas que ya no estaban iguales.
—Sí.
La piedra de la Concha había sido un caso.
La casa vieja, otro.
Porta Alba también había cambiado de relación con el entorno.
La ciudad moderna no podía utilizarse como plantilla neutra.
Marta llamó poco después.
Había recibido las fotografías.
—No vamos a intervenir nada, pero la marca merece documentación técnica.
Lucía preguntó:
—¿Puede ser antigua?
—La imagen no permite fechar.
—¿La forma?
—Es compatible con una incisión intencional, pero necesito verla con luz controlada.