El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Prólogo
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El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6)

El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6)

Por KARLA LIZET CARRILLO SANDOVAL

© inepub.com

Prólogo

—Mamá... por favor, no te vayas —murmuré, apenas en un susurro, sintiendo que la garganta se me cerraba en un nudo ciego—. No me dejes sola.

Observo a mi madre, quien se debate entre la vida y la muerte, después de que le detectaran una extraña enfermedad a principios de diciembre del año anterior, nada ha sido igual, sus ojos se abren apenas un milímetro, nublados, buscando mi rostro con un esfuerzo sobrehumano.

—Ivanna… mi niña, estás aquí… —su voz no era más que un hilo de aire, una sombra de la loba fuerte que solía ser.

—Aquí estoy, mamá. Contigo, solo te pido que luches un poco más para que puedas recuperarte. Sé que todo saldrá bien; debes confiar en eso.

Apoyo la frente contra su mano y sin querer cierro los ojos. Siento arder una rabia amarga y antigua que me quema el pecho. La vida nunca había sido generosa conmigo, jamás. Pese a que nací en una familia privilegiada, mi vida siempre había estado llena de problemas y retos complicados.

Recuerdo mi niñez, cuando la palabra «hogar» aún significaba algo. Mi padre, Axel, fue el Rey Lobo Alfa de la Manada de la Luna; un líder formidable, protector, cuya sola presencia infundía respeto.

Pero entonces llegó el Alfa Linus, quien era su enemigo ancestral, con el cual mi padre se inmiscuyo en una pelea que no pudo ganar, esa que destruyó nuestra vida, arrancándonos de la tierra que tanto amábamos y a la misma vez condenándonos al destierro continuo.

— Mamá, pensé que habíamos dejado lo peor atrás, pero creo que tenemos una Maldición, porque por más que intentamos superar los problemas, siempre vuelven —dije en voz baja, hablándole más a mis recuerdos que a la mujer que agonizaba frente a mí—.

Yo creí que, si nos escondíamos, estaríamos a salvo... pero ahora ya no estoy segura de eso…

Desde aquel ataque ocurrido cuando yo tenía 10 años, en lo que solía ser la casa del Alfa, nuestra existencia se convirtió en una persecución constante.

El recuerdo de aquel día regresa a mi mente con una nitidez increíble, proyectándose sobre el cuerpo frágil de mi madre como una película del pasado. Tenía apenas diez años cuando la inocencia me fue arrebatada de golpe.

Ese día estaba sentada junto a la fuente del frente de mi casa, jugando con la hermosa muñeca que me acababan de regalar, por mi décimo cumpleaños, recuerdo que ese fue el momento en que todo se rompió: ese día un aullido ensordecedor perforó el aire, seguido por un coro de gruñidos feroces que retumbaron en los muros.

Luego, escuche el eco distante pero amenazante de aquella trompeta de guerra que me dio miedo.

El pánico me paralizó. Me encogí sobre una piedra, tratando de hacerme invisible mientras veía a los hombres de mi padre transformarse a toda prisa, corriendo hacia la entrada para defender nuestro hogar.

—¡Hija, corre! —gritó mi madre, apareciendo de la nada y jalándome del brazo con desesperación—. ¡Necesito que te escondas ahora mismo, vamos!

La sensación al seguirla con el corazón latiendo a mil por hora, nunca había desaparecido del todo de mi pensamiento.

Nos colamos en mi habitación y nos metimos bajo la cama, abrazadas y aterradas, apenas nos acomodamos en la penumbra, una voz rasposa, dominante y cargada de veneno retumbó en la habitación.

—¿Dónde está? —exigió Linus—. ¡Quiero a tu heredera! La necesito para que mi hijo pueda convertirse en el rey de los lobos.

Desde mi escondite, escuché la respuesta de mi padre. Su voz sonaba increíblemente calmada, la temple de un verdadero Rey Alfa demostrando que no se deja amedrentar ni por ese enemigo que estaba a punto de matarlo.

—Ella no está aquí —dijo él con firmeza—. La mandé lejos, está estudiando en el extranjero.

—¡Eso no es cierto! —rugió Linus.

