CAPÍTULO 25 UNA LLAMADA ANTES DEL ATROPELLO
BLOQUE 1
La llamada había durado cuarenta y ocho segundos.
Elena Salcedo llevaba semanas examinando aquel registro sin conseguir atribuir con suficiente seguridad el uso de la línea receptora.
La comunicación se había producido veintiséis horas antes del atropello de Martín Arce, en un momento en que su nombre ya figuraba dentro del seguimiento privado de Álvaro Requena.
La duración no revelaba el contenido de la conversación. Tampoco permitía establecer qué había decidido quien recibió la llamada.
Pero la investigación había conseguido reconstruir quién utilizaba habitualmente aquel teléfono durante los días anteriores al ataque.
Martín permaneció frente a Elena mientras ella abría el informe de comunicaciones. Adrián Valcárcel y Clara Montalvo se habían incorporado a la reunión porque los nuevos registros debían compararse con la secuencia documental reconstruida durante las últimas jornadas.
—¿Es la misma línea que teníamos pendiente? —preguntó Martín.
—Sí. Ahora podemos situar su uso dentro de un circuito operativo concreto.
El número receptor estaba registrado a nombre de una sociedad cuya actividad declarada no explicaba las gestiones que aparecían asociadas con él. No pertenecía formalmente a Roberto Navas ni figuraba como teléfono personal de ninguno de los investigadores contratados para el proyecto Valderrama.
La sociedad había sido utilizada por un colaborador externo llamado Esteban Roldán.
El nombre ya aparecía en facturas vinculadas con desplazamientos y servicios de coordinación que todavía necesitaban justificación completa.
Elena mostró los documentos que habían permitido avanzar en su identificación.
Roldán había declarado inicialmente que varias personas utilizaban aquella línea. La investigación confirmó que el número había pasado por diferentes terminales, pero durante la semana del atropello funcionó de manera casi exclusiva desde un aparato determinado.
El equipo había quedado registrado en zonas donde otros elementos permitían situar a Roldán. Existían pagos realizados con su tarjeta y grabaciones de establecimientos que coincidían temporalmente con la actividad telefónica.
Ninguno de aquellos datos, considerado de manera aislada, identificaba necesariamente a quien sostenía el terminal.
La reconstrucción conjunta, sin embargo, permitía atribuirle su uso habitual durante el período investigado.
—¿Y cuando recibió esta llamada? —preguntó Adrián.
Elena abrió la secuencia correspondiente.
Una cámara privada había registrado a Roldán entrando en un vehículo. Siete minutos después, el terminal utilizado habitualmente por él recibió la comunicación de cuarenta y ocho segundos.
La actividad del teléfono era compatible con su presencia en aquella zona.
—No tenemos una imagen de la conversación —explicó Elena—. Pero la coincidencia de registros permite situar el aparato bajo su control con un grado de respaldo muy superior al que teníamos antes.
Martín observó el nombre en el informe.
Hasta entonces había conocido a Roldán como una referencia dispersa entre facturas y servicios externos. Ahora aparecía vinculado con una comunicación realizada poco antes del ataque que había sufrido.
—¿Quién llamó?
Elena señaló la línea emisora.
Pertenecía al circuito operativo de una sociedad utilizada por Roberto Navas. Tampoco estaba registrada como teléfono personal suyo, pero los datos de contratación y su uso anterior permitían vincularla con las actividades de coordinación que dirigía.
—Podemos acreditar que alguien llamó desde una línea de esa estructura al teléfono que utilizaba Roldán —dijo Elena—. La identidad física del emisor no queda demostrada únicamente por el registro de tráfico.
Clara preguntó si existía una grabación.
No la había.
La llamada no había sido intervenida y el expediente solo conservaba sus datos de comunicación.
Adrián volvió a mirar la fecha.
—Entonces, ¿por qué cobra ahora tanta importancia?
Elena abrió un correo remitido doce minutos antes de aquella llamada.
Procedía de la cuenta corporativa de Julián Velasco y llevaba un asunto formado por una sola palabra:
“Arce.”
Su contenido decía:
“Ya está identificado. Confirmar si tiene copia o acceso a material de Requena. No dejar que avance sin control.”
Martín permaneció mirando su apellido en la pantalla.
La orden de identificarlo había aparecido en el intercambio anterior sobre Requena. Ahora figuraba una instrucción posterior destinada a averiguar qué documentación podía tener en su poder.
Elena mostró la respuesta de Navas, enviada tres minutos después:
“Lo paso a Roldán.”
Adrián comprendió la importancia de la secuencia.
El despacho había solicitado información sobre Martín. Navas respondió que trasladaría el asunto a un colaborador determinado y, minutos después, una línea de su circuito contactó con el teléfono utilizado por ese hombre.
La conexión ya no dependía de interpretar como sospechosa una llamada aislada.
Estaba situada dentro de una correspondencia que identificaba expresamente a Martín y a Roldán.
Clara preguntó si eso demostraba que la conversación había tratado sobre el atropello.
—No —respondió Elena—. Demuestra que Roldán entró en la cadena de comunicaciones cuando se pidió averiguar qué tenía Martín. Lo que recibió exactamente por teléfono todavía no podemos establecerlo a partir de esos cuarenta y ocho segundos.
Elena dejó el registro sobre la mesa.
La orden inicial de identificar a Martín había pasado por Navas. Su respuesta mencionaba a Roldán y la llamada posterior establecía una comunicación entre ambos circuitos.
Veintiséis horas más tarde, Martín fue atropellado.
La proximidad temporal obligaba a investigar lo ocurrido entre esos dos hechos.
No permitía sustituir esa investigación por una conclusión anticipada.