CAPÍTULO 10 SEÑALES EN UNA CUBIERTA DETERIORADA
BLOQUE 1
La caja de conservación número doce volvió a ocupar la mesa de revisión.
Clara Montalvo había solicitado una inspección exterior más detallada de la cubierta que permanecía protegida dentro de la carpeta cuatro.
No se trataba de repetir la identificación realizada mediante las fotografías antiguas, sino de documentar sus características materiales con suficiente precisión para preparar la futura apertura y comparar las señales visibles con las descripciones conservadas en los diferentes inventarios.
La autorización seguía limitada al exterior. El contenido no podía desplegarse ni alterarse, y cualquier movimiento de la protección secundaria debía realizarlo el personal de conservación.
Martín Arce colocó junto a la mesa el expediente correspondiente a HP-47, la antigua referencia de Históricos Protegidos. La unidad había pasado después a C12/4, según una transferencia que ya habían comprobado. No existía motivo para confundir la signatura histórica con el contenedor moderno.
Adrián Valcárcel observó mientras el conservador verificaba las condiciones de trabajo y retiraba la protección exterior necesaria para examinar la cara anterior de la cubierta.
Elena Salcedo permaneció junto a la puerta. Seguía de cerca la investigación documental porque sus resultados podían aclarar qué habían conocido las empresas privadas, pero no intervenía en la manipulación.
La cubierta apareció sobre el soporte preparado para sostenerla.
Clara la había visto antes en las fotografías de conservación.
Aun así, la presencia material ofrecía una percepción diferente.
El soporte antiguo presentaba un tono parduzco irregular, con pliegues fatigados y pérdidas pequeñas en los bordes.
Las zonas que habían soportado mayor presión mostraban deformaciones que debían registrarse antes de cualquier maniobra sobre el interior.
El informe anterior describía el material como papel fuerte o cartulina antigua.
Clara mantuvo esa identificación provisional.
La composición exacta del soporte requeriría una evaluación técnica específica y no había razón para sustituirla por una atribución distinta basada únicamente en su apariencia.
Martín abrió la relación más antigua de Santillana:
“Una cubierta vieja, sin título, señalada con dos trazos cruzados y una H pequeña.”
Después colocó junto a ella la descripción moderna:
“Cubierta antigua. Dos trazos incisos. Restos de anotación manuscrita superior.”
La fotografía obtenida durante la transferencia a conservación ya había mostrado aquella correspondencia. Lo que buscaban ahora era una descripción material más completa que no dependiera exclusivamente de la interpretación visual de imágenes tomadas en distintas épocas.
Clara examinó la posición de las incisiones mediante iluminación lateral controlada.
Los trazos se cruzaban sobre la cara anterior.
Sus trayectorias no eran perfectamente rectas y la presión había producido alteraciones desiguales en la superficie.
Esas diferencias resultaban útiles para la comparación, aunque no permitían afirmar que ambos hubieran sido ejecutados por una misma persona.
Adrián preguntó si podían determinar su función.
—No solo por la forma —respondió Clara—. Pueden haber servido para reconocer la cubierta, pero primero debemos comprobar cómo aparecen descritos en los documentos antiguos.
Martín consultó las referencias reunidas durante la investigación.
Una relación los denominaba dos trazos cruzados. Otra mencionaba una cubierta marcada y una revisión posterior conservaba la noticia de dos incisiones en la parte frontal.
La correspondencia era consistente.
Clara registró la orientación y la ubicación de las marcas, añadiendo fotografías con escala. La iluminación rasante permitió distinguir mejor los bordes de las incisiones sin modificar la superficie.
No necesitaban atribuirles un significado oculto.
Lo importante era que las mismas señales habían servido para reconocer la unidad en diferentes momentos de su trayectoria.
Adrián volvió la atención hacia el margen superior.
Allí permanecían los restos de la anotación manuscrita.
La forma visible sugería un trazo vertical acompañado por otro deteriorado. Era comprensible que la mente intentara completarlos como la pequeña H mencionada por Santillana, pero la imagen no permitía confirmar aquella lectura.
Clara lo advirtió antes de que alguien formulara una conclusión.
—La registramos como señal manuscrita superior. La identificación de la letra queda pendiente.
Elena preguntó si el deterioro podía impedir que llegaran a reconocerla.
Era posible.
El trabajo de conservación no consistía en obligar al soporte a ofrecer una respuesta. Si las técnicas no invasivas no aportaban información suficiente, la incertidumbre debía mantenerse.
Adrián aceptó la limitación.
Los inventarios antiguos vinculaban la cubierta con Hernando. No necesitaban transformar unos restos de tinta en una firma para sostener una procedencia que estaba documentada por otras vías.
La unidad ya había sido localizada.
Sus marcas principales coincidían.
Ahora tenían que averiguar cuánto podía aportar el estado material sin poner en riesgo aquello que todavía permanecía dentro.