BLOQUE 2 #2
No era una postura absurda si exigía pruebas materiales.
El problema aparecería si ignoraba documentos que contradijeran su hipótesis.
—¿Varela se molestó?
Clara recordó.
—Le dijo que estaba enamorado de su propia conclusión.
Adrián sonrió.
—Eso sí suena a discusión.
Lucía no convirtió una frase dura en enemistad.
Los investigadores podían hablar así.
—¿Reigosa respondió?
—Dijo que Manuel estaba haciendo lo mismo con la suya.
Lucía observó.
Eso era todavía más interesante.
Ambos se acusaban mutuamente de forzar la evidencia.
—¿Después siguieron trabajando?
—Sí.
Eso reducía el dramatismo.
No habían terminado a gritos.
Habían seguido revisando documentos.
Clara abrió otra hoja.
—Creo que esto fue lo último que vieron juntos.
Era una relación de llegadas nocturnas.
La frase decía:
«Los que alcancen la casa después del cierre quedarán allí hasta la mañana.»
Otra anotación:
«Si falta compañero, no se dará por completa la partida.»
Lucía observó.
Eso reforzaba la existencia del punto de espera.
No todos tenían que regresar.
Podían quedarse hasta que el grupo se completara.
Adrián preguntó:
—¿Qué tenía de especial para Reigosa?
Clara negó.
—No sé.
Lucía revisó la fecha de la relación.
Era anterior a una reforma importante.
Podía demostrar que la práctica existía antes de la entrada consolidada que Reigosa defendía como principal.
Eso quizás afectaba su reconstrucción.
—¿Varela tomó nota de algún nombre? —preguntó.
Clara recordó.
—Sí. Hizo una lista.
Lucía sintió que llegaban a los diecisiete.
—¿Cuántos?
Clara dudó.
—No los conté.
—¿Podían ser diecisiete?
—Puede ser.
Eso no demostraba nada.
Pero era compatible con el mensaje.
—¿Qué nombres copiaba?
—Los que faltaban de las partidas.
Lucía miró a Adrián.
Ahí estaba.
Varela había reconstruido la práctica a partir de los ausentes.
Martín aparecía después como el primer caso que podía identificar entre quienes habían regresado a buscarlos.
Eso explicaba:
«Martín era el dieciocho.»
No necesariamente el dieciocho ausente.
Podía ser el dieciocho caso estudiado de una partida incompleta.
Lucía pidió ver las relaciones que Varela había consultado.
Clara colocó varias juntas.
Había entradas dispersas durante años.
No formaban una lista original.
La lista había sido creada por Varela.
Eso era importante.
El anónimo no tenía un documento histórico con dieciocho nombres.
Tenía una reconstrucción de Varela.
Probablemente en la libreta.
Adrián observó.
—Entonces quien nos escribe tiene más que páginas sueltas.
—Sí.
Conoce cómo Varela organizó la información.
Eso hacía más probable que tuviera acceso directo a su trabajo final.
Lucía preguntó:
—¿Varela dejó algo acá?
Clara negó.
—Se llevó sus notas.
—¿Reigosa vio la lista?
—Sí.
Lucía se detuvo.
Eso significaba que Reigosa podía conocer la cifra.
Podía saber que Varela había identificado varios casos.
Adrián pensó lo mismo.
—Entonces él podría ser quien manda los mensajes.
Lucía lo miró.
—Podría.
No más.
Había otras personas con acceso a las notas.
—¿Tiene contacto de Reigosa? —preguntó Clara.
—Todavía no hablamos con él.
La mujer pareció sorprendida.
—Pensé que venían de su parte.
—¿Por qué?
Clara señaló una nota de consulta reciente.
Lucía se acercó.
Álvaro Reigosa había vuelto al archivo.
Fecha:
dos días después de la muerte de Varela.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué pidió?
Clara miró el registro.
La misma documentación.
Relaciones de partidas incompletas.
Lucía sintió que eso sí era relevante.
—¿Pidió copias?
—Sí.
—¿Las mismas que Manuel?
Clara comparó.
No exactamente.
Reigosa pidió especialmente aquellas donde aparecía el lugar de espera.
Eso podía deberse a que quería continuar el trabajo.
