El reflejo de Oriente. El espejo Makyo Plazo de reserva #3
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Plazo de reserva #3

La factura aparece en una unidad de cuentas domésticas y composturas.

El archivero la sirve después de retirar el cuaderno.

Es una hoja plegada dos veces; los pliegues se cruzan por debajo de la suma, y una mancha grasa oscurece un ángulo sin impedir la lectura.

Elena distingue el filete impreso, la distribución de los conceptos, la firma que pasa sobre el sello móvil.

Tiene que resistir la rapidez con que sus ojos han buscado la palabra espejo. Lee desde arriba:

PLATERÍA Y COMPOSTURAS

Calle de la Cruz — Madrid

Cuenta presentada a D. Carlos de Silva y Alcázar

15 de mayo de 1901

Ajuste exterior de la guarnición — 6 pesetas

limpieza y bruñido á rueda de un espejo de metal con guarnición de plata y oro — 18 pesetas

Limpieza del mango y sus adornos — 7 pesetas

barniz — 4 pesetas

Total: 35 pesetas

Recibí: Julián Mena, oficial.

Elena vuelve a la descripción de la guarnición.

Plata y oro. Mango y adornos. El documento nombra a Carlos, da un día y un precio; no incorpora una fotografía, una medida ni una marca que permita cerrar por sí sola la identificación.

Es suficiente para formular una pregunta más precisa.

Por primera vez desde que entró en la sala siente el movimiento de una posibilidad que no le exige decidir enseguida de qué lado está.

—La línea de la rueda —dice Kavi.

Ella asiente, pero termina antes de copiar los cuatro conceptos. No quiere que lo demás desaparezca porque una expresión les resulte útil.

Kavi espera a que les autoricen la reproducción de la factura dentro de las condiciones de consulta.

Registra la signatura con la imagen; hace otra toma del conjunto, incluidos los márgenes.

La mancha, los pliegues, la relación entre el texto y el sello quedarán visibles.

Cuando comprueba el archivo no recorta la hoja hasta dejar únicamente la línea del bruñido.

Esa reducción podría servir para una diapositiva; aquí les quitaría la posibilidad de volver sobre lo que hoy no han sabido mirar.

El hambre le produce una ligera dificultad para concentrarse.

En la mesa de enfrente, el investigador guarda sus fichas dentro de una caja de galletas vacía.

Ha encontrado el ramal que buscaba, pero sigue disgustado con una fecha.

Kavi lo oye decirle al archivero que una cosa es empezar las obras y otra muy distinta empezar a pagarlas.

Se lo dice como quien prolonga una discusión de varios años.

Elena prepara la solicitud por la carpeta ausente.

Revisa las palabras antes de firmar. Kavi la ve sustituir «expurgada» por «no servida» y después añadir la referencia al acta de septiembre.

No suaviza la pregunta; evita responderla ella.

Él termina de anotar las condiciones en que han obtenido las imágenes y abre, en el ordenador, la documentación técnica de marzo que ya habían trabajado juntos.

No está buscando una semejanza entre dos dibujos.

La factura propone una operación sobre la superficie: bruñido a rueda.

El mapa de alturas describe el estado medido de una superficie más de un siglo después.

Entre ambos hay una distancia que no puede llenar con la satisfacción de haber encontrado una palabra adecuada.

Recuerda las primeras fotografías de la proyección que Elena le mostró: una figura aparecía en la luz reflejada por una cara aparentemente lisa.

Le interesó entonces, antes que su historia, esa desproporción entre lo que la vista creía reconocer y lo que la luz hacía aparecer; era un problema en el que podía demorarse sin hacerse cargo todavía de las personas que habían sostenido el objeto.

Ahora mira una factura donde el trabajo cabe en dieciocho pesetas y trata de imaginar qué se encargó, qué se ejecutó y cuánto de ambas cosas podrá alguna vez saberse.

El oficio que dejó una superficie más brillante pudo alterar diferencias diminutas de altura.

Pudo también trabajar en una zona o con una intensidad que desconocen.

Ni la rueda posee aquí una velocidad recuperable ni el metal guarda una fecha escrita en cada modificación.

En la pantalla, la escala exagera las variaciones para hacerlas legibles.

Kavi comprueba otra vez las unidades; le importa que la representación no acabe por prestarle al espejo un relieve que nunca tuvo a simple vista.

Elena desplaza su silla hasta poder mirar sin apoyarse en él.

La manga de ella le roza el antebrazo. Él deja el brazo donde está.

—¿Podría explicar la pérdida de contraste? —pregunta.

Kavi señala primero la línea de la factura y luego una zona del mapa.

—Podría contribuir. Si es esta pieza y si se trabajó esta cara. No sabemos cuánto se retiró.

Elena mira la pantalla durante unos segundos.

—Entonces lo dejamos así.

En su hoja de trabajo, Kavi abre una entrada nueva.

Fecha del documento: quince de mayo de 1901.

Intervención descrita: limpieza y bruñido a rueda.

Identificación con la pieza estudiada: pendiente de corroboración.

Debajo añade que una modificación de las pequeñas variaciones de la superficie sería compatible con una alteración del contraste, sin asignarle todavía una causa demostrada al estado actual.

Adjunta la referencia del mapa de marzo y la signatura de la factura.

Guarda la nota y reduce la escala de la imagen.