El retorno de Astaroth
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PRÓLOGO
Hay objetos que parecen condenados a permanecer inmóviles detrás de la vitrina de un museo.
Los contemplamos durante unos segundos, leemos su nombre y su procedencia y continuamos la visita sin imaginar todo lo que han visto, lo que representan o las historias que todavía podrían contener.
Mi padre, en cambio, nunca ha sabido mirar el pasado de esa manera.
Para él, una pieza antigua no es únicamente un vestigio: es una pregunta.
Y una pregunta, cuando despierta su curiosidad, puede convertirse en el comienzo de una novela.
El retorno de Astaroth nace precisamente de uno de esos objetos: un vaso canopo vinculado a Mnevis, el toro sagrado de Heliópolis.
Su desaparición del Museo Arqueológico Nacional de Madrid pone en marcha una investigación que pronto deja atrás los límites de un simple robo.
La teniente Mercedes Ulloa, el policía egipcio Naser y el arqueólogo Mohamed Rastra se ven arrastrados hacia un mundo en el que la investigación policial, la arqueología y las antiguas creencias se entrelazan.
Lo que comienza en los sótanos de un museo conduce al lector por lugares cargados de memoria, entre sectas, símbolos, tumbas y fuerzas que quizá nunca debieron ser invocadas.
No contaré más. Las novelas de intriga necesitan conservar sus puertas cerradas hasta que el lector decide abrirlas.
Sí puedo decir que en estas páginas reaparecen muchas de las cosas que siempre han fascinado a mi padre: Egipto y sus dioses, las civilizaciones antiguas, los secretos ocultos bajo tierra, la lucha entre el conocimiento y la superstición y esa frontera incierta en la que la historia documentada se encuentra con la imaginación.
También está presente su gusto por la aventura sin fronteras, por los personajes que deben actuar antes de comprenderlo todo y por los misterios que crecen hasta poner en juego mucho más de lo que parecía al principio.
Quienes conocemos a Luis Suñol Periu sabemos que su curiosidad no es una pose literaria.
Es su manera de estar en el mundo. Durante toda su vida ha querido entender cómo funcionan las cosas y qué se esconde detrás de aquello que damos por sabido.
Esa mirada le sirvió en su trayectoria profesional y, con el paso de los años, encontró en la escritura un territorio nuevo en el que seguir investigando, aprendiendo e imaginando.
Cada libro reúne muchas horas de lectura, búsquedas, conversaciones y trabajo silencioso.
Pero también conserva algo más difícil de medir: su entusiasmo cuando descubre una historia que necesita contar.
En eso, aunque nuestros caminos sean distintos, me reconozco en él.
Yo vivo rodeado de tecnología y de preguntas sobre el futuro; mi padre regresa una y otra vez al pasado para rescatar sus enigmas.
Los dos compartimos la necesidad de convertir una idea en algo real, de construir, revisar y no detenernos hasta que aquello que imaginamos puede llegar a otras personas.
Ahora que tengo la oportunidad de acompañar sus libros en el último tramo del camino, preparándolos para que encuentren nuevos lectores, comprendo todavía mejor la constancia que exige terminar una obra.
En los prólogos anteriores de la familia aparece con frecuencia la palabra «legado».
No es casualidad. Los libros de mi padre forman ya una biblioteca en la que conviven su memoria, sus intereses y su forma de mirar.
Son un regalo para sus lectores, pero también para nosotros: para mi madre, que ha sido su primera oyente y compañera inseparable; para sus hijos; y para sus nietos, que algún día podrán recorrer estas páginas y reconocer en ellas la imaginación de su avi.
Un legado no es solamente aquello que dejamos.
Es también aquello que compartimos mientras seguimos aquí.
El retorno de Astaroth invita a entrar en un mundo donde una antigua creencia puede alterar el presente y donde el mal no siempre pertenece únicamente a las leyendas.
Pero, por encima de su oscuridad, esta novela nace de algo luminoso: el deseo intacto de crear.
Mi padre sigue escribiendo porque sigue sintiendo curiosidad, porque todavía encuentra misterios que lo llaman y porque conserva la energía necesaria para transformarlos en aventuras.
Al lector, solo me queda invitarlo a seguir las pistas y dejarse llevar.
Encontrará acción, historia, arqueología y una amenaza que atraviesa siglos.
Espero que disfrute del viaje y que, la próxima vez que se detenga ante una pieza antigua en un museo, se pregunte qué relato podría estar esperando detrás del cristal.
Papá, gracias por demostrarme que nunca es tarde para abrir un camino nuevo, que la imaginación también se entrena y que la curiosidad es una forma de permanecer vivo. Sigue escribiendo. Nosotros seguiremos cuidando tus historias para que lleguen tan lejos como merecen.
T’estimo.
Jacob Suñol