CAPÍTULO 1 EL ÚLTIMO REGISTRO DE INGRESO
BLOQUE 1
La Catedral de Burgos volvía a ser el principio y el final.
Adrián Valcárcel lo pensó mientras avanzaba hacia las dependencias documentales. Durante meses habían trabajado lejos de allí, siguiendo monasterios, archivos familiares y fondos privados que parecían alejar cada vez más la investigación de la sepultura donde todo había comenzado.
Sin embargo, la trayectoria del Memorial había terminado describiendo una curva inesperada.
El conjunto preparado por Hernando de Burgos, entregado después a Santillana y conservado durante generaciones en circuitos patrimoniales, había regresado a Burgos dentro de una transferencia administrativa.
No volvió como una pieza excepcional.
Había regresado como documentación.
Precisamente por eso toda la historia resultaba verosímil.
Martín Arce caminaba unos pasos detrás de Adrián con una carpeta bajo el brazo. Había recuperado buena parte de su movilidad, aunque todavía evitaba algunos movimientos bruscos.
Las consecuencias del atropello no terminaban en el dolor físico.
Ahora comprobaba quién podía ver una consulta antes de abrir determinadas signaturas y pensaba dos veces qué información transmitía por mensajería. También había dejado de discutir cuando Elena Salcedo pedía conocer sus desplazamientos relacionados con el Memorial.
Clara Montalvo los esperaba junto a la mesa de trabajo.
Había reunido las reproducciones que permitían llegar hasta aquella ubicación.
El asiento de ingreso procedente del patronato seguía siendo la pieza inicial.
Después aparecía la referencia a una cubierta con documentación sucesoria y memoria funeraria.
Las tablas posteriores permitían seguirla hasta H-47 y, desde allí, a la caja de conservación 12.
Al final de esa cadena aparecía:
Carpeta 4.
Adrián se sentó.
Conservación todavía no había autorizado la apertura.
Eso no alteraba el método.
Si aquella carpeta era realmente la cubierta preparada por Hernando, abrirla debía ser el último paso de identificación.
No el primero.
La cadena documental debía sostenerse aunque todavía no pudieran levantar una sola hoja.
Clara volvió al asiento conocido:
“Una memoria de sucesión y sepultura, en cubierta antigua, que se dice venida de Santillana.”
Ese documento demostraba la entrada.
Más adelante aparecía H-47.
Después, la equivalencia con la ubicación de conservación.
Martín señaló el vacío que todavía quedaba entre ambos extremos.
—Nos falta el primer registro interno.
Adrián entendió inmediatamente.
Sabían que la cubierta había ingresado en el archivo de la Santa Iglesia.
También podían demostrar que mucho tiempo después existía dentro de la institución una unidad compatible.
Las reorganizaciones permitían enlazar ambas referencias.
Pero todavía podían afinar algo fundamental.
¿Qué nombre recibió la cubierta cuando fue incorporada por primera vez al archivo?
Martín abrió su carpeta.
Había encontrado una mención a un libro de ingresos distinto del registro general que ya conocían.
Parecía destinado específicamente a documentación que no pertenecía de origen a las series capitulares.
Clara recordó la clasificación empleada en otras épocas.
Papeles recibidos de terceros.
La hipótesis encajaba perfectamente.
El Memorial no había nacido dentro del archivo capitular.
Había llegado desde una administración externa para quedar bajo custodia.
Martín mostró un índice antiguo.
Una anotación decía:
“Libro de papeles recibidos fuera de las series propias.”
Debajo:
“Memorias, patronatos, escrituras sin incorporación inmediata.”
Adrián observó la referencia.
Si el volumen sobrevivía, podía contener la primera descripción interna de la cubierta antes de que comenzara la sucesión de reclasificaciones que había ido borrando su procedencia.
El problema era localizarlo.
El título antiguo no aparecía en el catálogo actual.
Eso no sorprendía a nadie.
Toda la investigación había demostrado que los nombres podían desaparecer mucho antes que los documentos.
Martín encontró una segunda referencia:
“Véase libro nuevo de entradas de papeles extraordinarios.”
La fecha coincidía con la transferencia del patronato.
Eso lo convertía en el candidato correcto.
Si aparecía allí un asiento específico, podrían conocer cómo fue descrita la cubierta inmediatamente después de llegar a Burgos.
Antes de que se transformara en papeles de patronato.
Después en documentación ajena.
Más tarde en históricos.
Y finalmente en una unidad de conservación.
Cada nueva denominación había conservado menos información que la anterior.
El registro más próximo al ingreso podía contener precisamente aquello que después se perdió.
Martín tenía además una pista sobre el destino del volumen.
Durante una reorganización del siglo XX, varios instrumentos antiguos de descripción habían sido apartados del fondo general y enviados a una dependencia auxiliar.
Una referencia posterior decía:
“Instrumentos antiguos de archivo. No integrados en catálogo corriente.”
Adrián se recostó.
Eso era suficiente para continuar.
Esta vez no estaban buscando directamente el Memorial.
Buscaban el documento que había registrado su regreso.