El riesgo de desearte (Los Hunt nº 3)
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Prólogo
—Ojalá sea un niño —deseé mientras Jason, Matt y yo mirábamos el coche del nuevo vecino estacionado.
Los patios estaban pegados uno al otro por una valla baja, de modo que se podía ver todo lo que ocurría en el garaje de al lado.
Los nuevos vecinos se presentaron a mamá, pero ni yo ni mis hermanos estábamos en casa en ese momento.
Ella dijo que tenían un hijo, y los tres estábamos muy curiosos por conocer al nuevo chico de la casa de al lado.
—¡Vamos a ver! —ordenó Jason, mi hermano mayor, y caminó delante de nosotros, asumiendo el liderazgo. Como yo era el hermano pequeño, siempre iba detrás de él y de Matt, dos mandones que se aprovechaban de los años que nos llevaban .
Lo primero que vimos al acercarnos fue un hombre barrigudo y una mujer rubia llevando cajas al interior de la casa.
Matt pasó delante de nosotros y se detuvo en seco, como si se hubiera llevado una sorpresa.
Cuando miré en dirección a mi hermano, allí estaba ella, a pocos metros: rubia, con dos trenzas, vestido de vuelo. Era una niña.
—¡Es una niña! —gritó Matt para nosotros, y dio media vuelta hacia casa como si hubiera perdido todo el interés en nuestra exploración.
—¡Hola! ¡Me llamo Emma! —dijo la niña emocionada y corrió hacia nosotros.
—¡Argh! —gruñó Matt y entró corriendo, mientras la niña lo seguía con la mirada.
—¿Qué le pasa?
—No quiere jugar con chicas, y yo tampoco —declaró Jason igualmente enfadado y entró corriendo detrás de nuestro hermano mediano.
—¿Tú tampoco quieres jugar con chicas? —me preguntó ella, mientras yo seguía allí parado, observando sus trenzas con varios cabellos sueltos, como si fuera incapaz de mantener la imagen de niña de anuncio de televisión. No parecía encajar con la ropa muy limpia ni con un peinado impecable.
—Está bien —anuncié y me encogí de hombros.
—¿Por qué? —preguntó la niña, curiosa.
—Soy el pequeño y les gusta meterse conmigo. ¿Cuántos años tienes?
—Seis.
—Yo tengo siete. Creo que puedes ser mi amiga... —declaré y ella me dedicó una sonrisa desdentada. La miré durante unos segundos y recordé a algunas chicas del colegio con sus muñecas extrañas en la mano. Eso era importante. —Pero no quiero jugar a muñecas.
—No solo juego a eso —explicó muy seria, como si yo fuera un idiota por pensar que ella solo jugaba a muñecas. —Te juro que te dejo jugar con mis dinosaurios si no eres un tonto.
—Yo no soy tonto, ¡tú eres la tonta! —respondí irritado. Para zanjar el asunto, di unos pasos hacia ella y tiré de una de sus trenzas. Gran error.
Emma me miró enfadada, se puso roja como un tomate , y me empujó con fuerza, haciéndome caer de espaldas.
Se me fue el aire por la caída. Sin dármela espera, la niña saltó sobre mí, restregándome la cara contra la hierba.
Agradecí en silencio que Jason y Matt se hubieran ido; de lo contrario, habría sido una humillación aún mayor.
—¡No vas a jugar con mis dinosaurios, tontorrón! —gritó al levantarse y entrar corriendo en la nueva casa. ¿Qué aprendí ese día? No enfadar a Emma.
Emma con 10 años
Papá estaba gritando a mamá otra vez y eso me daba miedo.
Ya estaba oscuro y, aunque abrazaba a Bolita, mi oso de peluche, no podía dormir.
Logan estaba cerca, durmiendo en su habitación.
Era mi mejor amigo, aunque sus hermanos me cayeran gordos .
¿Por qué papá y mamá no podían ser como los padres de Logan?
Ellos se besaban, se abrazaban y nunca estaban enfadados como mis padres.
Un día comí en casa de Logan y derramé el zumo en la mesa.
Salí disparada y me encogí en la esquina del salón, esperando que empezaran a gritarme.
La madre de Logan me preguntó si estaba bien y cogió paños para limpiar. Eso fue todo.
Abrí mi ventana y calculé la distancia que debía recorrer para llegar hasta Logan.
Dormía en la planta baja, igual que yo. Las casas eran tan parecidas que sabía que no me perdería.
Decidida, me envolví en un abrigo, cogí a Bolita y salté por la ventana con cuidado.
No podía sola, pero con la ayuda de una silla, salvé los grandes ventanales sin hacer ruido.
Mis padres aún gritaban, e hice un esfuerzo por no hacer ruido al mover el mueble y llamar la atención.
Si me pillaban, tendría un buen castigo.
Mi padre me pegaría, y dolía mucho. La semana anterior, olvidé mi mochila en el salón, y me golpeó tan fuerte con el cinturón que las marcas moradas aún se veían en mis piernas.
Cuando mis pies tocaron la hierba, corrí como un rayo.
Cualquier cosa podría atraparme ahí fuera.
Stacey, del colegio, fue mordida por un perro y consiguió una bonita cicatriz.
Pocos segundos después, llegué hasta la ventana de Logan y empujé, pero no se abrió.
Ay, mierda . Estaría en problemas si alguien me encontraba fuera.
