El riesgo de desearte (Los Hunt nº 3) Capítulo 8
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Capítulo 8

Emma

Existía esa cosa que nunca hablábamos hasta que explotaba en nuestra cara.

Yo pedí el primer beso, pero este fue completamente diferente.

Logan me tomó por sorpresa, cayendo hambriento sobre mis labios hasta que no pude hacer nada al respecto.

Quería tanto besarlo que nada nos haría parar.

Respirando hondo, sentí su lengua invadir mi boca y crear ese baile sensual y violento que estábamos guardando dentro de nosotros.

—Bueno, esto tiene sentido. —La voz nos hizo saltar uno a cada lado, separándonos como si estuviéramos haciendo algo muy malo. Miré hacia un lado, donde una tranquila Morgana nos observaba.

—Morgana, yo...

—Está bien, me hablaste de ella, solo no sabía que «ella» era ella. Todo tiene sentido. —Se rió y miró a Daniel a su lado. —¿Quieres tomar algo en otro sitio?

—De acuerdo. Fue un placer, Emma.

Aún recuperando el aliento, vimos a Morgana y Daniel bajar la calle conversando amigablemente, como si no nos hubieran visto juntos. Podía apostar que aún hablaban sobre cachorritos.

—Esto ha sido extraño —afirmé, señalando a los dos.

—¿Qué parte? —Logan habló aún desconcertado. —Emms, estoy afectado, no sé qué ha sido esto. Lo siento, yo...

Empezaríamos de nuevo, de vuelta al punto de partida. No quería arriesgarme, Logan no quería arriesgarse. Viviríamos en ese bucle para siempre. Estaba cansada de no saber qué hacer.

—Vamos a casa —dije. —Necesitamos hablar.

—Emma, prometo no volver a hacerlo, no sé qué pasó... —murmuró, caminando a mi lado.

—No es eso, Logan. Creo que no vamos a superar esto que pasó. Las cosas no se quedaron en Las Vegas, las trajimos, aunque finjamos que no. Sentí celos al verte con ella, me sentí molesta... Necesitamos arreglar esto —confesé, y me miró con una emoción diferente en los ojos.

—Me sentí igual con el alemán. ¿Qué vamos a hacer?

—Entrar en una amistad 2.0, o lo que sea. Una en la que podamos superar esta fijación y volver a ser nosotros dos.

—¿Qué tienes en mente?

—Amistad con derechos, sexo sin compromiso... Son dos películas, ¿verdad?

—¿Como, en serio? —me preguntó, algo avergonzado.

—No sé, ¡no sé nada! —suspiré. Intenté cambiar de tema: —Apuesto a que aún están hablando de los animalitos de Daniel.

—Eran demasiado guapos. Demasiado buenos para nosotros dos.

—¿Eso significa que los dos somos idiotas?

—Eso significa que eran demasiado perfectos para comer pizza viendo la televisión. Van a salvar a muchos animales indefensos y a tener hijos muy rubios. Son personas mucho mejores. —Logan me sonrió, y me relajé sobre lo que estaba por venir.

Caminamos unos metros más, aún riéndonos de Daniel y Morgana, hasta quedarnos en silencio.

Entré en mi minúsculo apartamento, mientras Logan digería la información.

Parecía tan confuso, y podía asegurar que mi expresión era parecida.

Estábamos en un punto sin retorno y necesitábamos avanzar, aunque solo fuera para tener sexo.

Las cosas cambiarían para siempre, aunque, en el fondo, ya habían cambiado cuando desperté aquella mañana y lo encontré desnudo a mi lado.

Cerré la puerta con llave y miré a Logan al otro lado de mi pequeño pasillo. Me miraba profundamente, guardando mis rasgos mentalmente. Acercándose, Logan pasó la mano por mi mejilla, haciéndome cerrar los ojos.

—¿Estás segura? —susurró.

Respondí recortando el espacio entre nosotros.

Nuestras bocas se chocaron medio incrédulas antes de encontrar la misma energía de antes, dejándome mareada y queriendo más.

Logan me atrajo hacia sí, su lengua sondeando mis labios en un dulce tormento.

Su boca devoró la mía hasta hacerme gemir, y sentí la excitación de Logan en mi estómago, dejando mis piernas blandas de deseo.

Igual que en ese vídeo de seguridad, me agarró por la cintura, poniendo mis piernas en su cadera.

Sin dejar de besarme, Logan me depositó en la cama, aprovechando para quitarse la camisa y mostrando su pecho.

Mierda, era tan guapo, tan definido. Volvió a acercarse, besándome profundamente y calentando las cosas entre nosotros.

A pesar de la gran erección en sus pantalones, Logan luchaba por hacer las cosas lentamente.

Apartándose una vez más, empezó a desabrochar botón a botón de mi blusa hasta acabar con mi paciencia.

Lo atraje por el cuello, encajé mis piernas alrededor de su cintura y rodé en la cama, quedando encima de Logan. Aproveché el espacio libre, me quité el vestido por la cabeza, mientras  gemía  por la suave fricción del vaquero de Logan.

—¿Estamos salvajes otra vez? —preguntó, respirando pesadamente.

—Te necesito —revelé bajito, lo que hizo que su expresión cambiara y me atrajera hacia sus brazos con ferocidad.

Su mano sujetaba mi cabeza en un beso y la otra sondeaba mis bragas, masajeando mi clítoris a la perfección. Ya estaba cerca.

—Quiero oírte gemir —dijo entre mis labios.

—Y yo quiero oírte a ti —respondí, abriendo el botón del pantalón de Logan y acariciando su polla mientras él me tocaba.

Logan giró nuestros cuerpos de nuevo, quedando encima de mí. Besando y lamiendo mi cuello, no noté cómo se quitó los pantalones y se tumbó sobre mi cuerpo semidesnudo. Sentí un tirón, y mis bragas desaparecieron, rotas en el suelo en nombre de nuestra salvajada. No me importaba.

En ese momento, quería nuestros cuerpos juntos en una sinfonía sudorosa que calmara los latidos de mi corazón.

Sabiendo lo que necesitaba, Logan guió su polla hasta mi entrada, llenándome completamente  de   primera .

Sentí la luz en el primer impulso de su miembro, en el vaivén vigoroso de su cadera contra la mía.

El ardor en la columna del mejor clímax que nunca había tenido.

Grité, mis dedos hormiguearon, y todo desapareció, menos Logan, que ahora también gemía por su orgasmo.

Éramos muy buenos juntos. Y estábamos jodidos.