También podía significar que buscaba verificar la interpretación de Varela.
Nada más.
—¿Comentó por qué había vuelto?
—Dijo que quería comprobar algo que Manuel había interpretado mal.
Adrián miró a Lucía.
Ella preguntó:
—¿Qué?
Clara negó.
—No lo explicó.
—¿Volvió después?
—No.
Lucía tomó nota.
Reigosa debía ser entrevistado.
Pero no irían con una acusación.
Necesitaban saber qué interpretación defendía.
Clara abrió un registro auxiliar.
—Hay una cosa que quizá les interese.
La hoja correspondía a reparaciones de la casa junto al punto de espera.
Una frase decía:
«La señal se verá desde el abrigo para que quienes deban volver reconozcan la vía.»
Lucía se quedó inmóvil.
Eso unía materialmente la piedra con el lugar de espera.
La señal tenía que ser visible desde allí.
No era una referencia lejana.
Formaba parte del funcionamiento del espacio.
—¿Fecha?
Clara señaló.
Compatible con la fase antigua.
Lucía siguió leyendo.
«Los que continúen a la iglesia no necesitan volver a ella.»
Adrián observó.
—Entonces la señal era para quien tenía que regresar al camino.
—En esta función, sí.
Eso ayudaba a entender por qué podía tener una inscripción hacia Lavacolla.
No necesariamente indicaba el camino de entrada a todos.
Podía servir especialmente a quienes debían volver hacia los rezagados.
La palabra Apóstol, si realmente estaba del otro lado, podría indicar el sentido opuesto al regresar.
Pero la lectura seguía siendo menos segura.
Lucía no la usaría todavía.
Clara señaló otra línea.
«Cuando la partida quede completa, entrarán por el paso que corresponda.»
Lucía observó.
Eso introducía un nuevo problema.
El paso que corresponda.
No necesariamente una única entrada.
Podían existir varias formas de continuar desde el punto de espera según la época o el grupo.
Eso podía explicar futuras contradicciones.
Adrián lo entendió.
—Entonces después de esperar no todos entraban por el mismo sitio.
—No lo sabemos.
La frase permitía esa posibilidad.
Necesitaban más registros.
Pero ya empezaba a abrir el camino hacia la siguiente pregunta.
¿Qué ocurría exactamente antes de entrar en la Catedral?
No bastaba con saber que esperaban.
Debían reconstruir cómo continuaban.
Lucía guardó las notas.
—Quiero ver documentación de salidas desde la casa hacia la iglesia.
Clara asintió.
—Eso puede estar en otra serie.
—Busquemos.
Mientras la mujer salía, Adrián se acercó a la ventana.
La Catedral no podía verse desde aquella sala.
—Es curioso.
Lucía lo miró.
—¿Qué?
—Todo el mundo piensa en el final del Camino como llegar acá y entrar.
Lucía observó las carpetas.
—Los documentos están mostrando que para algunos la llegada era más complicada.
No una ceremonia escondida.
Una cuestión humana.
Grupos que se separaban por enfermedad.
Personas que llegaban tarde.
Otros que debían esperar antes de continuar.
Eso transformaba la imagen romántica de una llegada individual y limpia.
Los peregrinos viajaban con problemas reales.
Lucía volvió a la lista de nombres.
Diecisiete casos reconstruidos por Varela.
Martín podía ser el siguiente.
Si eso era correcto, el supuesto enigma excepcional se convertía en evidencia de una práctica.
Y cuando una práctica se volvía visible, la teoría de una ruta reservada perdía fuerza.
Clara regresó con una carpeta estrecha.
—Esto es lo más cercano que encontré.
Lucía abrió.
El encabezado decía:
«Relación de salidas desde la casa de espera hacia la iglesia.»
Adrián se acercó.
Lucía leyó la primera línea útil:
«Una vez completa la partida, tomarán la calle que baja junto al muro...»
La denominación posterior estaba dañada.
No podían reconstruir el resto.
Pero había un punto reconocible.
Más abajo aparecía otra opción:
«Si el paso principal estuviese impedido, irán por el costado...»
Adrián observó.
—Entonces había alternativa.
—Según condiciones.
No una ruta secreta.