El secreto del dragón escondido EL DIARIO
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EL DIARIO

DE MADDAM THENESIS

Hugo había sido un notable cazador de brujas, sin embargo jamás había asesinado a ninguna; solamente las atrapaba e intentaba corregirlas.

Hugo había sido el responsable de convencer a Mathilda de abandonar la brujería y quien le recomendó exiliarse en Hohenzollern bajo el cuidado de su amigo, Sir Jules Le Blanc.

La historia que les voy a contar data de antes de que Benjhamin y su hermano James nacieran.

De hecho, Hugo aún no se había unido en matrimonio con su esposa Sara.

En ese entonces, Hugo peregrinaba por Asia Menor cuando fue capturado por un viejo Dragür, una suerte de vampiro mestizo, mitad humano, mitad sangre fría; básicamente, un sirviente.

Los Dragüres necesitan alimentarse día por medio para sobrevivir.

La mayoría suelen comer conejos, animalitos y cada tanto algún niño.

Hugo era un hombre tan particular que terminó entablando una amistad con su raptor y vivió con él durante un largo tiempo, extrayéndose sangre periódicamente para ayudarlo a sobrevivir.

Producto de su amistad acabó viviendo bajo su cautiverio en forma voluntaria durante cinco años.

La relación entre ellos fue cobrando tal confianza que el Dragür lentamente le fue relatando sus memorias.

El Dragür, mitad humano, mitad vampiro, era un descendiente de la Casa de Paris Moethe, debería tener unos cinco mil años en aquel entonces.

¿Qué tiene que ver esto con el diario? El Dragür fue confesando todos sus pecados a Hugo a modo de purgar sus pecados por todas las atrocidades que había cometido durante su vida de vampiro.

Finalmente, en agradecimiento por la paciente escucha y por la sangre que diariamente Hugo le suministraba, le obsequió el Diario de Maddam Thenesis.

¿Qué hacía un Dragür con ese diario? Cuando aún era muy joven, el Dragür había seguido un potente rastro de sangre, hasta llegar a una aldea en lo que hoy sería algo así como Ucrania oriental.

Cuando llegó, todos estaban muertos. Se trataba de soldados mercenarios, desertores de la horda de los Hunos.

Sus cráneos explotados estaban derrotados en el suelo.

Lo único vivo que había en la aldea era una pequeña muchacha a quien el Dragür tomó como su protegida.

¿De dónde había salido la muchacha? Ella misma lo escribió en su diario. La niña se llamaba Hécate, vivía con su madre y sus hermanas en un pueblito en Ucrania. Su padre había sido un soldado, quien se había aprovechado de su madre en un ataque previo a la aldea.

Desde muy pequeña su madre ya notaba que Hécate tenía una fuerza interior inquebrantable, hablaba en lenguas que nadie le había enseñado y sabía hacer curaciones que no eran propias de su época.

El consejero de la aldea se reunía largas horas con la niña escuchando sus enseñanzas.

Lamentablemente, una mañana una horda de mercenarios atacó y saqueó con violencia.

Los soldados quemaron las casas, se aprovecharon de las mujeres y luego asesinaron a todos, empezando por los más ancianos.

Menos a Hécate. La niña escapó con sus hermanas y su madre al bosque, pero fueron perseguidas por un grupo.

Las alcanzaron, las ataron y luego las asesinaron.

Hasta que llegó el turno de Hécate, estaban a punto de torturarla cuando la voz del susurrador, así lo describe ella en su diario, sonó en su cabeza.

“Solo tienes que desearlo”, le dijo la voz del susurrador.

Acto seguido, los tres soldados cayeron al suelo, sus cabezas comenzaron a ponerse moradas y murieron dolorosamente.

La muchacha regresó a la aldea y en unos pocos minutos la horda completa de mercenarios cayó muerta a sus pies.

Fue allí donde el Dragür, atraído por tanta sangre, se presentó y la llevó con él para cuidarla.

¿Qué pasó con el Dragür y Hécate? Cuando la niña alcanzó la adolescencia fue imposible detenerla, su poder era incomparable, cambió su nombre, dejó de llamarse Hécate para comenzar a llamarse Maddam Thenesis.

El Dragür recurrió a Paris Moethe, líder máximo de la Casa de los Dragüres e intentaron asesinar a la niña, mas fue imposible.

Hécate se resistió y dio origen a las nómades, las primeras brujas que la acompañaron y protegieron durante mil años.

Maddam Thenesis y su séquito se convirtieron en una suerte de grupo de vengadoras que buscaban ajusticiar el maltrato social del hombre sobre la mujer.

Tras las múltiples atrocidades que las nómades provocaron en su nombre, Maddam Thenesis decidió darle un giro a su misión y cambiar la estrategia, por una un poco más moderna y masiva.

Le ordenó a sus seis seguidoras que formaran Covens en diferentes partes del mundo y les enseñó la fórmula del liquen para que lo usaran como herramienta de reclutamiento y el resto de la historia ya la conocen.

Nunca más se supo nada sobre Maddam Thenesis, ella dedicó el resto de su vida a rastrear los pasos del vil susurrador, hasta que finalmente lo descubrió. Su nombre era Murmur, el Conde del Infierno. Maddam Thenesis encontró a Murmur escondido como un cobarde dentro de un cuadro en forma de dragón.

Fue así que Hécate le dejó su diario íntimo a su cuidador, el Dragür, cuya última misión fue esconder a Maddam Thenesis en forma de caballo blanco, en el mismo cuadro que Murmur, para algún día ser liberada de su maldición.

Para hacerlo, diseñaron un paraguas muy particular y el resto de la historia ya la conocen.

La verdad sobre el origen de Maddam Thenesis pone en jaque a todos los clubes de brujas de Oriente a Occidente.

El Diario de Maddam Thenesis evidencia la violación de los principios básicos de la brujería escritos de puño y letra por ella misma.

Según la ley de Hécate, ninguna mujer puede ser convertida en bruja en contra de su voluntad, mucho menos si es menor de edad.

Hécate sabía que algún día los Covens ya no serían necesarios, que la mujer finalmente ocuparía el lugar que le corresponde y guardó esa maniobra para cerrar su obra, con su verdad revelada y la muerte del susurrador en forma de dragón,

la razón de ser de los Covens simplemente tenía que desaparecer.

Para lograrlo, solo necesitaba de un joven Coraje y un paciente lector. Ahora Hécate descansa en paz.

Hoy es 11 de agosto de 2026, estoy sentado en un bar bullicioso.

Es mi cumpleaños. Hace 16 años que comencé a escribir esta historia, casualmente la misma edad del protagonista.

Se abrió la puerta. Era Coraje quien una vez más venía a saludarme.

Traía su paraguas aunque no llovía. Ordenó un café y me miró a los ojos.

—Es tiempo de publicar esta novela.

—Lo sé —respondí—, pero no creas que estás liberado, patas flacas. Esto recién empieza