El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) CAPÍTULO 22 RASTROS DEL PRIMER CRIMEN
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CAPÍTULO 22 RASTROS DEL PRIMER CRIMEN

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Elena Salcedo volvió a examinar el despacho de Pablo Mena a través de las fotografías tomadas durante las primeras diligencias.

La habitación había sido intervenida y restituida mucho antes.

No tenía sentido regresar a ella esperando que los muebles conservaran una pista que la investigación inicial no hubiera registrado.

Lo que necesitaban estaba en el expediente policial, en los respaldos informáticos recuperados y en la documentación que habían conseguido ordenar desde la apertura del Memorial.

Sobre la mesa de trabajo extendió el inventario de la escena y colocó a su lado una reproducción digital autorizada de la relación introductoria de Hernando de Burgos.

El original permanecía en conservación.

La comparación no exigía manipularlo nuevamente.

Martín Arce llegó con las copias de los informes privados y las versiones fechadas de la matriz de seguimiento.

Adrián Valcárcel y Clara Montalvo se incorporaron después.

Elena había pedido que estuvieran presentes porque algunos términos utilizados por Mena solo podían interpretarse correctamente a la luz de lo que acababan de encontrar en el archivo.

La muerte del investigador había marcado el comienzo de la causa.

Sin embargo, durante las primeras diligencias no conocían el alcance de su búsqueda documental.

Sabían que había trabajado sobre la sepultura y que faltaban materiales de su despacho.

Todavía no podían relacionar esas ausencias con la cadena de Santillana ni con una copia de conjunto conservada fuera de la administración ordinaria.

Ahora tenían esa posibilidad.

Martín colocó una fotografía antigua sobre la mesa.

En ella se veía el estante de trabajo de Mena, con una separación entre dos grupos de carpetas. La relación de efectos consignaba una funda vacía y una carpeta de la que no se había recuperado el contenido. También registraba hojas arrancadas de un cuaderno y un sobre abierto.

La escena no permitía saber por sí sola qué había ocurrido primero.

Tampoco demostraba que todos los materiales ausentes hubieran sido retirados por la persona responsable de la muerte.

Pero el inventario ofrecía una base para compararlo con los archivos digitales.

Elena abrió una de las notas recuperadas del ordenador de Pablo:

“Inscripción antigua posiblemente vinculada a relación familiar anterior a reforma de memoria.”

Adrián la leyó con atención.

La frase había sido escrita antes de que el equipo pudiera examinar la inscripción cubierta. Mena todavía no conocía la documentación completa de Hernando ni la orden que había llevado la relación breve a la sepultura.

Había formulado, sin embargo, una hipótesis sobre la existencia de una memoria anterior.

—No sabía cuál era la relación original —dijo Adrián—. Pero había comprendido que la versión visible podía no ser la primera.

Martín abrió la anotación siguiente:

“Santillana — preguntar por papeles de sucesión.”

Clara se acercó.

—¿Esa nota estaba en el material recuperado del despacho?

—No en los soportes incautados inicialmente —respondió Elena—. Se reconstruyó después a partir de un respaldo automático.

Aquel detalle resultaba importante. En las primeras diligencias habían observado que determinados archivos de Mena ya no estaban disponibles en su equipo. La recuperación posterior mostró que parte de su trabajo había sobrevivido en copias almacenadas antes de la eliminación.

Martín presentó el informe técnico.

Entre los archivos afectados había documentos cuyos nombres o contenidos se relacionaban con Santillana, Valderrama, la sepultura y la procedencia de papeles antiguos.

No todo el trabajo de Mena había desaparecido.

La selección parecía concentrarse en la línea que unía la inscripción funeraria con la investigación archivística.

Elena pidió que evitaran una conclusión excesiva.

El patrón permitía sostener que la eliminación afectó material relacionado con una búsqueda concreta. Para afirmar que una sola persona había elegido todos los archivos necesitaban establecer los accesos y la secuencia de operaciones.

Lo mismo ocurría con los documentos físicos faltantes.

Adrián examinó la relación original del despacho.

Entre los materiales que no habían aparecido figuraban reproducciones fotográficas de la tumba, transcripciones de inscripciones y una libreta con referencias archivísticas.

Una carpeta estaba identificada en los registros de Mena como:

“Procedencias antiguas — Burgos / Santillana.”

Martín permaneció mirando el título.

Aquella denominación reunía dos referencias que, antes del hallazgo del Memorial, parecían pertenecer a investigaciones separadas.

Ahora sabían por qué podían estar vinculadas.

La memoria antigua de la sepultura formaba parte de la compilación que Hernando había entregado a Santillana. Los cambios posteriores de custodia explicaban por qué seguir esa vía exigía reconstruir el paso por la fundación, la administración capitular y las signaturas históricas.

Mena había llegado a una parte importante de la ruta.

Elena colocó al lado la matriz del proyecto privado.

Los nombres utilizados por Pablo coincidían con las referencias que aparecían en las búsquedas de Patrimonio del Norte.

La empresa había seguido a Fernando y su descendencia, mientras los informes de Armentia y Marta Llorente exploraban la posible supervivencia de una cubierta vinculada con Santillana.

La coincidencia mostraba un objetivo documental compartido.

No demostraba todavía que los responsables del proyecto hubieran conocido personalmente todos los avances de Mena ni que hubieran intervenido en la desaparición de sus papeles.

Pero la anotación de seguimiento que mencionaba sus consultas sobre la inscripción, fechada antes de su muerte, hacía necesario investigar cómo había circulado esa información.

Clara volvió a la fotografía del estante.

—Quien se llevó aquella carpeta pudo haber buscado algo más que las imágenes de la tumba.

—La documentación sobre su procedencia —respondió Adrián.

Elena señaló el límite.

Era una hipótesis sostenida por las coincidencias entre el material faltante y los registros recuperados.

Para convertirla en un hecho probado necesitaban identificar los documentos sustraídos y reconstruir quién los había obtenido.

Habían descubierto qué podía hacer valiosa la carpeta.

Todavía no sabían dónde había terminado.