Escuché el sonido pesado de unos pasos aproximándose. Pude ver desde abajo cómo Linus se acercaba al cuerpo de mi padre, que ya mostraba el lomo lleno de cicatrices y mordidas profundas.

Con crueldad animal, Linus le rasgó parte del rostro con su mano transformada con garras. La sangre brotó a borbotones y la vi derramarse sobre el piso, muy cerca de mis manos temblorosas.

—Aquí huele a ella —siseó Linus, olfateando el aire con codicia.

—Claro que huele a ella, ¡Este es su cuarto!

Su olor está en todos lados —respondió mi padre sin doblegarse—.

Pero ella no está aquí... Además, solo tiene diez años.

No está madura para tu hijo; él es un adulto, que busque otra Luna.

Mi hija es una niña todavía, ni siquiera se ha convertido en mujer y mucho menos en loba.

Sabes bien que esa no es la tradición. Debe esperar a que crezca... siempre y cuando ella lo acepte.

—¡Tonterías! —escupió Linus con desprecio—.

Eres un viejo estúpido. Como Alfa debiste tener más herederos para conservar tu territorio, pero como no lo hiciste, además dices que no estás dispuesto a entregar a tu única hija para la causa, y te rehúsas a respetar las leyes del consorcio, te informo, que se me ha otorgado la concesión de ampliar el mío, para mi manada.

Aunque eso signifique que tú pierdas el tuyo, así que, desde hoy, te destierro de este sitio.

¡Ya no puedes ni tienes derecho a ser el Rey Lobo! Este lugar me pertenece desde ahora.

—Dices que no soy Rey lobo, porque tú lo dices...

Jajaja eso no es verdad, seguiré siendo el Rey porque el linaje puro de mi sangre es algo que nunca podrás borrar, me iré por el momento, pero recuerda que cuando desvías el cauce natural de un rio, siempre vuelve a su origen, y eso sucederá tarde o Temprano.

—replicó mi padre, con el orgullo intacto.

Linus soltó una carcajada.

—Claro que puedes dejar de ser Rey lobo... si te mato a ti y a toda tu familia.

—Si lo haces, estarás maldito, junto con tu descendencia —sonrió mi padre, con una profecía helada en la voz—, la Luna nunca te dará la luz, y tu hijo estará condenado a nunca encontrar a una compañera predestinada, así que tendrá una vida estéril e infeliz.

Un murmullo tenso llenó el cuarto hasta que otro hombre lobo irrumpió en la habitación.

—Encontramos a Sirus, el segundo al mando —informó el guerrero.

—¡Tráelo aquí ahora! Ese maldito es un idiota que renuncio a su territorio y a su herencia como Alfa para seguir al rey Lobo se merece la muerte por estúpido—ordenó Linus.

—Es que no está solo... está con su hijo, debería llevarme al chico al calabozo primero, recuerda que ellos tienen sangre Alfa en sus venas… —titubeó el soldado.

—¡Hazlo ya! Me importa un bledo el chico, es un don nadie como su padre, —gritó Linus.

A rastras, obligaron a entrar a Sirus, quien era muy Alto e imponente, ejemplo del linaje de los guerreros sagrados.

A su lado venía Caden, su hijo de quince años un jovencito delgado, quien bajó la mirada hacia nuestro escondite, y, por un segundo sus ojos se cruzaron con los míos debajo de la cama.

Aunque su rostro no demostró ninguna emoción sé que lo sintió. Supo que yo estaba ahí, pero no dijo nada. Guardó mi secreto.

—¿Dónde está la hija de Axel? —preguntó Linus violentamente, encañonando a Sirus.

—Está en la escuela...no está aquí —alcanzó a responder Sirus para protegernos.

Sin darle siquiera tiempo de cambiar de opinión, un disparo seco retumbó en la habitación, era evidente que la bala era de plata pura, porque el cuerpo de Sirus cayó sin vida al instante sobre el suelo.

—¡Papá! ¡Papá! Despierta, por favor no te mueras…—gimió Caden, lanzándose sobre él con el corazón roto.

Linus solo se río del dolor del muchacho. Luego miró a mi padre con desdén.

