LAS BILLIES
Las Billies eran una pandilla de chicas de entre quince y diecisiete años que se movían en grupo por la ciudad provocando todo tipo de alborotos. Hablaban a los gritos y estaban todo el tiempo hiperexaltadas.
A cada lugar donde entraban causaban caos y descontrol pero sin llegar al delito; se empujaban entre sí constantemente, aturdían a la gente, masticaban goma de mascar con la boca abierta, e incomodaban a los muchachos, acortando el largo de sus túnicas.
En los últimos meses, las Billies habían tomado a Coraje como eje de sus pesadas bromas, y el muchacho no encontraba la forma de defenderse. En especial Gigi Summers, una de sus cabecillas, quien parecía estar obsesionada con él.
Según predicaban las Billies, atormentar a los niños ricos y bien parecidos era su misión, y aparentemente Coraje cumplía con ambos requisitos a la perfección.
Golpear a una niña era inconcebible, hasta ahora solo se le había ocurrido correr cual gallina cada vez que se las encontraba.
La última vez lo habían perseguido desde Old Tower School, en el Upper East Side, hasta el extremo Este de la isla, para atraparlo en un callejón a pocos metros del río.
Una vez acorralado, lo besuquearon. Algunas se habían colocado lápiz labial, y había tenido que caminar humillantes cuadras hasta la casa en el Gramercy con marcas de besos por toda la cara.
El plan de Bullie Rocks era un asco, pero estaba bien pensado. Coraje se sentó en un banco en Washington Square a esperar. Tenía una mano inquieta en el bolsillo.
Las Billies siempre se instalaban después de clase en Washington Square, molestando a los universitarios que salían del turno tarde. No demoraron en identificar a Coraje en el mismo lugar que Bullie Rocks les había indicado.
—Decidimos que vas a ser nuestro novio hasta fin del semestre —dijo Gigi Summers sentándose junto a él.
—¿Tengo opciones? —preguntó Coraje.
—Claro, Jane, Rosa, Augusta, Vicky, puedes ser el novio de todas —dijo y las que estaban escuchando más atrás comenzaron a reírse —o, puedes contribuir con una módica propina semanal, apuesto que esa alcancía está bien gordita.
Coraje sacó 5 dólares y se los entregó.
—Eso es cachorro —dijo y lo besó en los labios para sellar el trato, hasta que algo empezó a saber movedizo. Gigi Summers se alejó y comenzó a hacer arcadas. Algo verde empezó a salir por su boca: primero una manito, luego la otra. Era una hermosa rana.
A partir de ese día, Gigi Summers y las Billies dejaron de meterse con Coraje, aunque el precio había sido demasiado alto.
Katia Novik había estado observando; no había visto toda la secuencia, solo el beso y su corazón no había podido tolerarlo.
La chica de la roja cabellera se alejó corriendo; Coraje nunca la vio; de haberlo hecho, hubiera corrido detrás de ella.
Bullie Rocks lo había ayudado a sacarse de encima a las Billies, pero también lo había traicionado. Había puesto a Katia en el lugar perfecto para romper la relación.