CAPÍTULO 25
La tarde cae sobre San Carlino, el cielo se tiñe de naranja y la sensación de melancolía y tristeza invade a Valle, que se sienta en el diván quejándose por un momento de la herida de la rodilla, la sangre ha atravesado la tela del pantalón beige, dejando una mancha oscura.
Ella se acerca y mira lo que él le muestra. Es una noticia.
LA REPÚBLICA
Crónica de Roma
Sábado, 2 de noviembre de 2019 – Roma
Detenida en Roma una diplomática española por el asesinato de Valentina Mancini
Arrestada Ilaria Bellini, asesora cultural y responsable de protocolo de la Embajada de España.
Un giro inesperado en el caso que desde hace días sacude los ambientes diplomáticos de la capital.
En las primeras horas de esta mañana ha sido detenida Ilaria Bellini, de 42 años, asesora cultural de comunicación y jefa de protocolo de la Embajada de España en Roma, acusada de ser la presunta autora del asesinato de Valentina Mancini, historiadora del arte romana hallada muerta hace dos días en la iglesia de Sant’Ivo alla Sapienza.
El cuerpo de la víctima fue hallado el 31 de octubre por un custodio del edificio. Desde los primeros análisis, la dinámica y las huellas encontradas en la escena descartaron la hipótesis del suicidio: según los investigadores, se trató de un crimen premeditado.
Según fuentes policiales, el arresto de Bellini se produjo al término de un interrogatorio que duró más de tres horas en la sede de la Jefatura de Policía de Roma.
La mujer, que hasta ayer colaboraba con el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano en diversos proyectos culturales, mantenía un vínculo personal y profesional con la víctima, relación que ahora está en el centro de las investigaciones.
La Fiscalía de Roma ordenó registros tanto en la vivienda de la diplomática, situada en el barrio de Prati, como en las oficinas de la Embajada de España. Los investigadores confiscaron documentos, dispositivos electrónicos y correspondencia interna que podrían esclarecer el móvil del crimen.
La comunidad diplomática, sorprendida por la noticia, difundió un breve comunicado en el que expresa su «plena confianza en el trabajo de la magistratura italiana» y confirma la suspensión inmediata de Ilaria Bellini de todo cargo oficial.
La autopsia del cuerpo de Valentina Mancini reveló signos compatibles con una pelea y una profunda herida en la base del cráneo. Las autoridades consideran que la muerte se produjo en la noche del 30 al 31 de octubre.
Por el momento, Bellini niega toda implicación y ha declarado, a través de su abogado, ser «totalmente ajena a los hechos».
Sin embargo, los investigadores aseguran contar con pruebas relevantes, entre ellas mensajes y grabaciones que situarían a la diplomática en las inmediaciones de Sant’Ivo en las horas del crimen.
Las investigaciones, coordinadas por la fiscal adjunta Giulia Ferrante, continúan para esclarecer el móvil y las posibles complicidades.
«Es un caso delicado que afecta a equilibrios diplomáticos», declaró una fuente del Ministerio del Interior. «Pero la verdad deberá salir a la luz, independientemente de los cargos o nacionalidades implicadas.»
Con la ciudad aún conmocionada, Roma espera respuestas sobre un misterio que entrelaza arte, diplomacia y un secreto que, quizás, Sant’Ivo aún no ha revelado.
Por Francesca Rinaldi.
—¡No! —grita Valle.
Paolo se sobresalta, mira hacia la puerta y la manda callar con un gesto.
—No entiendo nada. Tengo llamadas de un número móvil, varias. No sé si llamar. Puede que sea Cavellini, ¿no crees? También me ha llamado la embajadora.
—Deberías llamar a la embajadora, Paolo, creo que ella nos podrá aclarar lo que ha ocurrido.
Él piensa. De repente le llega otra llamada, es un número que tampoco tiene grabado, en este caso, un fijo con prefijo de Roma.
—Cógelo.
