El Secreto de San Millán (El Secreto de San Millán: Tomo VII) CAPÍTULO 5 Otro nombre para el mismo códice
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CAPÍTULO 5 Otro nombre para el mismo códice

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La nueva ficha estaba exactamente donde debía estar y, aun así, parecía pertenecer a otra historia.

Fray Julián la dejó sobre la mesa sin decir nada.

Sebastián reconoció el formato de inmediato.

No era una hoja de recepción ni una ficha provisional. Había sido preparada para integrar el volumen dentro de una serie más estable. Eso la volvía mucho más importante que las descripciones transitorias que habían seguido durante los días anteriores.

Irene se acercó.

Mauro permaneció de pie.

Sebastián leyó:

Compilación religiosa fragmentaria. Pergamino. Procedencia indeterminada.

Nada más en el encabezamiento.

No aparecía San Millán.

Tampoco el fondo emilianense.

Habían desaparecido incluso varios de los rasgos materiales que durante años permitieron seguir el manuscrito de una descripción a otra.

Mauro levantó la vista.

—¿Ésta es la nueva ficha?

Sebastián buscó el enlace con el grupo C-2.

En el reverso aparecía una referencia manuscrita.

Coincidía.

—Sí.

Irene volvió a leer.

—“Compilación religiosa fragmentaria”.

—Una categoría funcional.

—Y extremadamente amplia.

Fray Julián preguntó si era incorrecta.

Sebastián tardó en responder.

Una descripción podía ser insuficiente sin ser falsa.

Si el comienzo estaba perdido y el contenido conservado reunía textos religiosos diversos, aquella denominación podía resultar técnicamente defendible.

El problema era otro.

—No podemos decir que sea falsa —respondió—. Podemos decir que ya no conserva casi nada de la identidad histórica que acompañaba al volumen.

Mauro señaló:

—“Procedencia indeterminada”.

Eso era más difícil de explicar.

El manuscrito había regresado a Yuso precisamente porque documentos anteriores permitieron relacionarlo con una procedencia emilianense.

Ahora esa vinculación ya no figuraba en la ficha.

Irene sostuvo la tarjeta.

—Entonces no cambió solamente la descripción.

Sebastián asintió.

—Cambió también la forma en que el sistema expresaba su procedencia.

Mauro tomó asiento.

—¿Puede ocurrir de manera normal?

—Sí.

La respuesta era incómoda, pero necesaria.

Podía suceder si quien confeccionaba la ficha no había tenido delante los antecedentes. También podía ocurrir si los consideraba insuficientes para una atribución formal o si la información histórica se conservaba en otro instrumento.

La ficha mostraba el resultado.

No explicaba el motivo.

Sebastián reconstruyó mentalmente la cadena.

El volumen había llegado descrito como un manuscrito incompleto.

Durante la revisión se reconocieron sus rasgos materiales.

Después apareció como una miscelánea religiosa y más tarde como un manuscrito fragmentario.

Ahora ingresaba en una serie más estable bajo un nombre todavía más genérico.

Cada paso eliminaba información útil para relacionarlo con su pasado.

Fray Julián preguntó:

—¿Puede que solo estuvieran describiendo aquello que podían demostrar mirando el propio volumen?

—Sí —respondió Sebastián—. Sigue siendo la explicación más prudente.

Pero había algo que ya no podía ignorar.

No era la desaparición del nombre.

Era la procedencia.

El título podía perderse porque faltaba el comienzo.

La clasificación de contenido podía cambiar porque el manuscrito reunía textos diferentes.

Pero la expresión procedencia indeterminada chocaba con una historia documental que ya había sido utilizada para devolverlo a un fondo emilianense.

Eso exigía una explicación.

Irene dio vuelta la ficha.

En la parte inferior había una referencia manuscrita.

No parecía una signatura.

Era un número de expediente.

Mauro preguntó:

—¿Qué serie?

Fray Julián no la reconoció.

Sebastián copió el número.

—No seguimos esta ficha hacia adelante.

Mauro lo miró.

—¿Entonces?

—Hacia atrás.

La ficha estable mostraba cómo había quedado registrado el volumen.

El expediente podía mostrar por qué.

Y en ese momento el motivo importaba más que cualquier nueva signatura.