El secreto de la Catedral Fortaleza Capítulo 2 La Llamada a Oliver Roth
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Capítulo 2 La Llamada a Oliver Roth

En su estudio de Madrid, Oliver Roth revisaba unos planos de una torre defensiva en Mallorca cuando sonó el teléfono.

El número era desconocido, pero la formalidad de la voz al otro lado lo hizo levantar la cabeza de inmediato.

—Arquitecto Roth, le habla Don Fernando, Párroco Mayor de la Catedral de Almería.

Era una voz grave, serena y demasiado formal para una llamada cualquiera.

Oliver dejó el lápiz sobre la mesa y cerró cuidadosamente la carpeta de planos.

—Dígame.

—Necesitamos su ayuda con carácter urgente.

Aquellas palabras bastaron para captar toda su atención.

Las catedrales-fortaleza del sur de España siempre le habían fascinado. Había estudiado muchas de ellas durante años, pero nunca había imaginado que una lo llamaría para intervenir de inmediato.

Se acomodó en la silla.

—Explíqueme el problema.

No suelo desplazarme sin conocer el alcance de una intervención.

Don Fernando respiró antes de responder.

—Nuestra Catedral ha sufrido daños tras la tormenta de anoche.

Hizo una breve pausa.

—Ha aparecido una fisura en los muros del claustro, el antiguo patio de armas, y el agua amenaza con alcanzar las bases de la estructura.

Oliver tomó una libreta y empezó a escribir.

Fisura.

Claustro.

Filtraciones.

Patio de armas.

Todo encajaba con una patología estructural seria.

—Necesitamos a alguien acostumbrado a trabajar con edificios defensivos históricos —continuó el sacerdote—. Pero hay una condición.

—¿Cuál?

—Máxima discreción.

El arquitecto apoyó el lápiz sobre la mesa.

Al otro lado hubo unos segundos de silencio.

—Tememos que la noticia provoque más daño que la propia grieta.

Aquella respuesta le llamó la atención.

No era la primera vez que una institución protegía la imagen de un edificio histórico antes incluso de conocer el alcance real del problema.

—Entendido.

La Catedral de la Encarnación siempre había sido un enigma arquitectónico: planta cuadrada, torre campanario única, almenas que sugerían defensa, y un Claustro que había sido patio militar y lugar de oración.

Un edificio robusto, diseñado para proteger, más que para ser solo un lugar de culto.

—Antes de salir necesito toda la documentación disponible.

—¿Qué necesita exactamente?

—Planos de la catedral. También fotografías de la grieta desde varios ángulos.

Hizo una pausa.

—Quiero conocer el daño antes de poner un pie allí.

—Prepararé mis herramientas y tomaré el primer tren a Almería

—Se enviarán inmediatamente.

Don Fernando bajó ligeramente la voz.

—Y recuerde...

—Sí.

—Nadie debe sospechar que algo amenaza la Catedral.

La llamada terminó.

Abrió el correo.

Los primeros archivos ya estaban llegando.

Mientras las fotografías se descargaban, preparó la maleta.

Introdujo el flexómetro láser.

El endoscopio.

La linterna frontal.

Los cuadernos de campo.

Un medidor de humedad.

Y varias herramientas de precisión que utilizaba siempre que debía trabajar en edificios donde cada piedra tenía siglos de historia.

La Catedral no era solo un edificio religioso; era una fortaleza histórica que había sobrevivido siglos de conflictos.

Cerró la puerta del estudio y se dirigió a tomar el primer tren a Almería.

Al salir hacia la estación de Atocha creyó que viajaba para reparar una grieta.

Todavía no podía imaginar que aquel tren lo llevaba hacia una ciudad donde las piedras parecían recordar más de lo que contaban.