El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) CAPÍTULO 27 CONFRONTACIÓN CON JULIÁN VELASCO
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CAPÍTULO 27 CONFRONTACIÓN CON JULIÁN VELASCO

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Julián Velasco llegó acompañado de su abogado a la hora convenida.

Elena Salcedo lo esperaba en una sala de entrevistas, con las carpetas dispuestas según el orden de los hechos que necesitaba examinar.

Había solicitado que se registrara la diligencia por los medios autorizados y que quedara constancia de las personas presentes.

Antes de comenzar, se verificaron las condiciones de la comparecencia y se le informó de los derechos que le correspondían.

El abogado ocupó una silla junto a su cliente. Velasco se sentó frente a Elena y dejó una carpeta delgada sobre la mesa.

Adrián Valcárcel no estaba allí. Clara Montalvo había permanecido en el archivo y Martín Arce no asistiría a una confrontación que afectaba directamente al atropello sufrido.

Elena había considerado que su presencia no aportaría nada a la finalidad de la diligencia.

Necesitaba fijar la versión de Julián respecto de documentos cuya autenticidad ya había sido comprobada, no organizar un encuentro entre personas enfrentadas por los hechos.

—Vamos a revisar una serie de comunicaciones y autorizaciones relacionadas con el proyecto Valderrama —explicó.

El abogado señaló que su cliente respondería en la medida en que lo considerara conveniente.

—Por supuesto —dijo Elena.

Activó el registro y abrió la primera carpeta.

—Empecemos por las investigaciones anteriores a la muerte de Pablo Mena.

Colocó sobre la mesa un correo cuyo asunto era “Ampliación Valderrama”.

El contenido decía:

“Priorizar línea Fernando-Alfonso-Leonor. Verificar transmisión Santillana-Burgos y cualquier referencia a memoria funeraria anterior a la relación corriente.”

Velasco lo leyó.

—Ese correo es mío.

Elena le pidió que explicara el encargo.

Julián respondió que su despacho asesoraba a sociedades con intereses en fondos históricos y colecciones privadas. Algunos clientes necesitaban reconstruir procedencias incompletas, y para ello habían contratado investigadores especializados.

—¿Qué buscaban en la línea Valderrama?

—Documentación que permitiera confirmar o corregir antecedentes utilizados en informes anteriores.

—¿Una copia completa de la relación sucesoria?

—Era una posibilidad.

Elena colocó una versión de la matriz de seguimiento. En ella aparecía Hernando de Burgos como posible responsable de una copia de conjunto y Santillana como vía probable de transmisión.

Velasco reconoció que aquellas referencias habían formado parte de las hipótesis de trabajo.

No afirmó haber conocido desde entonces la ubicación del Memorial. Sostuvo que las búsquedas habían avanzado mediante informes sucesivos y que durante años no pudieron comprobar si la unidad seguía existiendo.

Elena no discutió ese punto.

La documentación demostraba que el proyecto había perseguido una copia histórica concreta antes del descubrimiento contemporáneo de la inscripción oculta. No necesitaba atribuirle a Julián conocimientos que los propios informes todavía presentaban como hipótesis.

Pasó a la carpeta siguiente.

—¿Qué función cumplía Roberto Navas?

—Coordinaba gestiones externas.

—¿También el seguimiento de otros investigadores?

—En determinados casos se le pidió conocer cómo avanzaban trabajos relacionados con los nuestros.

Elena mostró el correo titulado “Requena”:

“Este investigador está entrando en fondos que no estaban previstos. Necesito saber con quién trabaja, qué consulta y si ha relacionado Santillana con Burgos. Seguir de cerca hasta nuevo aviso.”

—¿Reconoce la instrucción?

—Sí.

—¿Qué entendía por seguir de cerca?

—Obtener información sobre una investigación competidora.

Elena colocó las fotografías de Álvaro Requena saliendo de archivos y reuniéndose con Pablo Mena. Después añadió la hoja de autorización de gastos, donde figuraban servicios de observación de desplazamientos, identificación de contactos y verificación de los fondos consultados.

