El silencio de la escritora Epílogo
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Epílogo

Laura

«H ola a todos y bienvenidos al pódcast Lunáticos, Soy Kelly True Crime y, como cada jueves, tengo una cita con vosotros, con vosotros y con el crimen, ya sabéis.

Hoy os vengo a hablar de Candela Rojo. Sí, la escritora que murió en su casa en extrañas circunstancias hace ya dos años y de la que todavía no se ha aclarado qué ocurrió en realidad.

Su madre, desde ese momento, se sumió en una horrible depresión y Marina tuvo que ser cuidada por María Petra, su hermana mayor, hasta que su madre consiguió levantarse de la cama.

Fue por aquel entonces cuando esta conoció al que se convertiría en su padrastro y su peor pesadilla…

Las dos hermanas fueron abusadas por ese despojo de la sociedad.

Y, durante años, se pensó que había sido la madre quien, al saber lo que estaba haciendo su novio, le dio muerte.

Ella cumplió condena en Mas d’Enric (el centro penitenciario de Tarragona) y, un tiempo después, fue asesinada allí mismo por otra reclusa.

Petra acabó en un orfanato, y Marina fue adoptada. Nunca más se vieron.

Aquí viene otro episodio turbio en la vida de la joven Marina. Su hermanastro murió por un golpe contundente con una máquina de escribir, que le habían regalado a ella por su cumpleaños.

Durante años se creyó que había sido Verónica Peña, su mejor amiga y expareja de Daniel, su hermanastro, quien lo había matado por despecho. Pero, más adelante, os demostraré que no todo es lo que parece…

Marina Martínez se convirtió tiempo después en Candela Rojo. Y tuvo un éxito arrollador con su primer libro. Convirtiéndose en una de las escritoras más vendidas a nivel nacional, y más tarde, por las múltiples traducciones a otros idiomas, internacional.

Tras la presentación de ese primer libro, hubo una nueva muerte. La de ni más ni menos que Verónica Peña. La chica que en teoría había matado a Daniel, y digo en teoría, porque esto trae cola…

Los años pasaron y Candela abrazó las mieles del éxito, hasta que llegó a su casa Laura Peña, la verdadera protagonista de este pódcast . Del que voy a tener que hacer dos partes, pues me es imposible meter toda la información de la que dispongo en una sola…».

Le doy a la pausa. Todavía me cuesta asimilar que se ha sabido toda la verdad sobre Candela.

Ahora los que la veneraban no dejan de hacer vídeos llenos de decepción hacia ella.

Los comentarios en los que dicen que lo sabían todo y tenían claro que era una impostora se multiplican. Lo podrían haber dicho antes, ¿no?

La noche que se supo toda la verdad nació mi querida Bella, que pedalea en su triciclo por el jardín de mi casa.

Las cosas me han ido bien. Publiqué Mi verdad y fue un éxito rotundo. Por fin supe lo que significaba tener una cola de lectores esperando a que les firmen su ejemplar.

En ese libro me desnudé casi al completo, y digo casi, porque hay algo que solo Hakim y yo sabemos. Un secreto que él prometió llevarse a la tumba.

No fue él quien mató a Candela, fui yo. La versión oficial fue que el chófer, en situación irregular de nacionalidad y de empleo en casa de esta, la había matado en defensa propia y para que no me matara a mí.

Jamás encontraron a Hakim, por mucho que buscaron.

Ambos iban a matarme, pero Hakim se arrepintió en el último momento y me aflojó las ataduras de las muñecas y los pies.

Candela se confió. Me dejó a su cargo, decía que tenía que enseñarle a su pequeño a su nuevo hermanito Édgar.

Podía marcharme, estaba libre. No quise.

Si lo hacía, si me marchaba, nunca estaría tranquila, mejor dicho, no lo estaríamos ni yo ni mi bebé.

Además, Candela lo tenía… Así que decidí quedarme, ante la estupefacción de Hakim.

—No digas nada —susurré y, a continuación, cogí el bisturí que descansaba en una mesa roñosa cerca de la cama y lo escondí en una de mis manos.

Las puse de nuevo en las ataduras, sin embargo, estaban tan flojas que podía zafarme en cuanto quisiera. El bisturí sobresalía, aunque era difícil verlo para una desquiciada Candela, que solo pensaba en poner las garras sobre la pobre Bella.

Candela volvió al sótano, esta vez sin mi bebé. Juro que estaba muy débil después de toda la sangre que perdí, pero el amor de una madre es fuerte, muy fuerte. Tanto como para abalanzarse sobre una desgraciada que quiere arrebatarle la vida y clavarle el bisturí en el cuello.

Ella iba a clavarme una inyección que me mataría en el acto, no pudo hacerlo.

Candela se desangró delante de nosotros. No pudo alcanzar a decir nada. Yo sí:

—Jaque mate, reina de corazones.

Hakim me miró estupefacto. Me dijo que no me reconocía, que en mis ojos ardía el infierno.

Y sí, era verdad. Por eso hice un trato con él. Debía inculparse, decir que la había matado en defensa propia. A cambio, nadie sabría jamás que había abusado de mí bajo sumisión química.

Él dijo que no lo creería nadie. Que debía escapar. Yo le contesté que tenía doce horas para desaparecer, antes de que yo le contara todo a la policía.

Y así lo hizo, pero…

En cuanto me hice famosa y comencé a salir por televisión, unos mensajes de un número extraño empezaron a llegarme. En ellos decía muy claro:

Sabes lo que hiciste. Puedo contar la verdad.

Y debajo, un número de cuenta en un paraíso fiscal, donde debía ingresar una cantidad importante cada mes.

Lo he hecho durante años. No sé cuánto tiempo pueda seguir con este ritmo de gastos.

—¡Cariño, ya estoy en casa! —exclama mi marido, que acaba de llegar del trabajo.

Corro hacia él y me lanzo en sus brazos. Parece mentira que pueda quererlo tanto.

¿Y os preguntaréis quién es él? Pues ni más ni menos que Gonzalo. Salió de la cárcel pocos días después, como bien dijo Candela. Pero no por su influencia, sino por todo lo que se descubrió en esa maldita casa. Incluidos los restos de Carla Montes.

Gonzalo era inocente y volvió a pedirme en matrimonio.

Tenemos una familia preciosa y una relación perfecta en todos los sentidos. Aunque de vez en cuando juguemos de una forma un poco peculiar en la cama. Hay costumbres que nunca se pierden.

Solo hay dos cosillas que quiebran un poco nuestra felicidad.

Una es el hecho de que él sea estéril y no podamos darle un hermanito a mi Bella.

Pero eso tiene fácil solución, soy una persona cuerda, entendedme, con una inseminación podríamos cumplir nuestro sueño.

Sin embargo, la otra «cosilla» es más difícil de solventar. Y es algo que no le deseo a nadie.

Por primera vez en mi vida, tengo un bloqueo enorme.

No consigo escribir una línea decente. De seguir así, no me quedará más remedio que recurrir a una escritora fantasma.

Y no puede ser cualquiera. Ha de ser alguien capaz de escribir con el alma y dejar ir su obra sin tener en cuenta el corazón.

De lo contrario, tengo un jardín enorme, tanto como libros escriba mientras me dure el bloqueo, espero que no sea por mucho tiempo.