EPÍLOGO
…Dos años después.
La comisaría de Terrassa es la mitad de grande que la de Barcelona, y no tiene ventanas con vistas a nada que no sea el patio interior de la misma.
Lucía ya no calcula qué hora es en función de la luz que entraba por la ventana del despacho de Barcelona, sino de cuándo se enciende el fluorescente del pasillo.
El traslado se lo vendieron como "una reorganización de recursos".
Nadie usó nunca la palabra "castigo", pero tampoco hacía falta.
Perdió el plus de investigación, el coche asignado, y sobre todo perdió visibilidad: aquí nadie la señala por la calle, nadie murmura su nombre en los pasillos de la Jefatura.
Una comisaría de barrio, casos menores, expedientes que nadie más quiere firmar.
Al principio le dolió. Ahora, casi lo agradece.
Cierra el expediente que tiene delante sin acabar de leerlo. Es la tercera vez esta semana que se sorprende haciendo lo mismo: los abre, pasa las primeras páginas y los cierra.
Sobre la mesa, junto al teléfono, sigue la libreta.
Sí, la misma libreta. El lomo un poco más gastado, la goma que la cierra algo floja.
No la ha vuelto a abrir desde aquella noche en el piso de Marcos, pero tampoco la ha guardado en un cajón.
Se queda ahí, a la vista, como un recordatorio de que hay cosas que uno decide no olvidar.
Su móvil vibra, indicando un recordatorio, pero hay un mensaje sin terminar de escribir, sigue en el borrador desde hace tres días: "Patrick, sé que ha pasado mucho tiempo, pero—". Lo cierra sin borrarlo. Tampoco lo envía.
A las seis, cuando ya está a punto de irse, entra Roig con una carpeta nueva.
—Ha llegado esto de Antinarcóticos, pensé que querrías verlo, antes que nadie.
Lucía la abre sin demasiado interés. Es un informe rutinario, una lista de intervención de un contenedor en el puerto. Nada que debiera importarle, no en Terrassa, no en este momento.
Hasta que lo ve.
Un nombre, el mismo nombre que dos años atrás anotó en la libreta. El mismo que nunca mencionó en voz alta.
Se queda mirando la página el tiempo suficiente para que Roig se dé cuenta de que algo no va bien.
—¿Todo bien, inspectora?
—Sí —dice ella. Y no es del todo mentira—. Necesito hacer una llamada.
Marca un número que no ha marcado en mucho tiempo. Cuando responden, no es necesario decir mucho.
—Soy yo, tenemos que hablar.