Capítulo 5
Logan
—¿Crees que se lo contará a alguien? —preguntó Emma preocupada mientras observábamos cómo subían los pisos hacia la habitación. Habíamos escapado de Emmett y su esposa, anunciando que necesitábamos «empezar la luna de miel lo antes posible».
—Lo dudo. Ya no voy a discutir nada directamente con él.
—Pero ¿y si dice algo? ¿Y si se lo dice a Jason?
—Vamos a resolverlo, Emms, ¡tranquila!
—Tu familia va a meterse con esto para siempre. ¡No pueden saberlo!
—Yo me encargaré, ¿vale? Voy a descubrir cómo anular nuestro matrimonio y dejarte soltera de nuevo. Nadie va a saber que abusaste de mi cuerpo en Las Vegas, dientuda.
—Muy gracioso. Tengo unos chupetones bastante feos para demostrar que fue al revés.
—Y yo tengo arañazos. A los dos nos gusta ser salvajes —completé y levanté una ceja con una carcajada, esperando que me corrigiera. —Estaba pensando... ¿qué tal una roadtrip ?
—¿Cómo?
—Estás de vacaciones, mañana es sábado. Vamos a volver conduciendo en lugar de coger un vuelo. Son seis horas hasta casa, y ya hemos perdido nuestro avión. Aún siento que debo devolverte el favor de haber venido hasta aquí.
—Pagaste el spa —reveló ella.
—¿Pagué?
—Pagaste. Y mi almuerzo también.
—Por favor... —pedí y vi la cabeza de Emma negar y ceder en pocos segundos mientras la observaba expectante. Siempre había sido así de prudente, pero se dejaba influenciar por mi mente malvada.
—¡Vale! Voy a recoger nuestras cosas —anunció y sonrió en señal de acuerdo.
Dejé a Emma en la habitación recogiendo el resto de nuestras maletas, mientras cerraba la cuenta en el hotel y alquilaba un coche para conducir.
Me llamó en cuanto terminó y subí para ayudarla con su mochila y mi bolsa de viaje.
En cuanto bajamos, el coche ya estaba a nuestra disposición y Emma fue directamente al asiento del acompañante.
Conduciría una hora o dos, pero nada más.
Odiaba estar al volante y prefería viajar en avión a estar aplastada en un espacio pequeño.
Solo aceptaba muchas horas dentro de vehículos por mi compañía.
—Quiero dejar claro que estoy aquí solo porque tenemos solo seis horas por delante. ¡Nunca más me vas a arrastrar a Disney otra vez! —explicó y se puso el cinturón haciendo una mueca. Solo hicimos un viaje así una vez durante nuestras primeras vacaciones en la universidad.
Mi padre tenía negocios en Nueva York y logré arrastrar a Emma en un vuelo comercial.
Después de una semana en la Gran Manzana, convencí a Emms de que necesitábamos una roadtrip hasta Disney.
Estuvimos dentro del coche durante 18 horas.
Emma quería matarme al final del viaje y renunció a ir a Disney ese día.
Paramos en un hotel, durmió durante diez horas, pasamos un día siguiente maravilloso en el Magic Kingdom y entonces desapareció.
Emma huyó de mi viaje en coche y cogió un avión a Los Ángeles por miedo a que insistiera en seguir en la carretera.
—De acuerdo —me reí. —Nada de Disney, pero he planeado algunas paradas.
—Logan... —gimió. —¿Qué quieres hacer?
—Primera parada: tienda de conveniencia .
—¿Cómo? Podríamos haber comido en el hotel.
—En la carretera, hay que comer porquería, mi amor.
—Vale, ¿y después?
—Gran Cañón.
—¡Esto es al otro lado! Logan...
—Te prometo que va a ser genial.
—Nunca has sido genial, ¿cómo vas a prometerlo?
—Emms, elige una canción.
—¿Cómo?
—Si no empiezas a cantar, te vas a quejar, y no estoy de humor para la Emma quejica. Hoy quiero a la Emma aventurera.
—¡Son la misma persona, idiota! —Abrió su bolso y buscó en el móvil. Al emparejarlo con mi radio, empezó a sonar «Wannabe».
—¿ Spice Girls , en serio?
—Te gusta.
—Eres una mentirosa.
—Vamos, Logan, te conozco. Te sabes las coreografías porque te las enseñé —anunció presumida, haciéndome cantar el estribillo de «Wannabe» entre carcajadas.
Después de escuchar entero el álbum de Spice Girls y cantar algunas partes con Emma, que muy emocionada jugaba con el móvil como si fuera un micrófono, paré en una tienda de conveniencia .
—¿Aquí?
—Aquí. Vamos a conseguir chicles de dos kilómetros.
Entramos en la tienda y cogí una bolsa gigante de Doritos mientras Emma fue al otro lado y agarró chicles, caramelos de colores y refresco de uva. Los dos éramos adictos a ese sabor, mientras Matt y Jason siempre torcían el gesto ante nuestra manía.
—Estos Doritos alimentan a una familia pobre durante una semana —dijo, señalando la bolsa gigante.
—Pero está bueno, recuerda... porquería.
—Lo sé, pero es gigante. Y además, esto es poliestireno expandido. Podemos hacer explotar el coche con esto si no morimos por el olor antes.
—No vas a tocar mis Doritos.
—Obviamente voy a coger, comida de viaje, ¿recuerdas?
—¿Cuánto tiempo lleváis casados? —preguntó una señora detrás de nosotros en la fila al mismo tiempo que lidiamos con los Doritos gigantes, las latas de refresco y los chicles. —Parecéis una pareja divertida.
Emma se quedó helada antes de guiñarme un ojo. Aún no sabía si estaba bien o no con nuestra situación.
