El rey sifón (Bayou Bishops nº 16) CAPÍTULO DIECISIETE
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CAPÍTULO DIECISIETE

—Atrás —dijo Harlow mientras varios Reyes sacaban a la mujer y se la llevaban a toda prisa—. Quantum tendrá que usar su cuerpo para emitir un pulso de anulación de alto voltaje.

Todos retrocedieron justo cuando intensos arcos de electricidad azul crepitaron y recorrieron sus cuerpos agarrotados.

El corazón le vibró en el pecho por la energía que zumbaba a su alrededor.

Luchó contra el pánico mientras los ojos dorados de Quantum se llenaban de la electricidad que los atravesaba, el voltaje tan fuerte que los dejó rígidos como piedra.

—Joder —murmuró Vex mientras ráfagas de descargas eléctricas chispeaban sobre su piel y las luces del corredor parpadeaban antes de estallar.

La electricidad desapareció y sus cuerpos quedaron inertes; solo la respiración agitada de los espectadores conmocionados llenaba el espeluznante silencio mientras el olor a ozono impregnaba el aire.

Harlow se lanzó hacia los hombres sin vida, con la piel chamuscada y humeante.

—Tenemos que llevarlos a la Cámara de Regeneración. El sistema de Quantum volverá a estar en línea en tres minutos y revivirá a Zodak. ¡Deprisa! —gritó mientras el maldito pánico se apoderaba de él y luchaba por quitar al gigante de encima de su hermano.

Vamos, hermano, no la cagues con esta, suplicó Harlow a través del neuroenlace mientras corrían con ambos gigantes hacia la sala médica. Su peso muerto requería cuatro hombres para cada uno, dos en la cabeza, dos en los pies.

—¿Cuánto falta? —gritó Harlow mientras atravesaban a toda prisa las multitudes de espectadores boquiabiertos.

—Está al final de este pasillo —dijo uno de los Reyes detrás de él—. Daos prisa y poned en marcha todo lo que pueda necesitar.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? —jadeó Harlow.

—¿Desde cuándo, exactamente? —preguntó uno de ellos.

—Desde que mi hermano los electrocutó hasta matarlos. Joder, ¡no os quedéis atrás!

—Dos minutos —respondió otro Rey.

—Dos minutos, hermano —juró—. Un minuto más y mueves el culo para arreglar este maldito desastre, ¡pedazo de hijo de puta!

—Poned a Quantum aquí —ordenó uno de los Reyes cuando entraron en la gran sala.

—Necesitamos mejores sujeciones que estas para nuestro hermano —ordenó el Rey Vex—. Traed la cama con las esposas de titanio.

—Entendido.

—Treinta segundos —dijo Harlow, mirando al gigante blanco en la mesa a unos metros de distancia, con la mandíbula inferior y el pecho cubiertos de sangre. Centró la atención en su hermano, esforzándose por no ver lo jodidamente muerto que estaba.

—Aseguraos de que esté bien sujeto —ordenó Vex mientras Harlow clavaba la vista en los segundos de su reloj.

Se colocó justo al lado de Quantum cuando quedaban diez segundos.

—Nueve... ocho... siete... seis... cinco... cuatro... tres... dos... uno...

Vamos, vamos.

Su rostro siguió inerte, y asintió.

—Los segundos no son exactos —dijo uno de los Reyes mientras Harlow iba y venía junto a él, con el corazón desbocado imaginando los peores escenarios.

—¿Cuál es el plan B si no despierta? —preguntó Nidev.

Harlow no apartó los ojos de Quantum.

—Despertará.

Se plantó junto a la cama y cruzó los brazos.

—Veinte segundos.

El anuncio disparó la adrenalina de Harlow.

Se debatía dentro de su propia cabeza, echando de menos a sus hermanos.

Los empujones y codazos en cada emergencia, Augustine que los mantenía contenidos, Kult que resolvía el problema, Pain que absorbía sus miedos y agonía, Atlas que le mostraba exactamente lo que Kult decía que hiciera mientras Sync convertía todo aquello en música.

—Treinta segundos, Dr. Harlow —dijo una voz desde algún lugar de la sala.

—Puedes hacerlo, hijo.

Harlow se giró hacia la voz enfática que sonaba detrás de él. Ver al Dr. Ubaldo le provocó una sacudida en todo el cuerpo.

—Necesitas salvar a tu hermano ahora. Sabes qué hacer.

Su tranquila seguridad rompió el bloqueo de su maldito cerebro y las respuestas empezaron a fluir.

—Necesito un desfibrilador externo. Y que alguien prepare una inyección de epinefrina de alta dosis. Si la descarga de adrenalina sintética no se activa en un minuto, arrancaremos su sistema manualmente.

Harlow corrió al otro lado de la mesa.

—Si tenéis un estimulador neural, traedlo también. Conectadlo a las sienes y ajustadlo a modo pulso. Necesito el biomonitor completamente activo con actualizaciones en tiempo real de ritmo cardíaco, actividad cerebral y niveles de oxígeno en sangre.

—¿Qué pasa con Zodak? —exigió Vex.

—En cuanto despierte a este cabrón, él sabrá qué hacer.

Quantum tomó de repente una gran bocanada de aire y se incorporó en la cama.

La conmoción y el alivio casi le hicieron flaquear las piernas.

—¡Llegas un puto minuto tarde!

Quantum se bajó de la cama a toda prisa.

—La energía oscura de Zodak creció el segundo antes de que nos electrocutara. Tuve que aumentar la dosis letal, lo que incrementó ligeramente el tiempo de recuperación.

Se colocó junto al cuerpo inmóvil de Zodak y miró alrededor.

