El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 2
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Lucía no apartó la vista del muro durante varios segundos.

El mensaje seguía pesando más que la propia piedra.

«Pregunten quién estuvo con Varela aquí.»

Hasta ese momento habían reconstruido la última jornada del investigador como una secuencia relativamente sencilla. Varela había trabajado en la colección Mosquera, había examinado la pieza sesenta y dos y después había salido con una referencia concreta hacia San Paio.

Ahora sabían que alguien lo había acompañado al menos durante una parte de esa búsqueda.

Adrián observó el entorno.

—Elena dijo que salió solo de la casa.

—Eso no significa que llegara solo hasta acá.

—Entonces alguien pudo esperarlo.

Lucía asintió.

Había otras posibilidades.

Varela podía haberse encontrado con una persona después de abandonar la propiedad.

También podía haber pedido ayuda a alguien que conociera mejor el entorno histórico.

No tenían por qué pensar inmediatamente en una cita clandestina.

Lucía sacó el teléfono.

—Voy a llamar a Teresa.

La mujer respondió después de varios tonos.

—¿Encontraron algo?

—Una pregunta.

—Eso suena peor.

—¿Sabés con quién trabajaba Varela en Santiago?

Teresa tardó.

—Con mucha gente.

—Me refiero a sus últimos días.

—No sé todos sus movimientos.

—¿Mencionó a alguien con quien pensara recorrer San Paio?

Hubo silencio.

Lucía se apartó un poco de Adrián para escuchar mejor.

—Teresa.

—Estoy pensando.

La voz de la mujer cambió.

—Sí. Nombró a alguien.

—¿Quién?

—Rodrigo Lema.

Lucía anotó el nombre.

—¿Quién es?

—Arquitecto.

—¿Restaurador?

—Ha trabajado en patrimonio, aunque no exclusivamente.

—¿Conocía a Varela?

—Desde hacía años.

Adrián se acercó al escuchar la palabra arquitecto.

Lucía preguntó:

—¿Por qué Varela necesitaba un arquitecto para venir acá?

—Porque Rodrigo había estudiado varias alineaciones antiguas del entorno.

Eso tenía sentido.

Una persona familiarizada con las reformas podía ayudarlo a distinguir qué partes de un muro eran posteriores y cuáles podían incorporar fábrica más antigua.

—¿Sabés si vinieron juntos?

—No.

—¿Varela te dijo que iba a verlo?

—Me dijo que quería enseñarle una correspondencia que había encontrado.

Lucía miró la pared.

—¿Qué correspondencia?

—No la explicó.

Adrián señaló el teléfono.

Lucía entendió.

—¿Tenés el contacto de Lema?

Teresa dudó.

—Sí.

—Mandámelo.

—Lucía.

—¿Qué?

—Rodrigo y Manuel no terminaron bien.

Lucía se detuvo.

—¿Qué significa eso?

—Discutieron.

—¿Por el camino?

—No sé exactamente.

Teresa respiró antes de continuar.

—Manuel pensaba que algunas reconstrucciones modernas habían proyectado demasiado hacia atrás una configuración posterior de la ciudad.

Lucía comprendió.

—¿Y Lema defendía esas reconstrucciones?

—Había participado en una de ellas.

Eso cambiaba el contexto.

No convertía a Rodrigo Lema en adversario.

Mucho menos en sospechoso de nada.

Pero sí explicaba por qué una nueva ubicación de la señal podía afectarlo profesionalmente.

—¿La discusión fue fuerte?

—No estuve presente.

—¿Quién te lo contó?

—Manuel.

Lucía evitó pedir una valoración.

Necesitaba hechos.

—¿Cuándo?

—Tres días antes de morir.

Lucía observó a Adrián.

—Mandame el número.

Teresa prometió hacerlo.

Antes de cortar, añadió:

—No vayan pensando que Rodrigo hizo algo.

—No vamos pensando nada.

—Te conozco.

Lucía sonrió apenas.

—Entonces sabés que eso es verdad.

Cortó.

Adrián esperó.

—Arquitecto.

