Capítulo 62 Donde ya nadie mira
Teresa llegó media hora después al Hotel Almería.
Oliver le enseñó el sobre sin decir una palabra.
Ella leyó la frase dos veces.
—¿Solo pone eso?
—Solo eso.
Teresa se quedó pensativa, repitiendo aquellas cuatro palabras una y otra vez.
—"Mira donde ya nadie mira."
De repente levantó la vista.
—Espera.
Oliver la miró.
—Creo que sé por dónde empezaría yo.
—¿Dónde?
—Por un convento.
Oliver frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver un convento con esa frase?
Teresa sonrió ligeramente.
—Mucho.
Repitió despacio la frase.
—"Mira donde ya nadie mira."
Guardó unos segundos de silencio.
—¿Sabes cuál es una de las cosas más invisibles de una ciudad?
Oliver negó con la cabeza.
—Las personas que han decidido desaparecer.
Aquella respuesta hizo que Oliver pensara inmediatamente en María Magdalena.
—El convento de Las Claras.
Oliver la observó sorprendido.
—¿Por qué precisamente ese?
—Porque es uno de los conventos de clausura más antiguos de Almería.
Comenzó a explicarlo como lo haría una historiadora.
—Las monjas viven prácticamente ocultas. Hablan a través del torno. Apenas se dejan ver. Hay vecinos que llevan toda la vida pasando por delante sin haber visto nunca el rostro de una sola de ellas.
Oliver guardó silencio.
Aquella explicación parecía encajar demasiado bien con la nota.
Entonces Teresa dejó de hablar.
Su expresión cambió.
—Hay un problema.
—¿La policía?
—Sí.
Los dos permanecieron unos segundos en silencio.
Oliver comprendió enseguida lo que quería decir.
—Si aparecemos juntos delante del convento...
—Y además vienes de estar vigilado
Teresa terminó la frase.
—Pueden empezar a preguntarse por qué precisamente ese lugar.
Oliver asintió despacio.
No podían permitirse llamar la atención sobre un convento de clausura.
Teresa empezó a pensar en voz alta.
—Las monjas de clausura reciben visitas.
—Sí.
—Carteros, proveedores, gente que lleva encargos...
De pronto sonrió.
—Y cualquiera puede llamar al torno.
Oliver la miró.
—¿Qué propones?
—Que no vayamos juntos.
Él frunció el ceño.
—¿Separarnos?
—Yo entraré como historiadora.
Sacó una pequeña libreta del bolso.
—Puedo decir que estoy recopilando información sobre los conventos de clausura de Almería.
—Y yo...
—Tú ni te acerques.
Hizo una pausa.
—Si la policía te sigue viendo conmigo, acabaremos señalando el lugar antes de saber siquiera si vamos por buen camino.
Oliver guardó el sobre en el bolsillo.
—De acuerdo.
Teresa dio media vuelta y salió de la habitación del hotel.