El riesgo de desearte (Los Hunt nº 3) Capítulo 18
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Capítulo 18

Logan

—¡Buenos días! —saludé a Emma con un beso cálido. Siempre parecía guapa por las mañanas, mucho más después de lo que pasó ayer. Parecía la repetición de tantas otras mañanas, pero algo nuevo dominaba el aire. Era oficial: Logan Hunt era un hombre de familia.

—Buenos días —susurró con una sonrisa. —Me desperté con algunas decisiones, pero primero el café.

—¿Qué decisiones? —pregunté, temeroso. ¿Será que va a renunciar a todo hoy?

—Nada sobre ti,  estúpido ! —explicó Emms y pasó el dedo por mi nariz en una caricia ligera. —Debería volver a trabajar, pero no quiero regresar a mi antiguo empleo. Es gracioso cómo cambian nuestras prioridades.

—¿Y por fin vas a rendirte a los Hunt?

—Sí —se rió. —Voy a suplicar por un empleo cuando nuestra hija sea más mayor.

—Nuestra hija —respondí, saboreando las palabras. —Necesitamos un buen nombre. No quiero arruinar su vida.

—Como hicieron los padres de Morgana.

—Exactamente —reí.

—La otra decisión es mucho más simple —me miró a los ojos y respiró hondo antes de hablar. —Quiero casarme contigo, de verdad, a nuestra manera. Para que seas el marido que tanto quisiste demostrarme que podías ser.

Sonreí y la besé profundamente. Entonces, recordé algo. Mierda...

—Sobre eso... Emma, hice algo muy malo, lo siento, yo... yo... olvidé enviar los papeles del divorcio —revelé con vergüenza, listo para su enfado.

Emma fijó sus ojos en mí y carraspeó, pareciendo asimilar la idea mientras se acomodaba en la cama con una mirada aguda. Fueron los segundos más largos de mi vida.

—¡Tu familia va a  flipar  cuando descubra que hemos ganado la apuesta! —Se rió a carcajadas, y noté que todo estaba bien. Siempre estaría bien, porque Emma estaba aquí.

—Pero quiero hacerlo correctamente. No tuvimos elección la primera vez.

—¿Cómo?

—Emma Sanders, ¿quieres casarte conmigo?

—¿En serio, Logan? ¿Ahora?

—Sí. —Me levanté y corrí al dormitorio, donde los anillos de aquel día descansaban sobre el certificado de matrimonio olvidado en un cajón de la mesilla. Volví a la sala y se lo enseñé a Emma, que esbozó una sonrisa al notar las alianzas.

—Ni siquiera recordaba qué habíamos hecho con ellas.

—Toda esta historia solo me demostró lo emocional que soy. Quise guardarlas. Las dejé con el documento olvidado...

—¿Cómo se olvida alguien de presentar el divorcio? Debería estar tan enfadada... —resopló —, pero parece que el destino nos quiere juntos.

—Es una petición seria, Emma. ¿Quieres casarte conmigo?

—Claro —afirmó, emocionada. —El paquete completo. Marido, hija, una casa... siempre lo quise todo contigo. Quiero cada una de esas cosas contigo.

—Voy a cumplir cada una de ellas —respondí y puse la alianza en el dedo de Emma y en el mío, observando cómo nunca deberían haber salido de allí.

—Siempre fuiste tú, querida. Incluso cuando no lo sabía.

Creo que por eso dudé y olvidé lo de nuestro divorcio.

No quería deshacerme de esta conexión entre nosotros...

—¿Crees que, sin esta confusión de Las Vegas, nunca habríamos estado juntos? —preguntó en un hilo de voz.

—Estábamos tan asustados que  habría  tardado aún más tiempo que todos estos años, pero sé que en el momento en que tocara tus labios, lucharía por nosotros dos.

—Te quiero, Logan. Incluso cuando me vuelves loca.

—Y yo te quiero —dije con una sonrisa. —No te librarás de mí. La mejor base para el amor es la amistad, y nosotros sabemos hacerlo bien.