—Solo somos amigos.
—Oh, niños, tenéis que daros cuenta de que sois una gran pareja —lamentó la mujer.
—Es gay. Sale con un hombre maravilloso. Se va a escandalizar cuando sepa que compartimos estos Doritos, es muy celoso —Emma me miró y cambió de tema, ignorando a la mujer. —No hay chocolate, no vamos a pasar por esto sin chocolate.
Emma salió de la fila en busca de su chocolate y la señora continuó:
—¿Es verdad? Eres un chico tan guapo... Haríais una pareja preciosa.
—Sí, es cierto. Además, ella va a ser nuestra madre de alquiler. Es una persona genial, pero es mentalmente inestable, la pobre. Nunca va a poder tener una familia solo para ella, pero participará en la nuestra como pueda.
Emma apareció en mi línea de visión y la señora dudó entre decir o no lo que pasaba por su cabeza. Abrazó a Emms con fuerza, murmurando un «pobrecita» antes de desaparecer dentro de la tienda, como si no quisiera estar cerca de alguien «inestable».
—¿Puedo preguntar qué ha pasado aquí?
—Mejor no —dije mientras pagaba los artículos. —Vamos a tener dolor de estómago antes de llegar a casa con toda esta porquería que vamos a comer.
—Sobreviviste a las comidas que cociné, creo que estamos bien con esto.
Emma tomó el volante. El paisaje árido se apoderó de la vista según avanzábamos.
Era mucha arena y calor, y como dijo Emma, terminamos atrapados con el olor a Doritos en el coche durante las horas siguientes.
Entramos en el Parque Nacional del Gran Cañón y fuimos directamente al South Rim , en busca de la mejor vista.
Emma salió del coche impactada por el paisaje. Aún era de día y en la próxima hora el sol se pondría sobre el horizonte. Era impresionante. Junto al lado de otros coches, me subí al capó junto a Emma para disfrutar de la vista.
—¡Te dije que valía la pena!
—Es deslumbrante... e imponente. Gracias por traerme aquí —respondió y cogió el móvil para hacerme fotos, hacerse fotos y de nosotros dos juntos.
—¿Qué piensas del futuro? —Pregunté de repente, curioso por su respuesta. Toda la agitación del último día no me dejaba de hacer pensar en nosotros dos.
—Qué pregunta tan contemplativa, Logan.
—En serio... amanecer casado contigo me ha dado ideas sobre lo que necesito en mi vida.
—Tú, que eres un mujeriego, ¿quieres casarte?
—¡No! Y no soy mujeriego, Emms.
—Lo sé... solo no podía perder la oportunidad.
—Voy a cumplir 30 años, Matt se casó, Jason se estrelló . Tengo a mis mujeres. Mi padre ya tenía tres hijos a mi edad.
—Es tu vida, Logan. Puedes hacer lo que quieras con ella.
—¿Alguna vez has pensado en nosotros? —di un suspiro y pregunté, viéndola congelarse. Emma me miró incómoda, su silencio de segundos diciéndome que sí, lo había pensado.
—¿Qué quieres decir con «nosotros»?
—No ser solo mi amiga. Salir, casarnos, tener hijos preciosos...
—No eres mi tipo, Logan.
—Es una pregunta seria, Emma. Te quiero y...
—Y estás confundido por lo de esta mañana.
—Estoy sacando el elefante de la habitación. No quiero perderte, Emms, pero ¿alguna vez has pensado en ello?
—¡Claro que lo he pensado, pasé casi toda la adolescencia enamorada de ti! —dijo y enseguida se llevó la mano a la boca como si hubiera dicho demasiado. ¿Qué?
—¿Cómo? —pregunté con una voz más aguda de lo que me gustaría. —Ben debió haberse confundido con eso.
Emma se rió, mirándome, mientras el sol empezaba a bajar en el horizonte.
—Nunca te fijaste, ¿verdad? Ben era tu cara. Mismo rostro anguloso, pelo oscuro, musculoso y ojos claros. Descubrimos que no ha envejecido tan bien como tú, pero hace diez años tenía sentido.
—¿Es en serio?
—De verdad, estabas hipnotizado por Abby y su montón de novias.
—Y enamorado de ti.
—¿Qué? —Fue el turno de Emma de gritarme. —¡Estás bromeando!
—Ni un poco. Un día eras mi amiga y al otro quería hacer cosas muy sucias contigo, pero entonces estaba lo de tu familia y pensé que necesitabas más un amigo que un novio.
—Eso fue importante para mí, Logan —comentó seria. —Nunca habría sobrevivido a aquello sin ti y sin tu familia.
La miré viendo todo el cariño que nos teníamos en sus ojos. Nunca entendí lo que éramos, pero parecíamos una pareja vieja acostumbrada el uno al otro. Emma se acomodó en mi hombro, mirando el cielo ya oscuro y estrellado.
—Creo que nunca estuvimos hechos para ser —dije bajito, acariciando su pelo y sintiendo el cosquilleo familiar de estar cerca de ella.
—No pierdas las esperanzas. Tengo una propuesta de matrimonio planeada para tu fiesta de 30 años dentro de dos meses.
—Elvis te ha superado, Emms. Necesito algo mayor, como una fiesta de bebé.
—Por la cantidad de preservativos en el suelo, lo veo difícil.
—Es terrible que nunca podamos enseñar esa foto a nadie. Estabas adorable con el velo y el ramo, pero lo que me gusta es Elvis y el hombre vestido de vaca. Eso es un toque especial. ¡Sabía que ese hotel era genial!
—Quiero intentar una cosa, si estás de acuerdo —anunció con voz grave y me miró tan seria que el silencio cortó el aire camarada entre nosotros dos.
—¿Qué?