—Sí.

—Participó en una reconstrucción que Varela quería corregir.

—Sí.

—Y discutieron tres días antes.

Lucía lo miró.

—No hagas una historia con eso todavía.

Adrián levantó las manos.

—Solo estoy repitiendo.

—Estás eligiendo cómo repetirlo.

El teléfono recibió el contacto.

Rodrigo Lema.

Lucía llamó.

No respondió.

Dejó un mensaje corto.

Soy Lucía Orive. Estoy revisando documentación que perteneció a Manuel Varela. Necesitamos hablar sobre su trabajo en San Paio.

No mencionó al remitente anónimo.

Tampoco la desaparición de la piedra.

Guardó el teléfono.

—Mientras esperamos, quiero saber si hay algo publicado por Lema.

Adrián abrió su móvil.

—Eso sí lo podemos buscar.

Encontraron varias referencias bibliográficas.

Rodrigo Lema había participado en estudios sobre transformaciones urbanas y restauraciones históricas del entorno compostelano.

Uno de los trabajos incluía una reconstrucción de accesos medievales.

Lucía se detuvo.

—Éste.

Adrián abrió el resumen disponible.

La reconstrucción situaba el tránsito peregrino de una fase concreta por una entrada diferente de la que Varela estaba intentando recuperar.

Eso no significaba que Lema estuviera equivocado.

Podían estar trabajando sobre periodos distintos.

Lucía buscó la fecha histórica utilizada en su estudio.

—Mirá.

Adrián se acercó.

El trabajo se centraba en documentación posterior al traslado de la piedra.

—Entonces su reconstrucción puede ser correcta —dijo Adrián.

—Para esa fase, sí.

—Y Varela quería retroceder más.

—Exactamente.

Eso cambiaba mucho la posible discusión entre ambos.

Quizá no estuvieran enfrentados sobre qué ruta era verdadera.

Podían estar discutiendo sobre hasta dónde era legítimo extender hacia atrás una reconstrucción posterior.

Lucía abrió otra referencia.

Lema escribía sobre un acceso septentrional consolidado tras una reorganización del tránsito.

Esa formulación era compatible con las fuentes que ellos habían encontrado.

—No parece alguien aferrado a una única ruta —dijo Adrián.

—No.

Eso era importante.

La interpretación de Teresa podía haber simplificado la discusión.

Varela quizá pretendiera identificar una fase anterior y Lema exigiera pruebas suficientes antes de aceptarla.

Eso no era una disputa extraordinaria.

Era una discusión normal entre investigadores.

Lucía volvió a mirar el muro.

—Entonces necesitamos saber qué le mostró Varela.

Adrián asintió.

El teléfono sonó.

Número desconocido.

No era el remitente anónimo.

Lucía atendió.

—¿Sí?

—Lucía Orive.

La voz era masculina.

—Sí.

—Soy Rodrigo Lema.

Lucía miró a Adrián.

—Gracias por devolverme la llamada.

—Teresa me escribió antes de que pudiera escuchar su mensaje.

—Estamos en San Paio.

Hubo un silencio corto.

—¿Dónde exactamente?

Lucía describió la zona.

Rodrigo volvió a callar.

—No toquen el muro.

—No pensábamos hacerlo.

—Manuel tampoco tenía que hacerlo.

Lucía se quedó inmóvil.

—¿Qué quiere decir?

La voz de Rodrigo se endureció.

—Que ya hubo suficiente daño con esa historia.

Adrián la observó.

Lucía mantuvo el tono.

—¿Puede venir?

—No.

—Entonces necesitamos hablar por teléfono.

—No sobre esto.

—Manuel estuvo aquí con usted.

Otro silencio.

Más largo.

—¿Quién le dijo eso?

—¿Es falso?

Rodrigo respiró.

—No.

Lucía sintió que la pista anónima se confirmaba.

—Entonces estuvo con él.

—Sí.

—¿El día antes de su muerte?

—Sí.

Adrián se acercó.

Lucía preguntó:

—¿Qué encontraron?

Rodrigo no respondió.

—Señor Lema.

