El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) BLOQUE 2
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Los primeros informes de seguimiento describían actividades que no tenían nada de extraordinario.

Requena acudía a archivos y solicitaba copias. Intercambiaba referencias con otros investigadores y mantenía reuniones relacionadas con su trabajo. Las anotaciones de los operadores eran escuetas y, durante aquel período, no registraban una intervención directa sobre sus gestiones.

Elena mostró una sucesión de partes en los que se repetían expresiones como “Sin novedades relevantes” y “Consulta de fondo familiar”.

Martín señaló una fotografía de Pablo Mena.

—Este encuentro ya figuraba en el registro de comunicaciones.

—Sí. Ahora sabemos que también fue observado por el equipo contratado por Navas.

La información era relevante porque demostraba que la relación entre ambos investigadores había entrado en el circuito privado antes de la muerte de Pablo.

No indicaba por sí sola qué parte de sus conversaciones había llegado a conocimiento de los operadores. Las fotografías acreditaban encuentros, no el contenido de lo hablado.

La actividad cambió cuando Requena solicitó acceso a una serie documental vinculada con Santillana.

Navas envió un mensaje a Velasco:

“Requena está siguiendo la vía correcta.”

La respuesta decía:

“Incrementar seguimiento. No perder contacto.”

Elena colocó ambos correos junto a los partes posteriores.

A partir de esa fecha aumentó la frecuencia de las fotografías y aparecieron comprobaciones de desplazamientos fuera de los horarios habituales de consulta. Los registros también mencionaban contactos con terceros y un intento de averiguar qué fondos pensaba examinar Requena.

En una de aquellas gestiones, una persona se había presentado como investigador académico para solicitar información sobre sus próximas consultas.

Clara examinó el informe.

—Eso ya no consiste solamente en observar qué publica.

—No —respondió Elena—. Los operadores intentaron obtener información mediante un contacto indirecto. Tenemos que determinar exactamente qué dijeron y a quién.

La inspectora no atribuyó aquel método a Velasco antes de comprobar qué se le había comunicado.

Martín encontró el correo correspondiente.

Navas informaba:

“Estamos obteniendo itinerario y próximos accesos. Se ha hecho contacto indirecto para confirmar destino.”

La respuesta de Velasco fue:

“Bien. Prioridad absoluta: que no alcance primero la documentación completa.”

Adrián permaneció mirando la frase.

La instrucción ya no podía interpretarse como una simple solicitud de noticias sobre publicaciones académicas. El seguimiento estaba destinado a conocer los movimientos de Requena y anticiparse a su acceso a la documentación.

La respuesta demostraba que Velasco había recibido información sobre la obtención de itinerarios y el contacto indirecto.

No especificaba que hubiera ordenado una suplantación concreta ni autorizaba todas las actuaciones que pudieron realizar los operadores. Pero sí mostraba que conocía el aumento del seguimiento y consideraba prioritario llegar antes al conjunto documental.

—¿Temía que Requena hiciera público lo que encontrara? —preguntó Clara.

—Es posible —respondió Adrián—. También podía preocuparle que revisara procedencias utilizadas en informes de sus clientes.

Elena les recordó que ambas explicaciones seguían siendo hipótesis sobre sus motivos particulares. Los mensajes acreditaban un interés por adelantarse al investigador. Para establecer qué consecuencia concreta quería evitar Velasco necesitaban revisar otras comunicaciones.

Martín pasó entonces a los registros de la ausencia de Requena.

Durante un tiempo, aquella incidencia había parecido relacionada con el seguimiento. Su desaparición temporal, después de aproximarse a los fondos de Santillana, había generado inquietud dentro de la investigación.

La reconstrucción posterior permitió establecer que había sufrido una caída accidental en una zona aislada. Una confusión administrativa demoró su localización y alimentó la idea de que se había perdido su rastro.

No habían encontrado evidencia de que los operadores hubieran provocado la caída.

Uno había dejado de seguirlo horas antes y el otro no se encontraba en aquella zona.

Elena fue terminante al separar los hechos.

—La vigilancia está acreditada. El accidente también. No vamos a convertir la caída en una agresión para que la secuencia resulte más sencilla.

Adrián estuvo de acuerdo.

La existencia de una red de seguimiento no autorizaba a atribuirle todos los incidentes que ocurrieran alrededor de las personas observadas.

Martín examinó los informes posteriores al accidente.

Una vez conocida la localización de Requena, el proyecto había recibido una nueva actualización:

“Objetivo localizado nuevamente. Mantener observación limitada.”

Clara levantó la vista.

La vigilancia había continuado después de que se resolviera la incertidumbre sobre su paradero.

Eso demostraba que su inclusión en el proyecto no había dependido de aquel episodio accidental. Seguía siendo considerado una persona capaz de aproximarse a la documentación que interesaba a los responsables de la búsqueda privada.

Elena colocó el informe junto a los correos anteriores.

La secuencia permitía reconstruir el cambio de intensidad: primero se registraron consultas y reuniones; después, al comprobar que Requena avanzaba por la vía de Santillana, se ordenó ampliar el seguimiento.

Navas había coordinado la ejecución.

Velasco había autorizado la observación inicial y había solicitado incrementarla.

Lo ocurrido durante la caída pertenecía a otra secuencia, sin prueba de intervención de los vigilantes.

Martín observó que todavía faltaba relacionar aquella actividad con el dinero.

Elena abrió la carpeta financiera.

Los correos ofrecían las instrucciones, pero los pagos debían permitir comprobar quién había contratado efectivamente a los operadores y qué servicios se habían facturado.