El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 2
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Lucía volvió sobre la frase del expediente.

«Bórrense las marcas antiguas, excepto la que recuerda dónde estuvo la señal de los caminantes.»

Debajo, unas líneas después:

«Pequeño círculo abierto hacia el camino viejo.»

Y ahora el anónimo acababa de afirmar que alguien había intentado localizarlo en San Paio seis días antes.

Eso no significaba que estuviera allí.

De hecho, después de todo lo aprendido durante los últimos días, Lucía desconfiaba precisamente de las coincidencias demasiado rápidas.

Adrián permanecía junto a ella.

—Si el círculo estaba en ese muro, la intrusión empieza a tener sentido.

—Si estaba.

—¿No te alcanza con la referencia?

—No tenemos la referencia espacial completa.

Clara Nogueira regresó a la mesa.

—Encontré la hoja anterior.

Lucía se acercó.

El documento describía una reforma del antiguo recorrido y enumeraba varios puntos usados para fijar límites.

Entre ellos aparecía:

«Desde la esquina de la casa vieja hasta la marca redonda del muro...»

Lucía siguió leyendo.

Había una distancia.

Riveiro tomó la hoja.

—Esto sí podemos situarlo.

—Con cuidado.

Tomás asintió.

La casa vieja aparecía en otras relaciones.

No era la casa de espera.

Era otra propiedad utilizada como referencia territorial.

Eso era importante.

Dos construcciones distintas no podían fundirse solo porque ambas llevaran la palabra casa.

Riveiro abrió la cartografía por fases.

Primero localizó la propiedad.

Después siguió la distancia documentada hacia el muro.

El resultado cayó cerca de San Paio.

Adrián se inclinó.

—Entonces sí.

Lucía observó el margen.

—¿Cuánto?

—Entre cuatro y siete metros dependiendo de dónde tomemos la esquina.

No era suficiente para señalar una piedra concreta.

Pero situaba la marca dentro de un tramo reducido.

Clara buscó otra relación.

«El círculo queda antes de la fábrica del monasterio, mirando al paso antiguo.»

Lucía se quedó inmóvil.

Eso afinaba bastante.

No necesariamente estaba dentro de un muro monástico original.

Podía haber quedado incorporado después.

Riveiro revisó.

—Con esto el área se acerca mucho al sector donde ocurrió la intervención.

Adrián observó.

—Entonces alguien no estaba excavando al azar.

—No.

Si el anónimo decía la verdad, quien había intervenido el mortero podía estar siguiendo documentación real.

La pregunta era qué esperaba encontrar.

El círculo no era una llave.

Ni una entrada.

Era una marca de memoria.

Lucía volvió al expediente.

«No sirve ya de guía.»

Esa línea le parecía cada vez más importante.

La persona que buscó el círculo quizá hubiera interpretado que una marca orientada hacia el camino viejo todavía indicaba la dirección del recorrido.

Pero el propio documento advertía que ya no cumplía esa función.

La conservaban para recordar dónde había estado una señal anterior.

Eso era distinto.

—¿Qué señal recordaba? —preguntó Adrián.

Lucía buscó.

No aparecía nombre.

Clara revisó las hojas anteriores.

Encontró:

«En memoria del punto donde estuvo puesta la señal pequeña durante las obras...»

Lucía se detuvo.

—Otra señal provisional.

Adrián negó.

—Entonces ni siquiera recuerda la piedra de la Concha.

—No.

Eso cambiaba completamente el sentido.

El círculo no marcaba la posición de la gran señal de los caminantes.

Recordaba una señal pequeña utilizada temporalmente durante obras.

Quien hubiera seguido esa marca creyendo que señalaba el recorrido principal estaría mezclando otra vez elementos distintos.

Riveiro cerró los ojos un instante.

—Y San Paio vuelve a perder importancia.

Lucía asintió.

No era un punto central del sistema.

Podía conservar una huella secundaria de una fase de obras.

Nada más.

Adrián observó.

—Entonces alguien dañó un muro buscando una prueba que, aun si aparecía, no demostraría lo que creía.

—Exactamente.

Eso era lo más grave.

La intervención no solo había sido indebida.

También se basaba en una lectura equivocada.

Clara encontró una relación posterior.

«La marca redonda se mantiene porque ayuda a recordar el límite mientras se termina la nueva fábrica.»

Lucía observó.

El círculo tuvo una vida práctica breve.

Después otra:

«Ya terminada la obra, puede quedar aunque no tenga uso.»

Eso explicaba por qué alguien decidió no borrarlo.

No necesariamente por valor peregrino.

Simplemente ya no molestaba.

Con el tiempo, una marca inútil podía adquirir apariencia de misterio.

Adrián leyó la siguiente línea.

«No se repinte.»

—Entonces también estaba pintado.

—Quizá el interior o el contorno.

La descripción no permitía saber exactamente cómo.

Pero la decisión de no repintarlo significaba que la marca empezaría a desaparecer gradualmente.

La piedra podía seguir.

La pintura, no.

Lucía pensó en el presente.

Si el círculo existía todavía, probablemente fuera tenue.

Quizá apenas una incisión.

Eso explicaría por qué alguien había tenido que retirar mortero o suciedad para buscarlo.

Y al hacerlo podía haber destruido precisamente lo poco que quedaba.

Riveiro pidió el informe de la intervención contemporánea en San Paio.

Ya lo habían visto parcialmente.

