BLOQUE 2
El hallazgo más importante de aquella mañana apareció en una hoja añadida posteriormente al cuerpo principal.
Su material y su escritura correspondían a otra etapa.
Precisamente uno de esos añadidos que habían contribuido a confundir la catalogación moderna conservaba ahora información útil.
Sebastián comenzó a leer.
Había nombres abreviados y referencias geográficas asociadas con fórmulas de recepción o transmisión.
Una localidad apareció con claridad:
Nájera.
Mauro levantó la cabeza.
Sebastián volvió a comprobar las letras antes de continuar.
Más adelante apareció Santo Domingo de la Calzada.
En otra parte de la misma hoja había una referencia relacionada con Burgos.
Mauro habló en voz baja.
—Son lugares que conocemos.
—Sí.
—¿No puede ser casual?
—Puede.
Sebastián no iba a convertir tres topónimos conocidos en una prueba definitiva.
Aquellas menciones podían proceder de documentos copiados o de referencias a otros materiales.
El volumen podía conservar memoria de itinerarios sin haber recorrido físicamente todos esos lugares.
Eso, de hecho, encajaba con una posibilidad que habían considerado durante toda la investigación: que el verdadero valor del manuscrito estuviera en registrar la circulación de otros escritos y de las personas responsables de ellos.
Irene lo formuló con precisión.
—Entonces los lugares no demuestran el recorrido de este libro.
—Exacto.
Demostraban algo distinto.
Quien había escrito aquella hoja conocía documentos y procedencias relacionados con un ámbito geográfico que coincidía de manera notable con la red histórica que ellos habían reconstruido.
Continuaron sin sacar conclusiones.
Más adelante, en una nota muy desgastada situada cerca del margen, Sebastián reconoció una palabra.
Emilianense.
Fray Julián se sentó lentamente.
Sebastián examinó la grafía otra vez.
La línea estaba incompleta porque una antigua reencuadernación había recortado parte del extremo.
No iba a reconstruir lo que faltaba.
—La palabra está —dijo Mauro.
—Sí.
—¿Sin duda?
—Sin duda razonable.
Aquello tenía un peso especial.
Durante décadas la catalogación moderna había ido perdiendo precisamente esa procedencia.
Ahora el propio volumen conservaba una referencia emilianense que aparentemente nunca había sido incorporada a los catálogos posteriores.
Eso no implicaba negligencia.
El manuscrito había sido tratado como una miscelánea tardía y nada exigía a los catalogadores realizar una lectura paleográfica completa de todas sus anotaciones.
Sebastián escribió:
REFERENCIA INTERNA EMILIANENSE: PRESENTE
Añadió inmediatamente:
FUNCIÓN Y CRONOLOGÍA: PENDIENTES DE ESTUDIO
Mauro sonrió con cansancio.
—Seguís frenando cada conclusión.
—Ahora más que nunca.
La coincidencia era importante.
Pero la palabra emilianense por sí sola no podía cerrar la identificación.
Debían determinar cuándo había sido escrita y cómo se relacionaba con las fuentes externas.
Irene volvió a la cubierta.
—Entonces todavía necesitás algo más específico.
Sebastián asintió.
Necesitaba una correspondencia que no dependiera de interpretar un topónimo ni de atribuir demasiado valor a una palabra aislada.
Algo que vinculara directamente aquel objeto con una identificación histórica conocida antes de que empezara toda la deformación catalográfica.
La encontraron casi al final de la jornada.
Irene estaba examinando una zona próxima a las guardas posteriores cuando detectó una anotación parcialmente cubierta por una intervención antigua de la encuadernación.
No era un texto.
Era una referencia formada por un número y dos letras.
Sebastián la copió exactamente como aparecía.
No coincidía con ninguna de las numeraciones modernas que habían seguido durante los últimos días.
La posición de la inscripción demostraba además que era anterior a una intervención de encuadernación ya documentada en registros posteriores.
Mauro buscó entre las reproducciones antiguas.
Regresó con una hoja.
La colocó delante de Sebastián.
El número coincidía.
También las letras.
Era una relación histórica que habían utilizado mucho antes de localizar físicamente el volumen.
La entrada correspondiente decía:
Libro grande de pergamino, falto en su comienzo.
Sebastián comparó de nuevo.
La referencia marcada dentro del manuscrito era la misma utilizada en aquella relación.
No era una palabra susceptible de interpretación.
Era una identificación administrativa histórica.
Mauro lo comprendió.
—Es la misma referencia.
—Sí.
Irene preguntó:
—¿Puede corresponder a más de una entrada?
Sebastián revisó la relación completa.
No.
Dentro de esa serie, aquella combinación identificaba un solo volumen.
Y la descripción asociada coincidía con el objeto que tenían delante.
Por primera vez, el manuscrito y una fuente externa anterior a las recatalogaciones modernas se unían mediante una referencia conservada físicamente en el propio volumen.
Sebastián escribió:
EL OBJETO CONSERVA LA MISMA REFERENCIA HISTÓRICA ASIGNADA AL VOLUMEN DOCUMENTADO EN LA CADENA ANTIGUA
Aquello era distinto de todas las coincidencias anteriores.
La conexión ya no dependía de que Montalvo hubiera protegido correctamente una ficha o de que una migración moderna hubiera conservado bien un número.
El propio objeto llevaba una marca correspondiente a una etapa histórica anterior a todo ese proceso.