40. EL MUELLE
Contenedores apilados formaban corredores de metal entre el agua y los almacenes.
Arthur avanzó con Noah a su derecha y Julian detrás. Cuatro hombres cubrían los accesos.
No encontraron a Marcus.
Encontraron su carpeta.
Estaba sobre una mesa plegable en medio de un almacén.
Arthur no la tocó.
—Trampa —dijo Julian.
Noah hizo una señal.
Dos hombres revisaron la estructura.
—Limpio.
Arthur abrió la carpeta.
Dentro estaban las copias de la modificación de 2004, los registros de Northbridge y una carta que Edmund había enviado a Marcus años antes.
No había nada nuevo.
Eso era lo inquietante.
—No vino a entregar información —dijo Arthur.
—Vino a demostrar que la tenía —respondió Noah.
Una voz sonó desde el fondo.
—Exacto.
Marcus apareció entre dos contenedores.
No llevaba arma.
Tenía sangre en la sien.
Julian levantó la pistola.
—No te acerques.
Marcus obedeció.
Arthur señaló la carpeta.
—¿Qué estás comprando?
—Tiempo.
—¿Para quién?
Marcus miró a Julian.
—Para vosotros.
Julian soltó una risa amarga.
—Siempre tan generoso.
Marcus ignoró el golpe.
—Crane cree que voy a entregarle el certificado de Rebecca.
Arthur sintió rabia.
—No lo tienes.
—Él no lo sabe.
—¿Y después?
—Me deja salir.
—¿Salir de qué?
Marcus miró hacia el agua.
—De una guerra que Edmund convirtió en herencia.
Arthur dio un paso.
—No vas a salir comprando una vida con la de Rebecca.
—No pensaba entregarla.
—Entonces ¿qué?
Marcus sacó un sobre vacío del abrigo.
—Quería que Crane apareciera.
Noah entendió.
—Nos has usado de refuerzo.
—Sabía que seguiríais el dinero.
Julian levantó más el arma.
—Eres increíble.
Marcus lo miró.
—Y sigo vivo.
Un disparo golpeó el suelo junto a él.
Todos se cubrieron.
Crane apareció en la pasarela superior.
—Eso puede corregirse.
Arthur reconoció al hombre de las imágenes de seguridad. Delgado, cabello corto, rostro tan común que resultaba difícil recordarlo.
Crane apuntaba a Marcus.
—¿Dónde está el certificado?
Marcus levantó las manos.
—A salvo.
—Te pagaron por traerlo.
—Me pagaron muchas veces por cosas que no hice.
Crane sonrió.
—Por eso dejaste de ser útil.
Arthur salió parcialmente de cobertura.
—Elliot.
Crane giró el arma.
—El heredero.
—Baja.
—¿Para qué? ¿Para que me preguntes quién mató a tu padre?
Arthur no respondió.
Crane se apoyó en la barandilla.
—Ya conociste al mecánico.
—Duró más que tus hombres.
La sonrisa desapareció.
—Pike siempre fue un cobarde.
—Te copió el correo.
Crane quedó inmóvil.
Arthur supo que había acertado.
—JR-4 —continuó—. Usaste el token que recibiste cuando trabajabas para mi padre.
Julian lo miró.
Crane sonrió otra vez.
—Vuestro padre era extraordinario para guardar armas dentro de su propia casa.
—¿Quién te ordenó usarlo?
—La autorización era suficiente.
—No para mí.
—Por eso nunca serás Edmund.
Arthur sintió que la frase ya no tenía poder.
—Gracias.
Crane frunció el ceño.
Arthur siguió:
—¿Quién estaba al otro lado del teléfono cuando Pike cortó los frenos?
Crane no respondió.
—Silas Vane.
Marcus cerró los ojos.
Crane miró hacia él.
Error.
Pequeño.
Suficiente.
Arthur lo vio.
—Está vivo.
Crane disparó.
No a Arthur.
A Marcus.
Noah respondió.
La bala de Crane rozó el hombro de Marcus. La de Noah golpeó la barandilla.
El almacén estalló en movimiento.
Dos hombres aparecieron en el lateral.
Julian disparó a las luces.
Oscuridad parcial.
Arthur corrió entre contenedores.
Crane bajó por una escalera metálica.
Noah cubría a Marcus.
—¡Arthur!
Arthur siguió.
Alcanzó a Crane junto al agua.
Crane se volvió.
Dispararon casi al mismo tiempo.
La bala de Arthur golpeó su muslo.
Crane cayó contra una amarra.
Su arma resbaló.
Arthur llegó antes de que pudiera recuperarla.
Lo golpeó una vez.
Después otra.
Crane cayó al suelo.
Arthur le puso la pistola bajo la mandíbula.
—Nombre.
Crane escupió sangre.
—Ya lo sabes.
—Quiero oírlo.
—No importa.
—A mí sí.
Crane sonrió.
—Edmund pensó lo mismo.
Arthur presionó el arma.
—¿Silas?
Crane no respondió.
—¿Quién dentro de mi familia te dio acceso?
La sonrisa cambió.
—Esa es la pregunta correcta.
Arthur sintió que el mundo se estrechaba.
—Dímelo.
—No fue Julian.
—Eso ya lo sé.
—No, no lo sabes. Solo quieres creerlo.
Arthur lo agarró por la chaqueta.
—Nombre.
Crane abrió la boca.
Un disparo llegó desde el exterior del almacén.
Su cabeza cayó hacia un lado.
Arthur se cubrió.
Noah gritó órdenes.
El tirador escapó en una lancha antes de que los hombres del perímetro cerraran el río.
Arthur permaneció junto a Crane.
Muerto.
Otra vez.
El hombre que podía dar el último nombre había sido silenciado delante de él.
Marcus se acercó, sujetándose el hombro.
—Ahora entiendes.
Arthur se levantó.
—Entiendo que todos los que saben demasiado terminan muertos.
Marcus miró a Crane.
—Y que Silas siempre trabaja con una puerta dentro de la casa.
Arthur recibió entonces la llamada de Evelyn.
Contestó.
—Arthur.
—Estoy aquí.
—He encontrado al beneficiario.
Él miró el cuerpo de Crane.
—Silas Vane.
Silencio.
—¿Cómo lo sabes?
—Crane acaba de morir sin negarlo.
Evelyn respiró.
—Entonces esto no termina aquí.
Arthur miró a Julian, a Noah y a Marcus.
—No.
Después guardó el arma.
—Pero esta noche termina una parte.