El Secreto de San Millán (El Secreto de San Millán: Tomo VII) BLOQUE 2
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El documento decisivo no procedía del archivo de los Velasco.

Eso era exactamente lo que Sebastián necesitaba.

Una reconstrucción basada únicamente en documentos familiares podía mostrar qué sabían los Velasco sobre la cadena.

Para cerrar la etapa final necesitaban una fuente exterior que confirmara la entrega de Arnáiz.

Eduardo había dejado una referencia breve:

Comprobar recepción posterior en relación de reintegro. Posible copia en fondos riojanos.

Fray Julián reconoció el tipo documental.

Durante los días anteriores habían revisado varias relaciones de reintegro, pero siempre buscando el volumen.

Nunca habían buscado el nombre de Arnáiz.

Ese cambio de enfoque bastó para encontrar lo que antes había pasado inadvertido.

Mientras Fray Julián regresaba al archivo, Mauro permaneció con Leandro.

—Entonces tu familia deja de aparecer antes del final material.

Leandro sostuvo la mirada.

—Sí.

—¿Eso cambia lo que reclamabas?

—Tiene que cambiarlo.

Mauro pareció sorprendido.

Leandro continuó:

—Rafael conservó documentación y probablemente intervino en la transferencia. Eso sigue siendo parte de la historia. Pero si el volumen pasó a Arnáiz, no puedo sostener que la custodia material siguió dentro de mi familia.

Irene preguntó:

—¿Y la obligación que decías heredada?

Leandro miró la copia completa.

—Respecto del volumen, si otro asumió esa responsabilidad, ya no puedo prolongarla artificialmente.

Sebastián levantó la vista.

Era la primera vez que Leandro corregía por sí mismo una interpretación familiar de ese peso.

Encontraron luego otra nota de Eduardo:

La participación de nuestra familia debe conservarse como parte de la cadena, pero no puede prolongarse artificialmente más allá del punto en que otro receptor asume la responsabilidad material.

Leandro sonrió con cansancio.

—Cada nota de mi abuelo me deja menos margen.

Irene respondió:

—O te deja una historia mejor documentada.

Leandro la miró.

—Probablemente eso le habría importado más.

Fray Julián regresó casi una hora después.

Traía una relación de reintegro que ya habían consultado parcialmente.

La fecha encajaba.

No figuraba Rafael Velasco.

Sí Joaquín Arnáiz Muro.

La entrada decía:

Recibido de J. Arnáiz el volumen antiguo de pergamino que conservaba en guarda, incompleto al principio y con encuadernación oscura deteriorada.

Sebastián leyó despacio.

Más abajo aparecía una referencia de incorporación relacionada con el conjunto documental que ya habían seguido al reconstruir el regreso.

Irene acercó la descripción anterior.

La continuidad material se mantenía.

Mauro señaló la palabra recibido.

—Entonces acá termina su custodia.

Sebastián asintió.

Por primera vez podían marcar un final documental claro.

Joaquín Arnáiz había entregado el volumen.

Desde allí empezaba un tramo distinto.

La custodia dejaba de depender de una persona concreta y pasaba a una administración receptora.

Eso cambiaba la naturaleza de la responsabilidad.

Hasta entonces habían seguido nombres.

A partir de ese punto serían los registros institucionales los que sostendrían la continuidad del manuscrito.

Mauro resumió:

—Entonces Arnáiz es el último particular que podemos demostrar que lo tuvo.

Sebastián afinó la fórmula:

—El último custodio privado materialmente comprobado antes del reintegro documentado.

Mauro resopló.

Leandro sonrió.

—Dejalo así.

Sebastián lo miró.

—¿Por qué?

—Después de todo esto aprendí a desconfiar de las frases demasiado simples.

Sebastián escribió:

ÚLTIMO CUSTODIO PRIVADO COMPROBADO ANTES DEL REINTEGRO: JOAQUÍN ARNÁIZ MURO

Después añadió:

RAFAEL VELASCO: CUSTODIA DOCUMENTAL Y PARTICIPACIÓN EN LA TRANSFERENCIA, NO CUSTODIA MATERIAL FINAL DEL VOLUMEN

Leandro leyó ambas líneas.

No pidió modificar ninguna.