El Secreto Del Faro En Algarve Capítulo 42 — La Red Más Amplia
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Capítulo 42 — La Red Más Amplia

Mientras se preparaba el juicio, la investigación de la Polícia Judiciária, alimentada por los documentos de Carmen y por las pesquisas paralelas de Rita Ferreira, comenzó a revelar que la operación de Manuel Coelho no había actuado nunca en completo aislamiento.

El hombre corpulento que había caído desde la pasarela del faro durante la noche de la tormenta fue identificado como Nuno Barbosa, un antiguo funcionario de aduanas del puerto de Portimão con un largo historial de sobornos aceptados a cambio de mirar hacia otro lado en ciertos envíos marítimos.

El segundo hombre, capturado con vida y maniatado por Elena aquella misma noche, resultó ser Ricardo Almada, sobrino segundo de Manuel Coelho, que había estado gestionando en la sombra buena parte de la logística de las empresas fantasma registradas en Madeira.

Dispuesto a colaborar con la fiscalía a cambio de una reducción de condena, Ricardo aportó nombres, cuentas bancarias y contactos que la propia Carmen jamás había llegado a descubrir en sus años de investigación solitaria.

—Tu abuela encontró la punta del hilo —le explicó el fiscal, el Dr. Ribeiro, a Elena durante una de las reuniones preparatorias del juicio—.

Pero el ovillo completo era mucho más grande de lo que ella pudo imaginar.

Hablamos de una red que involucra, además de Ponta Brava, otros dos municipios de la costa algarvía, y posiblemente conexiones con operaciones similares en el norte de Marruecos.

La revelación, lejos de abrumar a Elena, le proporcionó una extraña sensación de justicia ampliada: la muerte de su madre y de su abuela no había sido en vano, ni un episodio aislado de corrupción local, sino la grieta inicial que había permitido desmantelar, años después, una estructura criminal mucho más extensa de lo que cualquiera en Ponta Brava hubiera sospechado.

Rita Ferreira, siguiendo el rastro de las conexiones marroquíes, viajó brevemente a Tánger para investigar el otro extremo de la red, regresando con material suficiente para una segunda entrega de su reportaje, esta vez centrada en el tráfico transfronterizo de capitales ilícitos a través del Estrecho.

—Vais a salir en la prensa nacional, y probablemente también en la internacional —le advirtió Rita a Elena, poco antes del inicio del juicio—. Prepárate para que Ponta Brava deje de ser el pueblo tranquilo y anónimo que conocías. Para bien y para mal.

Elena asintió, consciente de que aquella exposición pública, aunque incómoda, era el precio inevitable de haber decidido, a diferencia de tantos otros antes que ella, no mirar hacia otro lado.

Y aunque la idea de convertirse, siquiera brevemente, en un rostro reconocible en los telediarios portugueses le resultaba profundamente incómoda para su naturaleza reservada, sabía que era un precio pequeño comparado con lo que su madre y su abuela habían pagado por la misma causa.