CAPÍTULO 3 Tras las puertas de Yuso
BLOQUE 1
La mañana siguiente comenzaron por una puerta que no conducía a ningún secreto.
Sebastián agradeció que fuera así.
Fray Julián los esperaba en uno de los corredores interiores de Yuso con una carpeta bajo el brazo.
No llevaba llaves antiguas ni pretendía conducirlos hacia una dependencia clausurada durante décadas.
Su propuesta era mucho más simple: recorrer los espacios que aparecían en la documentación de la campaña del siglo XX y comprobar qué función había tenido cada uno.
La fotografía situaba la mesa de revisión en una sala concreta.
Los planos históricos mostraban que aquella dependencia comunicaba con un corredor interior y, durante el período relevante, con otra zona utilizada para el movimiento de fondos. Esa circulación había cambiado después de varias reformas.
Si lograban reconstruirla, podrían entender qué sucedía físicamente con una pieza una vez terminada la revisión.
Irene caminaba unos pasos por delante.
Se detuvo frente a un tramo de pared.
—La abertura estaba acá.
Fray Julián asintió.
La antigua puerta ya no existía.
La fábrica del muro presentaba una diferencia apenas perceptible, pero no había nada misterioso en ello. Los planos de obra registraban su cierre durante una intervención posterior.
Mauro observó la reproducción que llevaba consigo.
—Entonces por acá sacaban los libros después de revisarlos.
Sebastián negó.
—Por acá podían sacarlos.
Mauro resopló.
—Otra vez.
—El edificio nos muestra posibilidades. Para saber qué recorrido utilizaban necesitamos los papeles de trabajo.
Fray Julián señaló el extremo contrario del corredor.
—Además había otra salida.
Continuaron hasta una dependencia que durante parte del siglo XX había funcionado como espacio de guarda provisional.
El interior había sido reformado.
Fray Julián se detuvo antes de abrir.
—Lo que hay ahora no representa necesariamente lo que había entonces.
—No venimos a buscar el volumen —respondió Sebastián.
Mauro lo miró de reojo.
El fraile abrió.
La sala era absolutamente normal.
Había estanterías modernas y cajas documentales correctamente identificadas. Ninguna acumulación de manuscritos sin catalogar esperaba detrás de la puerta.
Sebastián sintió alivio.
Una sala llena de volúmenes anónimos habría creado la peor clase de tentación: empezar a comparar objetos antes de saber qué referencia estaban siguiendo.
Irene recorrió el perímetro sin tocar nada.
—Cambió la altura.
Fray Julián señaló una línea visible en el muro.
—Hubo un falso techo.
—Posterior a la campaña.
—Sí.
La distribución original podía reconstruirse documentalmente, pero el espacio actual no debía utilizarse como fotografía congelada del pasado.
Pasaron después a otra dependencia que había servido como depósito más estable.
Allí sobrevivía parte de mobiliario de una época cercana a la campaña.
Mauro se detuvo ante uno de los armarios antiguos.
—¿Acá estaban los fondos emilianenses?
Fray Julián respondió con precisión.
—Parte de ellos, durante determinados períodos.
—¿También el fondo al que se incorporó nuestro volumen?
—Eso tenemos que comprobarlo.
Sebastián miró al fraile.
La investigación había terminado modificando el lenguaje de todos.
Ya nadie convertía una posibilidad razonable en una afirmación porque encajara bien.
De regreso a la sala de consulta extendieron los planos junto a las fichas de trabajo.
Sebastián escribió una secuencia:
RECEPCIÓN → REVISIÓN → COTEJO DE REFERENCIA → ADSCRIPCIÓN POSTERIOR
Mauro señaló el último tramo.
—Ahí está nuestro vacío.
La fotografía pertenecía al período de revisión.
La copia de trabajo demostraba que la referencia anterior había sido localizada y que alguien decidió no conservarla.
Todavía ignoraban qué ocurrió inmediatamente después.
Sebastián planteó las posibilidades con cuidado.
El volumen podía haber recibido una nueva descripción antes de obtener una nueva referencia. También podía haber seguido utilizando temporalmente el mismo número de trabajo mientras se resolvía su adscripción.
Irene añadió:
—Y ninguna de esas cosas exige que el objeto se moviera.
Sebastián la miró.
Exactamente.
Hasta entonces habían aprendido a distinguir presencia material de noticia documental.
Ahora necesitaban una separación todavía más fina.
Escribió cuatro conceptos:
OBJETO
DESCRIPCIÓN
REFERENCIA
UBICACIÓN
No tenían por qué cambiar al mismo tiempo.
Un manuscrito podía permanecer en la misma sala mientras su descripción era modificada varias veces.
También podía recibir una referencia nueva sin abandonar el armario donde estaba.
Y podía ser trasladado temporalmente sin que nadie alterara su número.
La pérdida de identidad podía producirse en cualquiera de esas divergencias.
Mauro observó la hoja.
—Entonces “tras las puertas de Yuso” no significa que esperemos encontrarlo detrás de una.
Sebastián sonrió apenas.
—Nunca significó eso.
No buscaban un escondite.
Intentaban reconstruir el mecanismo que había permitido que un manuscrito siguiera existiendo mientras el nombre que lo unía con su historia desaparecía poco a poco.