Capítulo 32 La Sombra del Vigía
La noche ya era cerrada. Oliver y Teresa estaban en el Parque de la Hoya, justo debajo de los imponentes muros de la Alcazaba.
—La Alcazaba fue la gran caja de seguridad de Almería. Una fortaleza en tres recintos, desde el siglo X. Una defensa mucho más antigua y formidable que la Catedral —explicó Teresa.
Oliver, obsesionado con la frase revelado al Sol en la Fortaleza, sacó su cuaderno de dibujo. —La Catedral es la Fortaleza de la Cruz; la Alcazaba es la Fortaleza del Sol.
De repente, una voz resonó en la oscuridad.
—El Sol solo sale para aquellos que han aprendido a esperar en la sombra, señor Roth.
Don Pascual emergió de entre las sombras de un olivo centenario, su azada de jardinería colgando de la cintura. No había sorpresa en su rostro, solo una profunda resignación.
—Pascual —dijo Oliver, sin miedo—. Sabíamos que nos vigilabas.
—Me llamo Pascual Martínez, Vigía de la Cruz Florida. Y mi tarea es asegurar que la Sabiduría de la Magdalena no caiga en manos de quienes la destruirán o la mercantilizarán. ¿Creen que un fragmento de pergamino es un tesoro?
Teresa sostuvo la moneda. —¿Qué es la Sabiduría?
—El conocimiento de que la fe no necesita muros para sostenerse. Que el verdadero tesoro es el linaje que la ha guardado durante siglos. Mi linaje.