El Retiro (El Rancho de Birch Creek 4) 3 Amanda #3
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3 Amanda #3

—Usa lo que Dios te ha dado. —Sonríe—. ¿O tienes objeciones morales? ¿La misma mujer que hasta hace muy poco tenía citas y las subía a las redes sociales para promocionar una línea de ropa?

Enderezo los hombros.

—No, no tengo objeciones morales.

—Bien. Entonces recuérdame por qué te contraté, y ve a averiguar quién es nuestro rival y cuál es su punto débil.

Sería estupendo que descubrieras que en realidad no tienen financiamiento, o que todo no es más que pura especulación.

Así podríamos retener a nuestra gente mucho más fácilmente; pero igual deberíamos definir un orden de importancia en estas remodelaciones para que los trabajos con nosotras resulten más atractivos, ¿no crees?

—Lo haría ahora mismo, pero le dije a Eddy que comería con él.

Mandy agita la mano.

—Se está haciendo tarde; ve a verlo. Podemos resolverlo esta noche. —Arquea una ceja—. ¿A menos que para entonces ya te hayas mudado?

Pongo los ojos en blanco.

—No hemos fijado fecha de mudanza.

—Bien. —Mandy asiente—. Eso está bien.

Cuando llamo, Eddy tiene una sola pregunta.

—¿Brownings? ¿O The Hub?

—¿Sabes? Todavía no he comido en The Hub.

—Que no te confunda la combinación de gasolinera-bar-parrilla-tienda. Si te gustan las cosas bañadas en salsa de carne o en queso, o en ambos, te va a encantar. —Casi puedo oír su sonrisita—. Además, puedo cargar gasolina mientras estamos ahí.

—Me convenciste con lo de bañadas en queso —digo.

—Sabía que eso te iba a conquistar.

Menos de cinco minutos después, estoy revisando el menú. Eso es lo mejor de Manila. Nada queda muy lejos de nada.

—El menú es más variado de lo que esperaba para una gasolinera —digo—. Filete empanizado y hamburguesas, pero también pizza, quesadillas, bacalao, un burrito y hasta costillar asado.

—Pide lo que quieras, bombón —dice Eddy—. Estamos aquí para celebrar.

Al oír esas palabras, el corazón me da un vuelco. Apenas puedo articular las siguientes.

—¿Celebrar el qué?

—Por fin tomé una decisión —dice—. Tienes delante al joven prodigio que vuelve a los escenarios. —Sus ojos estudian mi cara.

Me calzo de golpe la máscara que llevé durante más de una década con Paul: mi sonrisa impenetrable.

—¿Ah, sí? ¿Decidiste hacerlo? —Sonrío, sonrío, sonrío. Estoy tan emocionada. O, al menos, tengo que aparentar que sí—. Estoy muy orgullosa de ti.

—¿En serio? —Inclina un poco la cabeza—. Todavía no les he dicho nada; primero quería asegurarme de que a ti de verdad te pareciera bien.

Fuerzo esa sonrisa un poco más.

—Por supuesto que sí. Si eso es lo que quieres, me parece una noticia fantástica. Me muero por escuchar las canciones nuevas que vas a…

—Eso fue lo que me ayudó a tomar la decisión —dice—.

Dejé de subirme a los escenarios, pero nunca dejé de cantar ni de componer canciones.

Reuní las que he escrito a lo largo de los años, se las mandé al estudio, y les encantaron.

Ya me ofrecieron una lista de músicos entre los que puedo elegir; puedo armar el equipo que yo quiera.

Y ya aprobaron catorce canciones. Dos se lanzarán como sencillos, y luego doce formarían el álbum.

—Vaya —digo—. No tenía idea de que hubieras estado hablando con ellos de todo esto.

—No hay nada firmado —dice—. No he hecho nada oficial ni formal, pero quería asegurarme de que de verdad me dejarían hacer lo que yo quisiera, de que cumplirían su palabra de que con ellos las cosas serían distintas que con mi primer sello.

—Claro que lo serán: para empezar, eres un adulto. Un hombre de negocios competente, inteligente y astuto, que sabe lo que quiere. —Por desgracia, lo que quiere es dejarnos a mí y a la vida que tenemos aquí para perseguir la fama y la fortuna viajando por todo el mundo.

Digo, es sexy, por supuesto.

Pero me voy a sentir muy sola.

Durante buena parte de nuestro matrimonio, Paul viajaba por trabajo tres de cada cuatro semanas.

Con él, la verdad, no me importaba. No es que quisiera tenerlo cerca.

Pero este último tiempo Eddy se ha vuelto como el aire para mí.

Ya me estoy asfixiando solo de pensar que va a estar fuera durante… ¿cuánto tiempo va a estar fuera?

—¿Ya tienes detalles? ¿Cuándo grabarías y saldrías de gira?

—Todavía no —dice—. Pero todo es negociable, y te prometo que lo voy a repasar todo contigo. Lo que tú necesites, lo bloqueamos en el calendario y yo estaré aquí.

Yo lo quiero aquí todo el tiempo. No en horarios marcados en un calendario. ¿Y si me ataca un puma? ¿Y si tuve un mal día?

Pero Eddy necesita una novia —en realidad, casi todo el mundo necesita a alguien— que no sea tan patética, tan dependiente ni tan desesperada como para no poder arreglárselas sola. Necesito ser la clase de novia a la que no destroce el éxito de su novio, con todo lo que eso conlleva.

Así que me planto una sonrisa en la cara, y me deshago en elogios, y mientras lo felicito, me muero un poco por dentro con cada palabra. Y cuando mis hijas llegan del colegio, hago lo mismo delante de ellas.

—Claro que es algo bueno —le aseguro a Emery—. Eddy está persiguiendo sus sueños, y eso no podría alegrarme más.