Velasco examinó las imágenes.

—Yo no elegía dónde debía colocarse cada operador.

—No le he preguntado quién tomó las fotografías. Le pregunto si autorizó el seguimiento al que corresponden estos gastos.

Julián observó la referencia electrónica.

—La autorización salió de mi despacho.

—¿La aprobó usted?

—Sí. Autoricé el presupuesto.

Elena dejó que la respuesta quedara registrada.

El abogado aclaró que una autorización económica no suponía aceptación automática de cualquier actuación realizada por el proveedor. La inspectora estuvo de acuerdo en que debían individualizar los métodos.

La orden inicial, sin embargo, tenía un autor reconocido.

Velasco había pedido seguir a Requena y aprobado los gastos correspondientes.

Elena abrió entonces la carpeta de Pablo Mena.

Julián miró la portada antes de que ella sacara el primer documento.

—¿Qué entendía su despacho por recuperar material? —preguntó.

—Depende del contexto.

Elena mostró el intercambio:

“Hay material en el despacho. Se puede recuperar sin involucrar al proyecto.”

Debajo figuraba la respuesta enviada desde la cuenta de Velasco:

“Hacelo y no dejes vínculo con nosotros.”

Julián leyó ambos mensajes.

—La intención era obtener documentación.

—¿Del despacho de Mena?

—No recuerdo qué pieza concreta se estaba buscando.

—¿Por qué pidió que la gestión no dejara un vínculo con su estructura?

El abogado intervino para indicar que esa expresión podía referirse a la confidencialidad profesional.

Elena no lo contradijo. Señaló que la interpretación de la frase debía hacerse junto con las comunicaciones posteriores y preguntó a Julián si había sido informado de una entrada al despacho.

—Navas me dijo que había surgido un problema —respondió.

—¿Qué problema?

—Que la gestión no había salido como esperaba.

Elena colocó la nota recuperada del circuito de Navas:

“La entrada se complicó. Mena intervino. Resultado irreversible. Material parcial recuperado.”

Velasco la observó sin tocarla.

—No recuerdo haber recibido esa nota exacta.

—No le estoy preguntando si recibió esta copia —respondió Elena—. Quiero saber qué información le transmitió Navas.

Julián miró a su abogado.

—Me dijo que las cosas habían salido mal.

Elena presentó la respuesta enviada desde la cuenta de Velasco después de aquella comunicación:

“Que esto termine aquí. Material conmigo mañana. Ninguna comunicación más por estas vías.”

—¿Reconoce este mensaje?

—Sí.

—¿Sabía que Pablo Mena había muerto?

—Lo supe.

—¿Antes de pedir el material?

Julián tardó en responder.

—Navas me había comunicado que había ocurrido una desgracia. No sabía que aquello fuera a terminar así.

Elena no confundió ambas cuestiones.

La pregunta no era si Velasco había previsto el homicidio antes de la entrada. Lo que intentaba establecer era qué había conocido después y por qué había solicitado la documentación pese al resultado comunicado.

—¿Recibió finalmente ese material? —preguntó.

—Recibí documentación parcial del proyecto.

—¿La que procedía del despacho de Mena?

—No puedo identificar ahora cada pieza.

Elena anotó la respuesta. La entrega concreta todavía debía contrastarse con los registros de traslado y las copias recuperadas.

—¿Por qué mantuvo a Navas como coordinador después de conocer la muerte de Mena?

Velasco miró las carpetas.

—Porque me dijo que no había sido una operación concebida para hacer daño a nadie.

—¿Le pidió una explicación por escrito?

—No.

—¿Denunció lo que sabía?

Julián no respondió de inmediato.

Elena esperó sin añadir otra pregunta.

Había obtenido algo más preciso que una negación general: Velasco reconocía haber recibido noticia de un resultado grave y haber continuado trabajando con el intermediario que le había comunicado la entrada.

La extensión de su responsabilidad por el homicidio seguía pendiente de establecerse.

Su conocimiento posterior ya no dependía únicamente de interpretar un correo.