—No encontramos una puerta.

Lucía miró el muro.

—No estamos buscando una puerta.

—Manuel sí creía que podía reconstruir un paso antiguo.

—Eso no significa que esperara encontrar un hueco.

—Al principio, no.

Lucía frunció el ceño.

—¿Al principio?

Rodrigo habló más despacio.

—Cuando llegamos, estaba convencido de que la fábrica posterior conservaba la dirección del costado del paso viejo.

Eso coincidía con la memoria.

—¿Y después?

—Encontró una marca.

Adrián leyó la expresión de Lucía.

Ella preguntó:

—¿Qué clase de marca?

—No lo sabíamos.

—¿Dónde?

—En una piedra reutilizada cerca de la base del muro.

Lucía volvió la mirada hacia la irregularidad que Adrián había señalado antes.

—¿Sigue visible?

—No deberían buscarla de esa manera.

—No voy a tocarla.

Rodrigo guardó silencio.

Lucía insistió.

—¿Era una inscripción?

—No.

—¿Un símbolo?

—Parecía una incisión.

Esa respuesta era mucho más prudente.

No sabían qué significaba.

—¿Varela pensó que pertenecía a la señal desaparecida?

—Durante unos minutos.

Lucía se detuvo.

—¿Durante unos minutos?

—Hasta que vimos que la piedra era parte del muro.

—La señal pudo haber sido reutilizada.

—Eso fue lo primero que dijo.

Adrián abrió los ojos.

Lucía preguntó:

—¿Y qué cambió?

—Las dimensiones.

Eso era concreto.

—¿No coincidían con la pieza sesenta y dos?

—No.

La respuesta desmontaba una posibilidad tentadora.

La piedra visible en el muro no era la señal desaparecida si las medidas de la ficha eran correctas.

—¿Entonces qué era?

—No lo sabemos.

—¿Varela la descartó?

—Como pieza sesenta y dos, sí.

Lucía observó la irregularidad.

Otra coincidencia visual que podía haberlos desviado.

—¿Qué encontró después?

Rodrigo tardó.

—La alineación.

—Explíqueme.

—El muro conserva una diferencia de fábrica en un tramo corto. Manuel creyó que podía corresponder con el costado mencionado en la memoria.

—¿Usted estaba de acuerdo?

—Dije que era compatible.

—No confirmado.

—Exactamente.

Lucía sintió respeto por la precisión.

Rodrigo no sonaba como alguien intentando proteger una reconstrucción propia a cualquier costo.

Sonaba como alguien que no quería avanzar más allá de lo demostrable.

—¿Por eso discutieron?

—En parte.

—¿Qué otra parte?

Rodrigo respiró profundamente.

—Manuel quería seguir la alineación hacia una zona no accesible desde la calle.

Lucía observó el entorno.

—¿Dentro de una propiedad?

—Sí.

—¿Cuál?

—No voy a darle esa información por teléfono.

—¿Por qué?

—Porque ya intentó entrar alguien.

Lucía sintió que el aire cambiaba.

—¿Cuándo?

—Después de la muerte de Manuel.

Adrián se acercó aún más.

—¿Entrar cómo?

Rodrigo escuchó la voz.

—¿Está con usted Adrián Salvatierra?

Lucía miró a Adrián.

—Sí.

—Póngame en altavoz.

Lucía lo hizo.

Rodrigo continuó.

—La alineación que Manuel quería revisar pasa aproximadamente por el límite de una construcción posterior. No sabemos si la fábrica antigua continúa allí.

Adrián preguntó:

—¿Y alguien intentó comprobarlo?

—Forzaron un acceso de servicio hace seis días.

Lucía miró el muro.

—¿Hubo daños?

—Menores.

—¿Quién?

—No lo sabemos.

—¿Se denunció?

—Sí.

—¿Qué buscaban?

—Eso tampoco lo sabemos.

Lucía pensó en la piedra desaparecida.

—¿La pieza sesenta y dos podría haber estado allí?

—No.

La respuesta fue inmediata.

—¿Cómo puede estar seguro?