BLOQUE 2
A media mañana se reunieron por última vez antes de que comenzara una fase institucional que ya no dependería únicamente de ellos.
Irene llevó su informe de conservación.
Mauro presentó la parte patrimonial.
Fray Julián tenía preparada la documentación para incorporar la identificación recuperada sin borrar las denominaciones anteriores.
Leandro llegó con la primera copia digital completa del archivo de Eduardo.
No hubo ceremonia.
La nueva descripción todavía debía atravesar los procedimientos correspondientes, pero el encabezamiento ya no estaba en discusión:
Códice de San Millán
Las denominaciones posteriores quedarían registradas como antecedentes.
Miscelánea devocional no desaparecería de la historia.
Pasaría a explicar cómo se había producido la pérdida de identidad.
La datación moderna errónea tampoco sería borrada sin más.
Quedaría documentado el proceso que había llevado a convertir la cronología de ciertos añadidos en una fecha aplicada indebidamente al conjunto.
El error se conservaría como información.
Irene explicó después las necesidades materiales.
Ninguna justificaba desmontar el volumen.
La prioridad seguiría siendo estabilizar los puntos vulnerables antes de digitalizarlo de manera completa.
Leandro preguntó cuándo podrían comenzar.
—Después de la primera estabilización —respondió Irene—. Y despacio.
—No voy a apurarte.
Irene levantó la vista.
—Voy a guardar esa frase.
Mauro continuó con su informe.
Con la evidencia disponible, no aparecía una extracción ilícita del Códice en la etapa moderna reconstruida.
Habían existido motivos reales para temer búsquedas externas sobre determinados materiales monásticos, y eso explicaba la decisión de Montalvo.
Pero el manuscrito no había sido robado y recuperado después.
Había permanecido bajo custodia.
—Eso va a decepcionar a quienes necesiten un culpable —dijo Mauro.
Fray Julián respondió:
—No tenemos uno.
Tampoco existía una organización encargada de custodiar secretamente el volumen durante siglos.
La historia era mucho menos espectacular.
Leandro señaló las carpetas.
—Y bastante más verdadera.
Durante años él mismo había sostenido una versión más dramática.
Ahora sabía que el Códice había sobrevivido mediante acciones ordinarias tomadas por personas distintas en momentos distintos.
La conversación pasó al anuncio público.
Decidieron que debía centrarse en la identificación histórica y en la evidencia utilizada para sostenerla.
Los detalles operativos de seguridad no formarían parte de la difusión.
Tampoco presentarían el mapa de procedencias como si fuera un catálogo de manuscritos perdidos.
Las referencias internas debían estudiarse individualmente.
Algunas ya tenían apoyo externo.
Otras solo conducían a copias o terminaban donde las fuentes dejaban de hablar.
Sebastián insistió:
—No quiero que salga de nosotros la expresión “mapa de manuscritos perdidos”.
Mauro sonrió.
—La van a usar igual.
—Entonces por lo menos no se la regalemos.
Irene añadió:
—Y nada de tesoros ocultos.
La discusión continuó sin urgencia.
Eso era nuevo.
Las grandes incertidumbres ya no dominaban el trabajo.
Podían permitirse elegir palabras con cuidado.
Al final, Sebastián pidió que cada uno revisara si quedaba alguna conclusión esencial cuya base considerara insuficiente.
Mauro estaba conforme con la reconstrucción moderna.
Irene consideraba sólida la identificación material.
Fray Julián no veía una ruptura pendiente dentro de la documentación de Yuso.
Leandro miró las copias digitales.
—La historia de mi familia está suficientemente corregida como para que quien venga después pueda discutirla con todas las fuentes disponibles.
Sebastián lo miró.
La expresión suficientemente corregida le pareció adecuada.
No habían construido una conclusión intocable.
Habían construido una conclusión revisable.
Sebastián abrió su borrador.
—Entonces queda una pregunta.
Mauro preguntó cuál.
—Qué fue exactamente lo que encontramos.
Irene miró el Códice.
—Sabemos qué manuscrito es.
—Sí. Pero todavía estoy intentando entender por qué importó tanto reconstruirlo.
Fray Julián respondió:
—Tal vez estás buscando otra vez una única frase que explique todo.
Sebastián no contestó.
Podía ser.
Pero todavía sentía que faltaba una comprensión final.
No un documento.