—Tienes un día para irte del castillo, te recomiendo que lo hagas, antes de que cambie de opinión.

En cuanto Linus y sus hombres salieron, mi padre corrió hacia el cuerpo del que había sido su gran amigo. Abrazó a Caden con fuerza mientras el joven lloraba desconsoladamente en sus brazos.

—No te preocupes, hijo —le susurró mi padre con la voz quebrada—. Me ocuparé de ti y de tu madre, te prometo que tendrás la oportunidad de enfrentare a él, pero primero debes convertirte en un guerrero, o te matará.

Mi madre y yo salimos gateando de debajo de la cama, temblando, sofocadas por el olor a sangre y plata.

—Necesito que tomen lo necesario —nos ordenó mi padre, mirándonos con urgencia—. Salimos esta misma noche nos ordenó con Autoridad.

Esa fue la última vez que vi a Caden. Años después me enteré de que mi padre, cumpliendo su promesa, lo había enviado a un internado militar en Europa junto con su madre para ponerlos a salvo.

Para nosotros, en cambio, de ahí en adelante empezó nuestro propio suplicio... Cada vez que intentábamos instalarnos en un nuevo territorio, el resultado era el mismo: el aroma indiscutible de mi loba terminaba por delatarme ante el Alfa de la región.

Bastaba una ráfaga de viento con mi esencia para que la calma se rompiera y todo terminara en una lucha feroz por el control o la expulsión.

—Hija sé que lo has pasado mal, pero recuerda que tu padre solo intentaba protegerte... —susurró mi madre, adivinando mis pensamientos como siempre lo hacía.

—Lo sé —respondí, tragándome el llanto—. Pero cuando se fue... todo se volvió tinieblas, y ahora creo que de nada sirvió el sufrimiento, porque el linaje que siempre intentó proteger solo da problemas.

Hace cinco años, cuando papá falleció, el mundo se desplomó definitivamente. Nos quedamos solas, mi madre y yo, vulnerables, a merced de cualquier criatura o manada que pudiera descubrir quiénes éramos en realidad.

Desesperadas, tomamos la única vía de escape que nos quedaba: intentar escabullirnos entre los humanos, pasar desapercibidas, sofocar nuestra naturaleza para sobrevivir. Durante un tiempo creí que la pesadilla había terminado. Ingenua de mí, pensé que al fin tendríamos paz.

Pero la vida me tenía reservado un último golpe.

—Perdóname, Ivanna...yo debí hacer algo para darte un mejor lugar.

—un hilo de sangre seca manchaba sus labios, pero sus ojos reflejaban una angustia infinita—.

Y ahora te dejo... en el peor lugar... solo quiero que me prometas que cuando me vaya al paraíso infinito, buscarás a los nuestros, necesitas aliados que te protejan busca a Caden, el sabrá cuidarte…

—No pidas perdón, mamá, no necesito que alguien me proteja, y menos alguien que no he visto desde hace 11 años—dije, apretando su mano con desesperación mientras sentía que su pulso se volvía cada vez más lento y errático—. Has luchado demasiado. Pero yo... no sé cómo voy a seguir sin ti.

—Promételo, Ivanna necesito escucharte decirlo para conseguir mi propia paz…

Miré su rostro demacrado, sabiendo que estaba presenciando los últimos minutos del único vestigio que quedaba de mi familia, de mi sangre, de mi pasado.

Cuando ella cerrara los ojos, quedaría completamente sola en un territorio hostil, sin manada, sin rey y con una loba en mi interior que debía permanecer encadenada para no condenarme.

—Mamá, no te vayas, por favor…. te lo prometo, si eso hace que te sientas mejor, Te prometo por mi vida que lo buscaré….

— En el despacho, en el tercer cajón, hay una caja de color plata. Tiene unas coordenadas y un número telefónico que figura como desconocido. Búscalo y no confíes en nadie más. Sé que él te ayudará. Perdóname……te amo, Ivanna. No estés triste, que yo por fin estaré de nuevo con tu padre….

Una segunda lágrima se derramo por mi rosto, sellando la promesa del silencio que vendría después, en ese momento, los ojos de mi madre se cerraron para siempre.