El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) BLOQUE 2
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La revisión del acceso al despacho volvió a cobrar importancia.

En la investigación inicial se había observado que la cerradura no presentaba señales claras de forzamiento. Aquello había permitido considerar distintas posibilidades, entre ellas el ingreso de alguien autorizado o el uso de una llave disponible fuera del control personal de Mena.

Elena abrió el informe técnico y las declaraciones de quienes podían acceder al lugar.

Pablo disponía de su propia llave. También existían accesos asignados a dos asistentes y al personal de mantenimiento. Una empresa externa había realizado trabajos menores en el inmueble meses antes del homicidio.

Durante aquella intervención se había comunicado la pérdida de una llave de servicio.

En ese momento no se registró un robo asociado con el hecho.

La incidencia quedó asentada, pero no se había establecido que la llave perdida hubiera sido utilizada posteriormente.

Martín examinó la fecha.

—¿Podrían haber hecho una copia?

—Es una posibilidad —respondió Elena—. No tenemos constancia de que ocurriera.

La ausencia de marcas visibles en la cerradura no permitía determinar por sí sola el medio de acceso. Tampoco demostraba que Mena hubiera abierto voluntariamente la puerta a quien lo atacó.

Las fotografías de la escena mostraban que no había existido una pelea prolongada. Los informes describían un ataque compatible con una situación en la que la víctima no llegó a ofrecer una resistencia extensa.

Pero la secuencia exacta entre el ataque y el registro documental continuaba necesitando comprobación.

Adrián preguntó si podía haberse buscado primero la carpeta y producido después la agresión.

Elena señaló que ambas posibilidades debían contrastarse con los rastros de la escena y los datos temporales disponibles.

El orden no podía deducirse únicamente de que los papeles hubieran quedado relativamente concentrados en una zona.

La nueva documentación les permitía interpretar mejor el objetivo de la búsqueda, no reconstruir automáticamente cada minuto del homicidio.

Martín abrió la información comercial de la empresa que había trabajado en el inmueble.

Su administrador aparecía posteriormente como proveedor de Roberto Navas.

La conexión había surgido al ampliar los movimientos profesionales y comerciales relacionados con Navas, no durante las diligencias originales sobre la cerradura.

Elena había solicitado comprobar el alcance de ese vínculo.

Una relación de proveedor no probaba que la empresa hubiera facilitado una llave ni que hubiera intervenido en el crimen.

Pero justificaba recuperar los registros de servicio y determinar quién había tenido acceso a las llaves antes de la muerte de Pablo.

Clara preguntó si la investigación inicial había relacionado a la empresa con la desaparición de documentos.

—No —respondió Elena—. El vínculo apareció cuando cruzamos los datos de Navas con el expediente del despacho.

La investigación estaba encontrando conexiones posteriores entre elementos que originalmente habían sido examinados por separado.

Eso podía producir avances, siempre que no convirtieran la coincidencia en causalidad.

Elena pasó al registro de comunicaciones de Mena.

Dos días antes del homicidio había recibido una llamada breve desde una línea prepaga cuya titularidad no estaba establecida en la documentación disponible.

La llamada ya figuraba en la causa.

Lo que había cambiado era el cotejo con otros registros.

La misma línea había mantenido contacto días antes con un número utilizado por Roberto Navas.

Martín pidió que confirmara el dato.

Elena le mostró el tráfico de comunicaciones.

La conexión entre los números estaba documentada. No conocían el contenido de las llamadas ni podían asegurar quién había utilizado físicamente cada dispositivo en todos los contactos.

—Una comunicación no es una orden —dijo Elena—. Pero ahora tenemos motivos concretos para investigar esa línea.

Adrián miró la cronología.

La llamada a Pablo se produjo cuando su trabajo ya había alcanzado las referencias de Santillana. El proyecto privado buscaba una posible copia de conjunto y registraba el interés de otros investigadores en la misma documentación.

Ese contexto daba mayor relevancia al contacto.

No probaba qué se habló.

Tampoco vinculaba directamente la línea con Julián Velasco.

Elena insistió en mantener separadas ambas cuestiones.

Navas aparecía conectado con un número que había llamado a Mena. Velasco figuraba dentro del circuito profesional de los informes privados.

Establecer una relación entre ambos hechos exigía documentos o comunicaciones adicionales.

Martín volvió al expediente penal.

La causa por la muerte de Pablo contaba con Esteban Llorca como detenido. Los nuevos hallazgos no anulaban las pruebas reunidas contra él ni permitían atribuirle automáticamente toda la búsqueda documental.

Elena necesitaba determinar si el registro del despacho había sido realizado por una sola persona y si los materiales sustraídos habían circulado después fuera de la escena.

Adrián preguntó si podía existir una relación entre quien ejecutó el ataque y quienes querían los documentos.

—Eso es lo que estamos investigando —respondió Elena—. No voy a deducirla solamente porque la búsqueda privada y la víctima compartieran un interés.

La diferencia era decisiva.

Una empresa podía haber seguido legítimamente los mismos archivos que Mena.

Otra persona podía haber obtenido información sobre su trabajo.

Y la responsabilidad por la violencia tenía que establecerse mediante pruebas de participación concreta.

Clara contempló la fotografía del despacho.

Los papeles faltantes habían parecido, durante mucho tiempo, un aspecto secundario de una escena de homicidio.

Ahora eran una vía para comprender qué información pudo haber desaparecido junto con Pablo.

Elena cerró el informe de acceso.

La cerradura sin daños, la llave declarada perdida y el vínculo comercial posterior no demostraban una preparación delictiva.

Sí ofrecían hechos que podían cotejarse con los movimientos de quienes aparecían en la matriz.

Y la línea prepaga introducía una conexión de comunicaciones que ya no debía permanecer aislada dentro del expediente.