Chapter 43
La niebla entraba desde la laguna en bancos bajos y silenciosos que borraban la línea del horizonte, convirtiendo cualquier objeto a doscientos pasos en una silueta gris e incierta, suspendida entre el agua y el aire.
La barca de los Diez —una góndola sin marcas ni adornos, con dos remeros de librea oscura— se deslizaba hacia Murano sin hacer ruido.
Marco Foscari iba sentado a proa con un mandato oficial de los Inquisidores de Estado en el bolsillo, mientras a su lado, oculta bajo un manto gris, se encontraba Isabetta Contarini , cuya presencia Marco había aceptado a regañadientes tras ser convencido de su utilidad.
El objetivo era Iseppo Zane , un maestro fundidor que trabajaba en la cristalería Ballarin y que había sido testigo de movimientos sospechosos en un almacén contiguo a su hornalla entre abril y agosto de ese año.
Murano los recibió con el estruendo sordo de los hornos, un sonido bajo y continuo que parecía un acorde de órgano mantenido durante siglos.
Zane los esperaba con el aire de quien ha dormido poco y los condujo a un almacén que, aunque oficialmente pertenecía a un proveedor de combustible, había servido como taller clandestino durante meses.
Zane relató cómo, en el silencio de la noche, escuchaba el sonido de un crisol pequeño y el rítmico golpeteo de la acuñación , similar al de la impresión de monedas.
Tras una búsqueda de diez minutos, Isabetta localizó el acceso a un vano subterráneo oculto bajo losas de piedra y polvo de carbón.
En su interior, el espacio contenía un crisol de terracota, moldes de hierro y, lo más crucial, diecisiete hojas de contabilidad escritas con la caligrafía minuciosa de Pietro Gradenigo .
Los documentos registraban la entrada de lingotes de oro y la salida de monedas de un ducado con destino a «C.T. » (Canal de Trieste) .
Sin embargo, el hallazgo definitivo fue un molde de hierro donde, en negativo, aparecía la impronta del Sigillo del Consiglio dei Dieci .
Marco examinó la pieza: era una falsificación perfecta, una obra de precisión que solo alguien como Zorzi , el desaparecido protoingeniero del Arsenal, podría haber ejecutado.
Antes de partir, Zane mencionó otro detalle: luces intermitentes que brillaban desde lo alto del campanario de Santi Maria e Donato hacia la laguna abierta.
Marco e Isabetta subieron por la estrecha y húmeda escalera del campanario hasta el logio de las campanas.
Allí, oculto tras un panel desmontable, descubrieron un sofisticado aparato de tres espejos de plata bruñida montados sobre bisagras regulables, diseñado para enviar señales luminosas a larga distancia.
Junto al panel, pegada con cera, hallaron una tira de pergamino con una secuencia de números y letras . Marco reconoció el sistema como una variante del cifrario geométrico de la Sociedad del León Spezzato, pero comprendió de inmediato que la clave era distinta a la que conocía.
—Necesitamos a alguien que conozca esta variante —dijo Marco mientras bajaban la escalera del campanario, con la vista puesta en el horizonte gris donde, meses atrás, aquellas luces habían guiado el oro falso.
—Necesito escribir una carta muy urgente a un hombre que se encuentra en algún lugar entre Múnich y París.