—¡Logan, abre! —susurré lo más bajo que pude mientras golpeaba suavemente el cristal .
—¿Quién está ahí? —preguntó mi amigo con voz de sueño.
—Soy Emma, abre —respondí y, en pocos segundos, Logan abrió la ventana tan rápido que casi me da en la cabeza.
—¿Qué haces aquí?
—¡Ayúdame a entrar! —pedí y lancé mi cuerpo al interior de la habitación. Entre los dos, conseguimos no caer dentro del cuarto y hacer un ruido que llamara la atención de los padres de Logan.
—Emma, ¡tu madre va a enfadarse contigo! —me dijo serio, intentando mirar hacia mi casa.
—Están peleando, Logan. ¿Puedo dormir aquí?
—Emma, ¡mamá va a enfadarse con nosotros!
—Una aventura. Solo hoy. ¡Por favor! —supliqué.
—¡Vale! Pero si nos pillan, ¡comeré tu merienda durante una semana! —anunció, y le extendí la mano, satisfecha, para sellar el acuerdo. Logan la apretó, cerrando nuestro trato. A continuación, corrí hacia su cama, tumbándome cerca de la pared.
—Buenas noches, nariz de patata —dije con un bostezo.
—Buenas noches, dientuda. No olvides la merienda —dijo arrastrándose hacia la cama individual y tumbándose a mi lado, tirando de la sábana.
Logan con 14 años
Las cosas se volvieron confusas de repente, de una semana para otra.
Emma siempre había sido mi amiga —mi mejor amiga—, pero no podía sacármela de la cabeza.
Ella sonreía, y me entraban ganas de sonreír con ella; ella hablaba conmigo, y yo no sabía qué decir.
Era un problema cuando los dos sabíamos más el uno del otro que cualquier otra persona.
Ella lo había notado, y más de una vez tuve que inventar una excusa cualquiera: dolor de cabeza, dolor de estómago, echarle la culpa a mis hermanos.
Hacía dos semanas que me había convertido en un torpe que no podía hablar con Emma y sentía que una parte de mi cuerpo se «despertaba» solo con verla.
Fue extraño las primeras veces, cuando ocurría con cosas aleatorias, pero Jason dijo que era normal tener la polla dura por cualquier motivo.
Ocurría todo el tiempo con la televisión, revistas, internet.
A los 14 años y con dos hermanos mayores, era obvio que sabía lo que eran las erecciones, la masturbación y el calentón.
El problema era otro. Hasta dos semanas antes, las chicas eran desconocidas: compañeras del colegio, extrañas que veía en la calle, alguna actriz de televisión.
No eran Emma, que dormía conmigo prácticamente todas las noches.
Emma estaba molesta por mi «cambio», pero hasta el momento había conseguido fingir que nada ocurría. A través de los ventanales del salón, podía verla parada en mi porche, tan bonita con su vestido, y mi corazón se encogió —al igual que otras partes. Mierda.
—Mamá, ¡Logan está enamorado! —gritó Matt a mi lado, sacándome de mis pensamientos.
Odio ser el hermano pequeño. Matt era un año mayor e intentaba fastidiarme de todas las maneras posibles.
Jason se había buscado una novia y ya no tenía tiempo para él, lo que me convirtió en el blanco favorito de Matthew Hunt.
—¡No es cierto, no!
—¿Por qué pareces un perrito abandonado mirando a Emma, parada aquí en el porche? ¡Ve con tu novia!
—¿Estás enamorado? —preguntó mi madre, dejando de lado lo que estaba haciendo en la cocina y caminando hasta donde estábamos los dos , en la puerta. Dios mío, ¡Emma podría oírlo todo!
—¿Quién está enamorado? —preguntó mi padre también, atraído al salón por el ruido.
—¡No estoy enamorado! —declaré mirando a todos, que ahora parecían formar parte de la Inquisición.
—Aparentemente, Logan está enamorado de Emma —explicó mi madre a mi padre con una sonrisa, ignorando mi frase anterior.
—Pensé que esto pasaría, pero no tan rápido.
—¡Ve a hablar con tu novia! —provocó Matt de nuevo.
—¡NO TENGO NOVIA! —grité.
—Creo que si hablas con ella, vas a tener una —concluyó mi madre y se encogió de hombros con una sonrisa, como si ese asunto estuviera zanjado. Por Dios... Mi familia era capaz de volver loco a cualquiera.
—¡Ahhh! —gemí y caminé hacia la puerta, donde Emma , que, gracias a Dios, no había oído nada de la conversación, me esperaba.
Emma con 15 años
Él tenía novia.
Es obvio que esto pasaría algún día. Logan era guapo.
No sabía cómo me sentía al respecto. Me lo contó por la mañana, y hasta el momento no había podido digerir bien la información.
En los últimos dos años, Logan había pasado de ser mi mejor amigo a mi mejor amigo que a veces no tiene tiempo porque está con alguna chica, pero nunca había tenido una novia oficial.
Las palabras aún se me repetían en la cabeza.
Se paró a mi lado en la entrada del instituto con los brazos alrededor de Abby Larson.
Ella se estaba metiendo conmigo desde que se interesó por Logan, pero no iba a decírselo.
—Emma, creo que conoces a Abby, ¿verdad? Es mi novia.
—Sí, nos hemos visto por ahí. Yo... yo tengo que irme —anuncié, queriendo alejarme de los dos. Me sentía... herida.