—Dica... Sì... Ilaria! Cosa è successo? [55]
Paolo espera, sin interrumpir, acerca su cuerpo al de Valle para que ella pueda escuchar. Ilaria les confirma que está detenida y que no puede hablar. No le da tiempo a despedirse.
Dos minutos después, se miran, desolados. Paolo baja el teléfono y hunde la cabeza entre sus manos. Valle lo abraza.
—Vamos a aclarar todo esto. Te lo prometo.
—Debería llamar a la embajadora —dice Paolo—. No podemos quedarnos aquí, sin más.
Valle asiente y ella pone el manos libres.
—Paolo, ¿dónde te has metido? —La voz de la embajadora suena temblorosa.
—Alejandra… —no puede terminar, la embajadora le interrumpe.
—Llevo casi dos horas llamándote. Han detenido a Ilaria, ¿por qué no la has traído tú? ¿Dónde estás?
—¿Por qué la han detenido?
—Ha venido el capitán. Parece ser que en el registro de llamadas del teléfono del despacho había una de anoche, sobre las cuatro de la mañana, a su propio teléfono móvil…
—Pero… —susurra Valle, su voz solapándose con la de Alejandra—, eso es imposible. Esa llamada no la debió realizar ella. Quien la hiciera fue quien se llevó el cofre.
Paolo asiente y continúa escuchando. Mira de tanto en tanto a Valle.
—… lo que significa que ella le dio la clave a la persona que abrió la caja fuerte.
Me duele enormemente pensar así de ella, después de tantos años trabajando juntas la considero, o consideraba, una amiga…
Sin embargo, la policía está convencida de que ella tiene que ver con el asesinato, la considera cómplice…
Aun así, hemos puesto a su servicio al bufete de abogados de la embajada.
No la vamos a dejar tirada en estos momentos…
Oyen al otro lado cómo la voz de la embajadora se quiebra. Aunque al comenzar se había mostrado firme, los sentimientos han mermado su entereza.
Paolo se queda en silencio. Tiene una mano cubriendo su rostro y Valle le pone una mano sobre la pierna.
—Está bien —indica él, al fin—. Demostraremos que no tiene nada que ver. Ella no es cómplice de nada. Solo tenemos que aclarar este malentendido.
—¿Dónde estás?
—Le pediste que no se implicara. Ella hizo lo correcto, volvió a la embajada. Debo decirte que espero que no me pidas lo mismo, porque no quiero desobedecer una de tus órdenes. No lo he hecho nunca. Dame tiempo.
—Paolo…
—¿Sí?
—Dime dónde estás para que te pueda ayudar.
—No puedo.
—Señorita Santamaría, sono el sottoteniente Rossi, Cavellini ha sido muy claro… ¡usted será arrestada como cómplice…!
Paolo corta la comunicación y mira a Valle con gravedad.
—Estaban con ella —dice Valle, asombrada—. La policía estaba con ella.
—Porca puttana! [56]
—Está claro, tanto Ilaria como Alejandra están en la embajada. Dame tu móvil.
—¿Qué vas a hacer?
—Tirarlo por la ventana.
—¡No!
—Es lo mejor. Cavellini nos seguirá buscando. Podríamos ocultarnos en otro lugar, pero necesito que miremos algo aquí. Si lo rompemos, igualmente la última señal será la de esta iglesia. Debemos lanzarlo a la calle, lo más lejos posible. Pensarán que se te ha caído mientras huíamos.
—No me parece buena idea. ¿Qué crees que vamos a encontrar?
Valle extrae de su bolsillo el cuaderno de tapas de cuero, desesperada por la falta de colaboración de su acompañante.
—Confía en mí —dice, mientras lo sostiene con dos dedos en alto—. Si alguien coge el móvil y se lo lleva, despistará a la policía.
Paolo se dirige a la ventana y lo lanza lejos. Tanto que entra en el portal del bufete de abogados de la acera de enfrente.
—Esperemos que así sea —desea mientras vuelve a su lado.
—Mira —le enseña Valle—, estos dibujos representan columnas, cuadros y otros elementos de la iglesia, son símbolos. Están en un orden. Esto es un mapa.