—Sabemos hacer bien muchas cosas —respondió con un tono seductor. —Solo fuimos demasiado idiotas para esperar. Para probar...

—¿Alguien se arrepiente de no haber conocido al señor pollón antes, verdad?

—Logan —suspiró en un tono cómico e irritado. —Tienes 30 años. Deja de poner apodos a tus partes.

—Ahh... Emma. No importa el nombre, solo lo que hace.

—¿Por qué te aguanto desde hace tanto tiempo?

—Amor —concluí simplemente. —Acepta cada uno de nuestros defectos y tonterías. Las cosas más bobas e irritantes.

—Amor —asintió y dio un suspiro satisfecho. Me abrazó y pasamos unos minutos perdidos el uno en el otro, en un silencio tranquilo que decía muchas cosas.

Era la primera vez en dos décadas que me permitía amar a mi mejor amiga abierta y libremente.

Su cuerpo dispuesto a mi tacto sin artificios ni excusas, la posibilidad de estar cerca de ella y demostrar que la amaba.

Era extraño e impresionante ver en los ojos de Emma la forma en que me correspondía, como si nada hubiera cambiado y al mismo tiempo todo se hubiera transformado.

Pasaría algún tiempo hasta acostumbrarme a la idea, pero estaba emocionado por aprender a transformar nuestra amistad en una relación duradera.

Ni yo ni Emma teníamos prisa por contarlo a la gente.

Desde el inicio de nuestra confusión de amistad y amor, en Las Vegas, nos volvimos más íntimos de lo que ya éramos.

Manos cogidas, abrazos, visitas casi diarias.

Con la mudanza de Emma a mi casa, nadie se atrevía a preguntar si lo que teníamos era una amistad profunda o un amor no correspondido.

Nos aprovechamos de eso, actuando como una pareja sin hablar de ello.

Era nuestro pequeño secreto. Era algo nuevo, y queríamos disfrutarlo en nuestro capullo antes de que mi familia tan entrometida nos asfixiara a preguntas, resultados de apuestas y bromas sobre cómo sabían que algún día pasaría.

Más de dos décadas de Emma en mi vida, siendo la mujer de mi vida, con quien compartí mis secretos, mis manías, mi forma de ver el mundo y que me conocía como pocos.

Más de veinte años para darme cuenta de que mi mejor amiga podía ser también mi gran amor.

Esposa. Me gustaba saborear esa palabra, aunque Emma quisiera una fiesta para celebrar nuestra unión.

Pero siempre tendríamos Las Vegas y la noche loca que nos unió.

También necesitábamos contar a la familia que nosotros dos habíamos ganado la apuesta y que íbamos a decidir quiénes serían el padrino y la madrina del bebé.

Era un dilema revelar el matrimonio de Las Vegas, que estábamos juntos y sobre todo quiénes serían las personas elegidas.

Unos días después de nuestra declaración, Emma decidió que Lizzie sería la madrina, aunque fuera de forma póstuma, ya que su salud estaba pendiendo de un hilo.

La ex prometida de mi hermano mayor parecía consumirse frente a nosotros, cada vez más frágil con cada nueva visita o llamada de vídeo.

Para empeorar la situación, decidimos que Jason sería el padrino.

Sin él, no habría ido a Las Vegas y nada de lo que pasó después de aquel fin de semana habría ocurrido.

Gracias a él, tampoco necesité lidiar con Emmett y sus comentarios sobre Emma.

La negociación era responsabilidad de Matt y de mi hermano mayor, y volví a mi lugar en el área jurídica.

Cada vez que miraba a Emma y su cabello claro, ojos verdes y sonrisa sincera, pensaba en mi hermano diciendo que ella siempre sería mi constante.

Jason y Lizzie juntos podría ser un problema, pero sabía que por nuestra hija harían un esfuerzo.

Por el nacimiento y por nuestra boda. Decidimos hacer una fiesta antes del nacimiento del bebé, para que Lizzie pudiera estar presente.

