El rey salvaje (Empty Kingdom 2) 15 #2
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Y de repente, Tate y yo nos quedamos solos.

—¿Estás preparada para esto? —pregunta, con voz grave—. En el momento en que firmes ese contrato, te convertirás en mi novia.

Siento un levísimo cosquilleo en el estómago.

—Tu novia falsa.

Él asiente, pero una sonrisa vuelve a aparecer en su rostro.

—¿Qué tal son tus dotes interpretativas?

—¿No es un poco tarde para hacer esa pregunta?

—Probablemente. —Se recuesta en la silla—. Esperemos que seas capaz de fingir que te gusta besarme, ya que fuiste tú quien insistió en incluirlo en el contrato.

Una irritación demasiado familiar me recorre el cuerpo. Uf, ¿por qué tiene que ser tan engreído?

—Creo que puedo fingir que me gustas durante unos segundos de vez en cuando.

—Ah, ¿sí?

La forma en que arquea una ceja me hace enderezar los hombros y alzar la barbilla.

—Sí.

Se levanta de repente y rodea el escritorio. Giro en mi silla y sigo su movimiento, y el cosquilleo en mi vientre sea acentúa. ¿Qué está haciendo?

Se detiene a treinta centímetros de mí.

—¿Te apetece poner esa afirmación a prueba?

El corazón se me pone a latir con fuerza en el pecho.

—¿A qué te refieres?

Se agacha, me agarra de la mano y me ayuda a levantarme.

—Quizá deberías demostrarme que estás a la altura del trabajo antes de que firmemos. Sería lo más inteligente, ¿no ?

Lentamente, me recorre el rostro con la mirada, hasta que por fin se detiene en mis labios. Se le da bien esto de fingir. Si solo tuviera que guiarme por su expresión, podría llegar a pensar que quiere besarme.

—Mark volverá enseguida. —Intento no hacer una mueca al ver que mis palabras apenas han sido un susurro entrecortado.

—Veamos cómo te desenvuelves bajo presión, entonces. —Con una mano grande y cálida rodeándome la nuca, utiliza el pulgar para levantarme la barbilla—. ¿Estás lista?

Cuando me obligo a alzar la vista hacia él, no hay ni rastro de la diversión que esperaba encontrar en su rostro. Sus ojos me atraviesan con un calor que hace que mi temperatura interna se dispare.

Asiento, temblando de la cabeza a los pies.

Pero él no se agacha y no me besa: se limita a deslizarme el pulgar por la boca.

Y, Dios, ¿por qué parece tan auténtico? No debería.

Estamos a unos minutos de firmar el contrato que detalla los términos y condiciones de esta relación.

Por no mencionar que Tate es el último hombre al que debería querer besar.

Y, sin embargo, cuando baja la cabeza hasta que sus labios se ciernen sobre los míos, y yo inhalo su aroma masculino y limpio, un escalofrío de anticipación me recorre la piel.

—Demuéstrame de lo que eres capaz, mariposa —murmura.

No me lo va a poner fácil. O tal vez quiera que le demuestre que estoy comprometida con este acuerdo. Sea como sea, no voy a echarme atrás ante este reto, y menos sabiendo que True Brew está en juego.

Me pongo de puntillas y deslizo la mano entre los suaves mechones de pelo de su nuca. Se me acelera el pulso y siento una oleada de emoción que me recorre la espalda. Justo cuando estoy acortando la distancia entre nosotros, oímos la voz de Mark, que nos llega desde fuera de la sala.

Me aparto de un salto de Tate y me vuelvo hacia las ventanas que tengo a mi espalda justo cuando la puerta se abre de par en par.

La risa grave de Tate me quema la piel, pero no me atrevo a mirarlo.

—Vale, ya he hecho esos cambios… —Sus palabras se interrumpen bruscamente y me giro en su dirección.

Me está mirando con los ojos entrecerrados, que luego entorna aún más al dirigir su atención hacia Tate, que está sospechosamente cerca.

Me da demasiado miedo mirar a Tate porque me temo que esta vez sí voy a ver la diversión que antes ocultaba, así que mantengo la vista clavada en algún punto por encima del hombro de Mark, intentando que mi pulso, que sigue acelerado, se calme—. ¿Va todo bien? —pregunta Mark.

—Todo va bien —responde Tate—. Violet me estaba demostrando sus excelentes dotes interpretativas.

Su voz es despreocupada, casi frívola. Probablemente porque en realidad estaba actuando cuando prácticamente me ha retado a que lo besara.

Y ahora el calor en mis mejillas tiene más que ver con la vergüenza que con cualquier otra cosa.

Me ha tomado el pelo. Es ridículo, porque fingir que me atrae es justo a lo que me he comprometido, pero no esperaba perder el control en los primeros minutos.

Ni siquiera hemos firmado el puñetero contrato todavía.

Cierro los ojos y dejo escapar el aire. A partir de ahora intentaré hacerlo mejor.

Cuando por fin estoy lo bastante tranquila como para mirarlo a Tate a la cara, le echo una ojeada. Tal y como esperaba, se muestra imperturbable. Esa expresión fría y ligeramente divertida que siempre luce en su rostro me resulta aún más irritante de lo habitual.

Aparto la vista. Ahora que sé lo fácil que le resulta entrar y salir de su papel, me aseguraré de mantener las distancias tanto como él.

Mark tiene una pequeña arruga entre las cejas, como si no acabara de creer lo que ha dicho Tate. Y haría bien en no creérselo.

Pero lo tranquilizo de todos modos.

—Solo estábamos resolviendo algunos detalles logísticos para interpretar a una novia cariñosa. Puede que me cueste hacerlo creíble, pero me las apañaré.

—Estaré encantado de ayudarte a practicar cuando lo necesites —dice Tate.

No me vuelvo hacia él ni le hago caso. También ignoro la risita que suelta.

Manteniendo la mirada fija al frente, vuelvo a sentarme en mi silla.

Mark hace lo mismo. En lugar de rodear la mesa, Tate me sorprende cogiendo la silla que hay a mi lado.

Su pierna roza la mía y me aparto—. Más vale que no hagas eso una vez que hayamos firmado —murmura mientras mi hermano está ocupado separando los documentos—.

Se supone que estás loca por mí, ¿recuerdas?

No queremos ver ningún artículo en la prensa sensacionalista sobre problemas en el paraíso.

Esta vez lo miro con los ojos entrecerrados y las comisuras de sus labios se curvan hacia arriba. Se lo está pasando bien. Tengo la horrible sensación de que acabo de comprometerme a soportar meses de Tate King divirtiéndose demasiado a mi costa.

Pero si puedo salvar True Brew, todo habrá valido la pena.

Con un suspiro de resignación, aparto la mirada de su rostro demasiado hermoso y cojo el bolígrafo.

—Acabemos con esto de una vez.