El secreto de Olimpia OLIMPIA
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OLIMPIA

Ayer, al fin, le dieron el alta a la abuela. Está de nuevo en la residencia, un poco débil, pero fuera de peligro.

Al volver al piso de tía Valle he tenido la sensación de que me seguían.

Creo que es normal tener esa preocupación, leer el manuscrito me está haciendo experimentar lo que ella vivió aquellos días.

Ahora me asomo al balcón a cada momento, controlo si las personas son las mismas, si pueden llevar algún tipo de camuflaje, algo que es difícil de discernir, puesto que, en esta época casi primaveral, abundan las gafas de sol, las gorras y las gabardinas, tan de moda.

He decidido seguir adelante: no puedo sucumbir al miedo.

Me quedaré aquí y llegaré al fondo de todo esto.

Para ello he tratado de encender el móvil de tía Valle.

Como no consigo descifrar la contraseña, lo he dejado en una tienda del barrio donde me aseguran que lo conseguirán por el módico precio de cien euros.

Está barata la violación de la intimidad.