El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 73 El relevo
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Capítulo 73 El relevo

Meses después.

Almería ya no era la ciudad donde Oliver había llegado para supervisar unas obras.

Era su hogar.

La mudanza desde Madrid había terminado semanas atrás. Su coche descansaba ahora bajo el mismo cielo azul que, sin darse cuenta, había aprendido a reconocer como propio.

Aquella mañana cogió el teléfono.

Marcó un número.

—Don Pascual.

—Buenos días, señor Oliver.

—Ya estoy instalado.

Hubo un breve silencio.

—Entonces tenemos algo pendiente.

—¿Dónde quedamos?

—En la puerta de la Catedral.

—Allí estaré.

Oliver llegó unos minutos antes.

La Catedral seguía igual.

Imponente.

Silenciosa.

Don Pascual apareció caminando despacio por la plaza.

Ya no tenía la agilidad de meses atrás.

Pero conservaba la misma serenidad.

Oliver bajó del coche.

—Buenos días.

El anciano sonrió.

—¿Cómo está, señor Oliver?

Él no pudo evitar devolverle la sonrisa.

—Ilusionado.

Pascual asintió.

—Me alegro.

Miró hacia el coche.

—Vamos.

Oliver abrió la puerta del acompañante.

El anciano subió despacio.

Cuando el motor arrancó, ninguno habló durante los primeros minutos.

Abandonaron el centro histórico.

El coche tomó la carretera que bordeaba la costa.

Cruzaron el barrio de El Zapillo.

Por la ventanilla se veía gente caminando por el paseo marítimo, ciclistas cruzando junto a la playa y familias sentadas frente al Mediterráneo.

Pascual observaba el paisaje con una calma extraña.

Como si quisiera memorizarlo una vez más.

La carretera dejó ver la Universidad de Almería, abierta junto al mar.

Después apareció el barrio residencial Costacabana.

Y, poco después, el aeropuerto.

Un avión despegó justo cuando pasaban frente a la pista.

Oliver levantó la vista.

—Siempre impresiona.

Pascual sonrió.

—Todos creemos que despegar es lo difícil.

Hizo una pausa.

—Lo importante es saber dónde aterrizar.

Oliver comprendió que aquella frase tampoco hablaba de aviones.

Siguieron hacia el barrio de Retamar.

El mar permanecía a su lado.

Después tomaron el desvío.

Y apareció ella.

La Torre de Torregarcía.

Oliver detuvo el coche.

Durante unos segundos ninguno salió.

Recordó aquella noche.

La oscuridad.

El viento.

Teresa.

Y el descubrimiento inesperado dentro de la torre.

Pascual abrió despacio la puerta.

—Vamos.

Subieron juntos.

La escalera seguía hay.

El anciano ascendía más despacio.

Él ascendió a su ritmo.

Al llegar arriba cruzaron la pequeña puerta.

El interior permanecía exactamente igual.

Oliver recorrió el lugar con la mirada.

Y entonces recordó.

La grieta de la piedra.

El hueco oculto.

El nombre.

Se acercó despacio.

Retiró con cuidado la pequeña piedra que lo cubría.

Allí seguía el hueco.

Oliver levantó la vista.

El anciano ya no sonreía.

Su expresión era serena.

—Ahora ya sabes por qué estaba aquí.

Oliver asintió.

Pascual sacó del bolsillo un bolígrafo.

—Ya sabes Oliver lo que tienes que hacer.

—Y déjalo igual que lo encontraste.

Bajo el nombre de Pascual escribió lentamente.

Oliver Roth.

Después volvió a colocar la piedra exactamente como la había encontrado aquella noche.

Pascual apoyó una mano sobre su hombro.

—Ya está.

Oliver levantó la vista.

—¿Eso era el relevo?

El anciano contempló el horizonte.

El mar se extendía frente a ellos.

A lo lejos, el Mediterráneo brillaba igual que el primer día.

—No.

Sonrió levemente.

—El relevo ocurrió cuando aceptaste proteger aquello que no necesitabas poseer.

Hizo una pausa.

—Esto solo sirve para que, cuando llegue tu momento...

Recuerdes dónde empezó todo, en el Mar.

El viento entró por la puerta de la torre.

Oliver permaneció en silencio.

Y comprendió que aquella ciudad ya no guardaba únicamente un secreto.

Ahora también guardaba su nombre.

Los dos descendieron despacio.

Antes de marcharse, Oliver volvió la vista hacia la torre.

Por primera vez entendió por qué seguía en pie después de tantos siglos.

No protegía solo una costa.

Protegía la memoria de quienes habían jurado guardar el mismo silencio.

Y mientras el Mediterráneo seguía llevando historias hacia la orilla de Almería...

La cadena continuaba intacta.