—¿Tenéis una unidad de nanofabricación?

—Sí. El Fabricador Biosintético. También tenemos un sistema de Medi-bot de Despliegue Rápido con tiempo de respuesta de cinco minutos.

—Ponedlo en marcha y configuradlo para síntesis de alta velocidad de nanobots integrados con IA. Subiré las especificaciones desde mi base de datos; tenemos que darnos prisa y aislar su oscuridad antes de que mate algo más que su cuerpo.

Todos se dispersaron en varias direcciones mientras Harlow se daba cuenta de que los Reyes del Pantano también estaban ayudando.

—Necesito una imagen de Zodak inmediatamente —ordenó Quantum.

—La pantalla del techo, a tu izquierda —gritó uno.

—Harlow, prepárate para conectar. Otro equipo debe prepararse para la secuencia de reanimación cardíaca. Preparad veinticinco mil unidades para despliegue inmediato. Programadas para liberación de ATP e iones de calcio para activación miocárdica.

—La nanofabricación está operativa —gritó un Rey desde el frente de la sala.

Harlow se apresuró mientras un Rey acercaba una segunda silla para él.

—Configura el fabricador para nanobots recubiertos de grafeno con blindaje electromagnético —ordenó Quantum—.

En cuanto confirme la frecuencia para interrumpir la energía oscura, la programarás en los nanobots con comandos duales: interrumpir la energía oscura y reparar el daño isquémico, especialmente en el cerebro y el corazón.

—¿Por qué interrumpir y no neutralizar? —exigió un Rey.

—Porque hay mucho más que oscuridad en lo que ha sifoneado. Y si quiere sobrevivir, lo necesitará de vuelta. Lo estoy poniendo todo en cuarentena para extraerlo con cuidado y devolvérselo.

—Joder —susurró el Rey Vex mientras murmullos de temor recorrían la sala.

—¿Qué hay del sistema de reanimación y soporte neural? —preguntó un Rey.

—Otras 25.000 unidades enfocadas en estimulación cortical. Configúralas para emitir pulsos eléctricos leves, empezando por 0,5 Hz.

—¿Con qué transportamos los bots?

—Prepara un fluido portador de absorción rápida y alta permeabilidad para acción inmediata en el torrente sanguíneo.

—Lore, eso va por ti —indicó un Rey.

—Entendido.

—¿Con qué cargamos esto? —gritó otro Rey.

—Jeringas de alta eficiencia —dijo Quantum—. Usa los inyectores electromagnéticos de la unidad quirúrgica para evitar interferencias de energía.

Harlow tenía los dedos temblando sobre el teclado, a la espera de los detalles específicos.

—¿Ves esto? —murmuró Quantum a alguien detrás de él.

—Sí. La longitud de onda corresponde a 15,3 kHz.

—Anúncialo.

—Ya lo oí —gritó Harlow—. Configurando frecuencia de nanobots a 15,3 kHz.

—Necesitaremos múltiples puntos de inyección en las uniones vasculares principales cerca del núcleo de energía oscura. Quiero dos hombres en ese lado y dos en el mío.

Cuatro hombres se adelantaron, entre ellos el genio de pelo oscuro de los hermanos Marsh.

—Vex, tú encárgate de las inyecciones en el cuello; Skul, tú de la cadera. Harlow, tú frente a Skul; Lesion, aquí. Lore, monitoriza los signos vitales y el feedback de los nanobots. Necesitamos saberlo en cuanto interactúen con la energía oscura.

—Empecemos.

Cuatro jeringas se acercaron.

—Despacio —indicó Quantum.

—Datos en tiempo real en la pantalla dos, sobre vuestras cabezas —anunció un técnico—. Los nanobots están interactuando.

—Los veo —informó Quantum—. La energía oscura se está adaptando; aumenta la potencia en frecuencias de resonancia un veinte por ciento, no dejes que te alcance.

—Aumentando veinte por ciento —confirmó el técnico.

—Prepara otro lote de nanobots con configuraciones alternativas —ordenó Quantum—. Puede que tengamos que atacarla con otra táctica si vuelve a adaptarse.

—Van siete minutos, jefe —dijo Harlow.

—Lo sé.

—Los bots están funcionando —anunció un técnico con entusiasmo.

Joder, menos mal.

—Inicia el protocolo de transferencia de energía a máxima capacidad —ordenó Quantum—. Dirige todos los nanobots hacia la mano izquierda por la ruta segura predeterminada.

—Tenemos dispersión —anunció Harlow, cabreado.

—Aumenta la intensidad del campo un quince por ciento.

La puta mierda de energía oscura le recordaba a lo de Handy.

—Activa los nanobots para reforzar el campo de contención y sincroniza todas las medidas de seguridad con mi consola —ordenó Quantum.

—Hecho —respondió un Rey—. Monitorizando en todas las frecuencias.

—Prepara los bots de reanimación para la estabilización posterior. Quiero una transición suave en cuanto lo traigamos de vuelta.

—Sincronizando todo el equipo de reanimación con el biomonitor principal.

—Esta maldita energía empieza a fluctuar —advirtió Harlow.

—Aumenta la intensidad del campo de contención un quince por ciento.

—El protocolo estándar solo permite incrementos del diez por ciento —dijo un Rey.

—Anúlalo —ordenó Quantum.

—Anulando —confirmó el mismo Rey.

Harlow observó la pantalla con el pulso aún acelerado mientras los bots alrededor de la masa de energía oscura se solidificaban formando un muro denso.

Contempló la luz luminiscente aprisionada en su interior y cayó en la cuenta de que estaba viendo a la mujer que el Rey Sifón amaba. Y a la que prácticamente había matado.