El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) BLOQUE 2
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La actividad de Roldán después de la llamada proporcionó una nueva secuencia.

Elena había pedido comparar las consultas realizadas desde sus accesos profesionales con los registros de desplazamientos y las operaciones financieras de la sociedad de Navas.

Los primeros movimientos estaban relacionados con la identificación de Martín.

Roldán consultó información profesional y otros datos disponibles por vías ordinarias. También utilizó una base privada contratada por una empresa asociada con sus servicios.

Hasta allí, los registros podían corresponder a una gestión de localización.

Después apareció una búsqueda específica sobre el vehículo utilizado habitualmente por Martín.

La consulta incluía referencias al modelo y a la matrícula, además de información sobre las zonas de desplazamiento que podía frecuentar.

Adrián examinó la hora.

—Eso se hizo la misma noche.

—Sí —respondió Elena—. Después de que su nombre llegara a Roldán.

La actividad ya no se limitaba a conocer la identidad de una persona vinculada con Requena. Se había extendido a los medios y recorridos que podían permitir localizarla físicamente.

Clara preguntó si aquellas consultas eran suficientes para afirmar que Roldán lo había seguido.

Elena mostró los registros de cámaras.

El vehículo de Roldán había sido captado cerca del lugar de trabajo de Martín y, más tarde, en una vía compatible con uno de sus trayectos habituales.

Las imágenes acreditaban su presencia en esas zonas.

No demostraban que hubiera mantenido contacto visual continuo con Martín ni permitían reconstruir todos sus movimientos intermedios.

Aun así, la coincidencia entre las consultas y los desplazamientos reforzaba la hipótesis de una preparación dirigida a localizarlo.

Martín observó el mapa de recorridos.

Recordaba fragmentos de la jornada anterior al atropello, pero no había identificado entonces un vehículo que lo siguiera.

Elena evitó pedirle que completara con recuerdos inciertos aquello que los registros todavía no mostraban.

—Vamos a trabajar con los datos conservados —dijo—. Si alguno te resulta familiar, lo incorporaremos como declaración, separado de la documentación técnica.

Adrián preguntó por el automóvil utilizado en el ataque.

Había sido localizado posteriormente, pero no pertenecía a Roldán. Su trayectoria contractual pasaba por una empresa de alquiler de larga duración y por un intermediario.

El conductor todavía no estaba identificado de manera definitiva en ese punto de la investigación.

Eso impedía atribuir a Roldán la conducción solo porque hubiera participado en las gestiones previas.

Podía haber proporcionado información o coordinado a otra persona. También era posible que hubiera intervenido en tareas diferentes.

Su función exacta debía establecerse mediante las comunicaciones y la circulación del dinero.

Martín preguntó si habían encontrado pagos.

Elena abrió dos transferencias realizadas desde una sociedad vinculada con Navas a una cuenta utilizada por Roldán.

La primera correspondía al día anterior al atropello.

Su concepto era:

“Apoyo operativo.”

La segunda se había realizado dos días después del hecho:

“Cierre de gestión.”

Las fechas y la identidad del beneficiario merecían atención.

Los conceptos, por sí solos, no permitían conocer qué servicio se había pagado.

Elena insistió en que necesitaban relacionar cada transferencia con una tarea concreta antes de atribuirle un significado penal.

Entonces mostró una conversación recuperada parcialmente del dispositivo de Roldán.

La extracción pericial había permitido reconstruir un fragmento de mensajes que no estaba disponible en la copia ordinaria del teléfono.

Navas había escrito la noche anterior al atropello:

“El técnico ya no puede seguir moviéndose con Requena.”

La respuesta de Roldán decía:

“Entendido.”

Martín apartó la vista de la pantalla.

La expresión podía referirse a impedir una colaboración documental o a interrumpir determinados contactos. No describía por sí sola un método.

Pero había sido enviada después de la identificación de su vehículo y en un período en que Roldán estaba realizando desplazamientos relacionados con sus rutas.

Adrián preguntó si existía alguna comunicación posterior.

Elena abrió el registro de la mañana del atropello.

Poco antes del hecho, Roldán recibió un mensaje procedente de otro número:

“Sale ahora.”

La información del terminal emisor lo situaba aproximadamente en el entorno laboral de Martín.

Elena había comprobado que aquella línea había sido utilizada por una persona contratada anteriormente para tareas de seguimiento.

No presentó esa vinculación como prueba de que el emisor hubiera participado en el impacto.

Sí acreditaba que alguien integrado en el mismo circuito había comunicado una salida en un momento relevante.

Clara miró a Martín.

—Había una persona pendiente de tus movimientos.

—Los registros sostienen esa conclusión —respondió Elena—. Lo que todavía debemos reconstruir es cómo se transmitió esa información y quién recibió la instrucción que terminó en el ataque.

Los documentos empezaban a establecer una secuencia coherente.

Después de la orden de averiguar qué tenía Martín, Roldán había consultado datos sobre su vehículo y se había desplazado por zonas relacionadas con su actividad. Había recibido fondos de una sociedad de Navas y mensajes relativos a la necesidad de apartarlo de Requena.

La mañana del atropello, una persona conectada con el mismo circuito informó de una salida.

Aquellos hechos no identificaban todavía al conductor.

Pero hacían cada vez menos plausible que las actuaciones sobre Martín hubieran sido una mera prolongación administrativa de la búsqueda de archivos.

Elena pasó a la última carpeta.

Había una comunicación recuperada que podía aclarar qué clase de resultado esperaba Navas de Roldán.