Chapter 20
Venecia, Pasado y Presente
Era un margen estrecho. Y los márgenes estrechos terminan por cerrarse.
Entró en su propio despacho, cerró con llave y abrió el cajón inferior.
El registro de la sección de la Ceca era de piel encerada; lo abrió por la última página escrita y pasó los dedos lentamente por ella: era el inventario preciso de alguien que sabe que está dejando algo atrás y quiere tener claro qué es.
Cuatrocientos cincuenta ducados. Diecisiete hojas de rendición de cuentas.
Una matriz de bronce y bismuto que Zorzi había tardado cuatro meses en producir.
Y un Título de Estado con el sello falsificado, ya entregado al correo que había partido hacia Trieste tres días antes.
Cerró el registro, lo envolvió en la piel encerada y lo metió en la bolsa de viaje que siempre tenía lista bajo el tablero del escritorio.
Después escribió tres cartas —una palabra clave en cada una—, las selló y las entregó a tres mensajeros distintos a través del portero del edificio.
Luego se puso el sobretodo, salió del despacho con el paso de quien va a almorzar, bajó por las escaleras de servicio, cruzó el patio interno y no regresó.
Nadie lo vio salir; había tenido cuidado de no usar la puerta principal donde había testigos, ni cruzar la Cuenca donde había vigilantes, desapareciendo entre las callejuelas internas con la misma naturalidad con la que una gota de agua desaparece en la laguna.
Hoy. —Bertolo ha confirmado lo que temía —dijo Elena a la mesa de la cocina de Matteo, con las fotografías del despacho de Vance extendidas ante ella. —Hace falta una prueba física. El sello falso comparado con algo auténtico. No una opinión, sino algo material.
Matteo miraba la fotografía del mapa con el círculo sobre «S.G.A.». —Una isla abandonada en la que no puedes excavar sin el permiso de la Superintendencia. Y Vance ya sabe que estamos buscando.
—Entonces debemos llegar antes de que él sepa que nos movemos —Elena recogió las fotografías.
—Tengo un contacto en la Superintendencia, Francesca Dalmasso; hicimos el doctorado juntas.
Ella tiene acceso a los permisos de inspección para bienes no clasificados como yacimientos de excavación.
Una inspección de reconocimiento no requiere los mismos procedimientos que una excavación autorizada.
—¿Y el georradar?. —Conozco una obra en Marghera que tiene uno libre a partir del jueves —Matteo ya tenía el teléfono en la mano, con los dedos recorriendo los contactos con la rapidez de quien ya ha resuelto el problema a medias.
Elena miró por la ventana el estrecho canal que dividía los palacios; el agua estaba quieta y reflejaba las persianas cerradas.
Jueves. Tres días. Y Vance ya tenía el documento, ya tenía la fecha de la audiencia y ya tenía la cadena fiduciaria construida con paciencia desde hacía más de un año.
Tres días eran pocos. Pero también eran todo lo que tenían.