El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) BLOQUE 3
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La respuesta estaba en los recuentos.

Martín no los había considerado decisivos al principio.

Había estado concentrado en descripciones y equivalencias.

Al final de la tarde decidió comparar la información material registrada en cada etapa.

La pieza 16 no indicaba número de hojas.

Históricos 9/3 sí:

“Ochenta y seis hojas y cuatro cuadernillos.”

La carpeta familiar sin número conservaba:

“Ochenta y seis hojas, cuatro cuadernos pequeños.”

DHI-32 registraba:

“Ochenta y seis folios, agrupados en cuatro secciones principales.”

Y H-47:

“Ochenta y seis hojas conservadas, con varios cuadernillos internos.”

Clara observó inmediatamente la estabilidad del número.

Martín mantuvo la cautela.

Había que comprobar si todos los inventarios contaban de la misma manera.

Un folio podía ser entendido de forma distinta según la época o la persona que describiera el material.

Pero la coincidencia repetida de ochenta y seis unidades era demasiado consistente para ignorarla.

Buscaron notas sobre extracciones.

No encontraron ninguna.

Tampoco préstamos no reintegrados ni transferencias parciales.

Las reorganizaciones trataban la cubierta como una unidad completa.

Eso permitía hablar de una continuidad material muy fuerte.

Los cuatro cuadernillos ofrecían otra posible correspondencia.

Una descripción posterior hablaba de:

“Cuatro grupos principales y hojas intermedias.”

La estructura podía coincidir con los grandes bloques documentales conocidos por los inventarios de Santillana.

No era posible identificarlos todavía uno por uno.

Pero el patrón resultaba compatible.

Martín comparó también las dimensiones.

Los informes modernos incluían medidas precisas de la cubierta.

La descripción antigua de Santillana era mucho menos exacta y solo decía que se trataba de una cubierta menor que un libro de cuentas y algo más ancha que un protocolo ordinario.

No servía como comparación métrica.

Sí permitía descartar otra cosa.

Nunca habían estado siguiendo un gran volumen encuadernado.

La unidad actual era una cubierta flexible que contenía cuadernillos y hojas sueltas.

Exactamente el tipo de objeto que las fuentes antiguas describían.

Cada nueva comprobación reducía las alternativas.

Elena preguntó qué quedaba por hacer.

Martín fue preciso.

Necesitaban llegar físicamente hasta la caja de conservación.

Todavía sin abrir la carpeta.

Comprobar la etiqueta actual y las referencias antiguas adheridas o conservadas con la unidad podía aportar una última verificación externa antes de manipular el interior.

No hacía falta examinar los documentos todavía.

Bastaba una inspección bajo supervisión.

Adrián volvió a mirar la sucesión completa.

La cubierta había entrado sin número.

Después fue pieza 16.

Más tarde pasó a Históricos 9/3 y terminó durante un tiempo como carpeta familiar sin numeración propia.

La modernización del catálogo la convirtió en DHI-32.

La conservación la llevó a H-47.

Finalmente llegó a C12/4.

El número de nombres podía hacer parecer que estaban siguiendo unidades distintas.

En realidad, la pérdida progresiva de información explicaba por qué nadie había logrado reconstruir fácilmente la cadena.

Primero desapareció Santillana del catálogo.

Después las referencias concretas a sucesión y sepultura fueron reduciéndose.

Más tarde incluso la procedencia quedó sin resolver.

Lo único que permanecía constante era la decisión de conservar el conjunto unido.

Martín preparó una tabla final de equivalencias para el expediente de trabajo.

No necesitaban convertirla en un elemento dramático.

Era una herramienta de control.

Permitía comprobar cada transición sin depender de memoria ni de semejanzas.

Clara la leyó.

—Si alguien buscaba literalmente “Memorial de Burgos”, era casi imposible llegar hasta acá.

Martín asintió.

Una signatura aislada tampoco ayudaba demasiado.

Era necesario reconstruir qué había existido antes y qué clasificación había venido después.

Eso explicaba la duración de las búsquedas privadas.

Velasco había recurrido durante años a consultoras e intermediarios porque no buscaba simplemente un objeto oculto.

Intentaba reconstruir una identidad archivística perdida.

Elena preguntó si existía prueba de que hubiera llegado hasta las signaturas modernas.

No.

Sabían que había seguido Santillana y las transferencias hacia Burgos.

También los patronatos.

Pero nada demostraba que hubiera encontrado H-47 o C12/4.

Aquella diferencia podía ser relevante para la investigación penal.

Todavía era pronto para utilizarla.

Clara volvió entonces al informe técnico.

La fecha del traslado de H-47 a la caja 12 coincidía con una reforma de dependencias administrativas del archivo.

No con la sepultura.

Con una reorganización moderna de los espacios de custodia.

Eso introducía otra cuestión.

La siguiente fase ya no dependía únicamente de seguir signaturas.

Tenían que entender dónde había estado físicamente la unidad antes de la reforma y cómo se había producido el traslado.

Qué dependencias habían cambiado de función.

Qué oficina había dejado de utilizarse.

Y si alguna ruptura entre signaturas podía explicarse por esos movimientos materiales.

Martín guardó las reproducciones.

Primero debían comprobar la caja.

Después entenderían el espacio.

Adrián volvió a mirar las equivalencias.

Las signaturas habían cambiado una y otra vez.

La unidad había perdido su nombre y parte de su procedencia visible.

Pero cada generación de archiveros había encontrado una razón para mantenerla agrupada.

Al final de aquella sucesión de letras y números ya no había una hipótesis abstracta.

Había una ubicación concreta:

Caja de conservación 12. Carpeta 4.

Antes de abrirla, quedaba una comprobación externa.

Verificar que la cubierta que había atravesado todas aquellas reclasificaciones seguía físicamente allí.