OLIMPIA #2
Unos días más tarde, cuando ya estaba en mi casa, alguien dejó un sobre en mi buzón.
Era de un marrón apagado, sin remitente ni dirección.
Solo mi nombre, escrito a mano en el anverso, y el monograma de Olimpia.
Lo sostuve unos segundos antes de abrirlo.
No recordaba haber esperado nada. Sentí un escalofrío.
Miré hacia la calle. Estaba desierta. Volví a entrar y cerré la puerta con llave.
Dentro del sobre estaba el manuscrito. Lo reconocí al instante.
El miedo me apretó el estómago, pero, debajo de él, apareció otra sensación.
Una que creía haber enterrado: las ganas de seguir investigando.
Aquello no podía ser una casualidad. Alguien sabía lo que estaba buscando. Y, peor aún, alguien quería que continuara.
Dejé el sobre sobre la mesa y permanecí de pie frente a él. Durante unos segundos me pregunté si debía destruirlo. Quemarlo. No volver a pensar en aquello. Pero sabía que no lo haría. Cogí el manuscrito y me marché con él a un lugar recóndito.
Días después, sentada bajo la luz amarillenta de una lámpara, pasé las primeras páginas con cautela. El papel crujía bajo mis dedos. Era el mismo manuscrito que había leído la primera vez. Había pelitos de Dovela entre las páginas. ¿Cómo podía ser? Paolo estaba detenido…
Entonces lo volví a ver. El monograma. Pequeño, trazado con tinta oscura en uno de los márgenes.
Me quedé inmóvil. Una imagen fugaz cruzó mi mente. Había un fragmento del texto. Una frase que en apariencia no tenía la suficiente importancia como para que mi tía se la narrara a Serena y ella la incluyera en el manuscrito.
Pasé las páginas con el corazón desbocado, buscando la escena, tratando de recordar en qué parte de la novela estaba. Y, entonces, la encontré:
«Se miran, recelosas, durante unos segundos.
Valle ha visto la escena, ha podido escuchar algunas palabras, pero no les encuentra conexión.
Se acerca a ellas al ver que han terminado la conversación.
Observa a la embajadora, brazos en jarra, cuando se ilumina la pantalla de su smartwatch.
Con un gesto rápido, desliza el mensaje de WhatsApp para que no se aprecie.
En la diminuta pantalla se aprecia un dibujo geométrico sobre fondo blanco.
Es un círculo dibujado a mano alzada atravesado en su interior por varios trazos angulosos.
A Valle le resulta familiar, pero apenas ha tenido tiempo de verlo, pues Alejandra se da la vuelta y sale del despacho. »
Eso era. No puedo estar segura y posiblemente nadie lo corrobore nunca. Pero lo supe en ese momento y lo creo con firmeza ahora. Alejandra llevaba de fondo de pantalla del reloj el monograma de Olimpia.
Quizá yo no encontré la historia, sino que la historia me encontró a mí. Y quienquiera que hubiese dejado aquel sobre en mi buzón quería asegurarse de que siguiera leyendo.
Desde entonces, cada página ha pesado más que la anterior.
No puedo revelar desde dónde escribo estas líneas, alejada del mundo. Temo por mi familia, sé que pueden estar en peligro. He pensado durante demasiado tiempo si narrar la historia. La mía. Si reescribir el manuscrito. Si tentar a quienes me vigilan y me provocan. No me veo capaz.
Todo esto comenzó mucho antes de que yo fuera consciente de ello. Las pistas que creí descubrir fueron, en realidad, caminos que alguien había dejado para mí.
El secreto de Borromini quedará a salvo y morirá conmigo. Tal vez sea la única forma de proteger a quienes todavía pueden ser alcanzados por él. Hay verdades que no liberan. Verdades que, una vez pronunciadas, dejan de pertenecernos y empiezan a pertenecer a quienes saben utilizarlas.
No siempre una historiadora cede al deseo de revelar al mundo una verdad tan luminosa; a veces prefiere guardarla, como un secreto que aún respira entre las sombras del tiempo.
[1] Francis Bacon, Novum Organum , Libro I, aforismo 49, 1620.
[2] Miedo.
[3] Capitán, ¿han analizado estas muestras? Son sangre probablemente.
[4] Espero que hayan inspeccionado todo meticulosamente.
[5] Me gustaría acceder al interior, ¿es posible?
[6] ¿Qué hacen ustedes aquí? La iglesia está cerrada hoy por lo que ha ocurrido.
[7] Tenemos permiso del capitán Cavellini. Ya nos vamos.
[8] Muchas gracias.
[9] ¿Pero, qué estás haciendo?
[10] Vamos, sube al coche, vámonos.
[11] Nada.
[12] Después hablamos tú y yo. Conduce hasta el Palazzo Spada.
[13] Dogame, Cavellini. Por el momento, no, nada.
[14] Buenas tardes, señora. Aquí tiene su documentación de la embajada.
[15] Muchas gracias, qué torpeza.
[16] Así haremos.
[17] Un momento, capitán. He recordado que sí encontramos algo.
[18] Tenga, encontramos este bolígrafo entre los bancos de la iglesia. Es de Chiara, yo se lo regalé.
[19] ¡De una vez por todas!
[20] ¿Qué?
[21] ¿Qué?
[22] ¡Ah, ya veo!
[23] ¿Qué cojones quieres ahora?
[24] ¡ …haber venido! …dejado en paz… lo que me has pedido.
[25] ¿Qué ocurre?
[26] ¡Dios mío!
[27] Un retraso mínimo, pero suficiente.
[28] Comprendo, pero es inaceptable.
[29] Disculpe, capitán.
[30] Ininterrumpida.
[31] Quién demonios?
[32] ¡Ah, ya, entiendo! ¿Tan antiguo?
[33] Si me ocultáis información os tendré que detener por obstrucción a la justicia.
[34] ¡Esto es inaudito!
[35] Es intolerable.
[36] Voy a la embajada, las espero allí.
[37] ¿Cómo sabes que puede estar viva?
[38] Agentes. ¿Han visto salir a alguien de la iglesia?
[39] Quién eres? ¿Qué quieres?
[40] «… ir en paz».
[41] ¡Señorita Moliner, quieta!
[42] Zurdo.
[43] ¿Quién pudo haber hecho esto?
[44] Se dice que el delegado francés había recibido amenazas por un contrato relacionado con obras de arte robadas durante la guerra.
[45] Quizá no era solo un rumor .
[46] ¿Puedo serles de ayuda?
[47] Deben de estar aquí.
[48] De acuerdo, lléveme a esos otros lugares.
[49] Pero abra primero esta puerta, quiero echar un vistazo.
[50] Capitán, hemos localizado al atacante, lo tenemos retenido en el coche patrulla.
[51] ¿Dónde?
[52] Al principio de la Via Rasella.
[53] Llevadlo a comisaría y esperadme allí. Estaré en una hora.
[54] Arañazo.
[55] ¿Qué sucede?
[56] —¡Puta madre!
[57] ¡Por el amor de Dios!
[58] Expresión de sorpresa en italiano.
[59] Al Vaticano, por favor. (Gracias)
[60] Expresión latina que significa literalmente «la visión de la mente» o «la mirada del espíritu».