A los ojos de la justicia, éramos señor y señora Hunt, y Emma me debía una promesa.

Cumplí 30 años y ella debería casarse conmigo.

Quién diría que aquel juramento se convertiría en algo más.

—¿Crees que puedes comer algo mejor que galletas y agua? ¿Una buena carne asada? —pregunté al verla descansando en el sofá de casa de mi madre unos días después. Ya podía alimentarse mejor, pero dentro de una lista limitada de opciones.

Emma estiró sus brazos hacia mí mientras miraba a nuestro alrededor.

Éramos los primeros en llegar, y mi madre y padre estaban en algún otro lugar de la casa, dejándonos solos.

Me abrazó y apoyó la mano de forma protectora en el vientre.

Su barriga no paraba de crecer ahora que habíamos pasado los cuatro meses de gestación.

—Cuando dices esas cosas depravadas, pienso que te quiero más... —confesó en un susurro y sonrió para mí. Emma se acercó y me besó profundamente, haciéndome gemir en respuesta y atrayéndola más hacia mí.

—¡Mamá, papá... hora de cobrar la apuesta! —gritó Matt detrás de nosotros dos. Nos apartamos asustados, saltando uno a cada lado del sofá. Mi hermano mediano y Sarah nos miraban con una sonrisa divertida y abierta curiosidad.

Jason, Jack, Blair y Victoria eligieron ese momento para abrir la puerta de la casa, mientras mamá y papá corrían hacia nosotros con mirada expectante.

Emma intentaba contener una risa a mi lado y estiró la mano hacia mí, cruzando nuestros dedos.

El público frente a nosotros parecía pendiente de cada uno de nuestros movimientos.

—¿Qué está pasando? —preguntó Jason mirando a todos nosotros.

—Matt acaba de pillaros  in fraganti  —contó Sarah, intentando mantener la voz baja.

—No fue exactamente un  in fraganti , solo un beso —replicó Matt.

—Un beso es mejor que cualquier otra cosa que hayan hecho —afirmó Victoria, y Blair me observó desde su posición con una sonrisa cómplice.

—La dejó embarazada, Vic. Creo que hicieron más que eso, estoy seguro —corrigió Jack haciéndonos reír.

—¿Es oficial? —preguntó mamá con expectativa, mi padre a su lado mirando a Emma y a mí como un partido de tenis reñido.

—¡Espera, mamá! —la interrumpió Jason. —¿Quién sigue en la apuesta? La única persona que eligió los próximos meses era yo, ¿no?

Mi hermano mayor esbozó una sonrisa. Era raro verlo así en los últimos años y no quise arruinar su mirada triunfal en busca de reconocimiento en esos pocos segundos. Se enfadaría tanto al saber lo de Las Vegas...

—Es real —anunció Emma tímida. —Hemos decidido estar juntos. Estoy enamorada de su hijo, señora Larson.

—Lo sé, todos lo sabemos —respondió mi madre con una sonrisa. —Igual que Logan te ama desde hace años. Nos habéis irritado muchísimo, ¿sabéis? Pero qué bien que todo está resuelto y ahora tengo un nieto. ¡Un nieto!

—Es una niña —informó Emma. Era la primera vez que veíamos a la familia después del examen.

—¡Ah! ¡Enhorabuena, Emma! —saludó Sarah, saltando sobre mi esposa, seguida de todos los demás, besándonos y abrazándonos con afecto.

—¿Y entonces? ¿Soy el padrino? —preguntó Jason.

—Sí, hemos decidido que eres el padrino, pero no has ganado la apuesta —revelé y todos nos miraron confusos, como si lo que estaba diciendo no tuviera sentido. —En realidad, ninguno de vosotros acertó nada.

—Sí —confirmó Emma. —Es una historia muy graciosa que involucra a Elvis, una vaca y mucho tequila...

Y así empezamos a contar cómo, en un impulso borracho, dos personas que se amaban finalmente estuvieron juntas.