Esta vez querían leerlo con otra pregunta.

La descripción indicaba que se había detectado alteración reciente de mortero en un tramo bajo del muro.

No se había extraído ninguna piedra.

Tampoco se había abierto hueco alguno.

La intervención era superficial.

Lucía observó.

—Eso encaja mejor con alguien buscando una marca que con alguien buscando una cámara.

Adrián asintió.

Quien hubiera raspado el mortero podía querer dejar visible una cara de piedra.

No acceder detrás.

La interpretación anterior de una posible apertura quedaba debilitada.

Riveiro mostró una fotografía.

La zona alterada era pequeña.

—¿Está dentro del área probable?

—Sí.

Lucía sintió inquietud.

No podían saber si la marca estaba allí antes de la intervención.

El daño podía haberla eliminado.

—¿Se documentó alguna incisión?

Clara revisó.

No.

Solo una superficie irregular.

Eso no demostraba que nunca hubiera existido.

También podía significar que la persona no encontró nada.

Adrián observó.

—O buscó en la piedra equivocada.

—Sí.

Con un margen de varios metros, eso era completamente posible.

El teléfono vibró.

Número desconocido.

«No encontró el círculo.»

Lucía leyó.

Adrián se acercó.

Ella escribió:

¿Cómo lo sabe?

Respuesta:

«Porque me lo dijo.»

Lucía se quedó inmóvil.

Eso confirmaba, al menos según el propio anónimo, contacto directo con quien había realizado la intervención.

Escribió:

¿Entonces sabe quién dañó el muro?

Silencio.

Después:

«Sí.»

La respuesta era distinta de las evasivas anteriores.

Lucía escribió:

Nombre.

Tardó.

«Todavía no.»

Lucía sintió irritación.

Entonces deje de enviarnos información parcial.

No hubo respuesta inmediata.

Adrián observó.

—Puede estar protegiéndolo.

—O protegiéndose.

La persona del blog podía haber participado indirectamente.

Quizá había proporcionado documentación.

Eso no significaba que hubiera realizado la intervención.

Pero podía haber contribuido.

El teléfono vibró otra vez.

«Yo le di la referencia del círculo.»

Lucía permaneció mirando.

Ahí estaba.

El anónimo admitía haber facilitado la pista.

Escribió:

¿Sabía que iba a intervenir el muro?

La respuesta tardó.

«No.»

Lucía escribió:

¿Qué creyó que haría?

«Mirar.»

Podía ser verdad.

También podía ser una forma de reducir responsabilidad.

Lucía guardó el teléfono.

No seguiría interrogándolo por mensaje.

Esa información debía comunicarse.

El anónimo acababa de admitir haber proporcionado la referencia histórica utilizada por quien después intervino una superficie patrimonial.

No era algo que debieran manejar solos.

Lucía realizó la comunicación correspondiente y volvió a la mesa.

Adrián la observó.

—Ahora ya sabemos por qué el anónimo sabe tanto de San Paio.

—Sí.

Porque no estaba reconstruyendo el incidente después.

Había participado antes, al menos compartiendo la fuente.

Clara volvió a la documentación histórica.

—Hay otra marca cerca de ese mismo tramo.

Lucía levantó la vista.

—¿Qué clase?

—No lo sé todavía.

La referencia decía:

«No se confunda el círculo viejo con la raya nueva del límite.»

Adrián negó lentamente.

—Perfecto.

Dos marcas próximas.

Eso explicaba aún mejor cómo alguien podía buscar la equivocada.

Lucía siguió.

La raya nueva correspondía a una reforma posterior.

No tenía relación con peregrinos.

Solo marcaba un límite constructivo.

—Entonces si alguien encontró una línea...

—Podía creer que era parte del círculo.

Exactamente.

Las superficies históricas acumulaban marcas de momentos distintos.

El peligro de interpretar sin secuencia era enorme.

Una línea junto a un círculo no tenía por qué formar un símbolo.

Podían haber sido realizadas con décadas de diferencia.

Lucía pensó en la fotogrametría de la losa de asiento.

Allí también habían aparecido incisiones secundarias.

Habían hecho bien en no unirlas.

La misma prudencia debía mantenerse aquí.

Clara localizó una fotografía de principios del siglo XX del tramo de muro.

La resolución no era excelente.

Pero mostraba una pequeña piedra clara en la zona aproximada.

No se distinguía ningún círculo.

Adrián amplió.

—Nada.

—La pintura podía haber desaparecido mucho antes.

La incisión, si existía, podía no ser visible con esa iluminación.

No podían extraer conclusión.

Otra fotografía posterior mostraba reparaciones de juntas.

Parte de la superficie había quedado cubierta por mortero.

Eso era más relevante.

Una marca antigua podía estar bajo una capa posterior sin necesidad de que la piedra hubiera desaparecido.

Lucía observó.

—Entonces la persona que raspó pudo saber que había que retirar mortero.

Riveiro asintió.

—Si conocía esta foto o el informe de reparación.

Eso sugería un grado de preparación mayor.

No bastaba con una referencia medieval.

Necesitaba también saber qué superficie moderna cubría la piedra.

—¿El anónimo tenía estos documentos? —preguntó Adrián.

Lucía no quiso preguntarle todavía.

Prefería comprobar accesos.

Clara revisó registros de consulta.

El informe moderno había sido consultado meses antes por una persona.

Nombre:

Santiago Mera.

Los tres se quedaron inmóviles.