Lo que muestra la cámara
La investigadora volvió a citar a Inés para precisar las horas de aquella noche.
El sistema de localización del vehículo arrendado por Lucía registraba un desvío hacia el acceso de La Vuelta. La camioneta se había detenido allí antes de volver a San Pedro. La investigadora le pidió que confirmara la hora en que lo había visto salir del predio.
Lucía admitió entonces que había llevado a Hugo.
El encuentro estaba acordado. Hugo salió a pie de la explanada, se quitó el poncho y esperó más allá de la puerta roja.
Lucía lo recogió después de retirarse del grupo y lo dejó en La Vuelta alrededor de las diez y cuarenta.
El poncho apareció guardado en la habitación; la rotura de uno de sus bordes coincidía con la tira hallada junto a la huella.
Dijo que lo dejó vivo en La Vuelta.
Dijo que no regresó.
Dijo también que había intentado evitar que llevara tan lejos una idea que él ya tenía decidida.
La cantidad de cosas que Lucía decía no permitía aún elegir cuáles merecían confianza.
Sin embargo, hubo un hecho que Inés tuvo que aceptar antes de sentirse preparada: la cámara del minibús no mostraba un empujón en el camino de regreso desde Socaire.
El polvo tapaba parte de la imagen, pero se veía a Lucía extender el brazo hacia la puerta. Una ráfaga se la arrebataba y la hoja golpeaba el hombro de Inés. Ella perdía el equilibrio y caía fuera de cuadro.
El golpe había venido de la puerta.
Se sentó en silencio después de ver el fragmento.
Inés corrigió ese punto de su declaración. Mantuvo lo demás: Lucía la había visto caer, había tardado en pedir ayuda y se había marchado antes de que terminaran de asistirla.
Paula recibió la noticia con desconfianza.
—Pudo moverla ella.
—Pudo pasar lo que se ve —respondió Inés—. No voy a inventar una intención porque me cuesta cambiar lo que pensé.
La frase le salió más firme de lo que se sentía.
Durante la noche había estado segura de que Lucía había decidido matarla. Esa seguridad había dado una forma limpia a todas las otras sospechas. La mentira sobre La Vuelta, el vehículo, la llave y los documentos se había ordenado alrededor de un golpe que no había visto.
Ahora tenía que desarmar el conjunto sin arrojar a la basura las piezas verdaderas.
Lucía seguía implicada en la desaparición y había llevado a Hugo hasta el lugar donde murió. La grabación solo resolvía lo ocurrido junto al camino. Inés volvió a verla hasta que consiguió separar una cosa de la otra.
Elías fue a verla esa tarde. No habló de lo fácil que era equivocarse ni de cómo debía sentirse. Le llevó unas compras y le preguntó si necesitaba que reparara la malla del patio, que el viento había soltado de una esquina.
Inés lo ayudó sentada, pasando herramientas.
—Estaba tan segura —dijo después de un rato.
—Contaste que lo sentiste —respondió él—. También dijiste lo que no viste.
Ella pensó en esa diferencia mientras él ajustaba la última amarra.
No era suficiente para dejar de sentirse vulnerable.
Sí era algo que podía conservar.
Ariel llegó poco después con una bolsa de comida. Se quedó conversando en el portón. Dijo que Lucía estaba tratando de acomodar las cosas para dejar a Hugo como único responsable del dinero. Hablaba con una rabia que no parecía actuada.
—Él tampoco era un santo —añadió—. Pero no merecía terminar tirado detrás de ese tabique.
Inés levantó la cabeza.
Les habían dicho que el cuerpo estaba en una dependencia del corral. Ariel había declarado que no lo vio. Inés no recordaba que nadie hubiera hablado de un tabique delante de él.
Podía haberlo oído de alguien.
Era una posibilidad que Inés ya no podía permitirse ignorar.
Tampoco podía usarla para dejar pasar la frase.
La anotó en cuanto él se fue.