El ranchero se casó conmigo por venganza (Multimillonarios de Evergreen, Texas) Capítulo Once
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Capítulo Once

SACAR LAS MESAS PLEGABLES. Veinte minutos para que las cafeteras industriales se calentaran. Y no perder de vista a Judah, que tenía tendencia a quemar las tostadas.

Su última parada del día era un restaurante a pocos minutos a pie de su apartamento.

Tenía el último turno, que empezaba a las seis de la tarde, pero a menudo hacía horas extras para cubrir a otros.

No es que le molestara. Lo que más le importaba era mantener la mente ocupada y acabar tan agotada que, al volver a casa, solo le quedaran fuerzas para una ducha y media hora de lectura de la Biblia antes de acostarse.

La mayoría de las veces, la rutina funcionaba.

Otras veces no, y entonces llegaba la tentación.

Como ahora.

Atasha se mordió el labio mientras luchaba contra el impulso de coger el móvil.

No lo hagas.

Sabes que te hace daño.

Así que no lo hagas.

Pero como su carne era demasiado débil—

Solo un vistazo.

Al segundo siguiente ya tenía el móvil en la mano, el corazón acelerado mientras navegaba por las últimas publicaciones de Ms. Tea for Tat.

La cuenta la llevaba alguien anónimo, pero tenía varios cientos de miles de seguidores.

Todas las publicaciones trataban sobre quién era quién en San Antonio, y aunque había una sobre la caída en desgracia del senador Anthony Que, no la mencionaban a ella en ninguna parte.

Era como si nunca hubiera existido, y bueno...

Ahí estaba.

Por fin encontró fotos de los eventos de alta sociedad de esa semana, y su marido Rayne Scott estaba allí...

con otra mujer del brazo, y vaya, había otro evento, y otra mujer, y bueno...

era evidente que le resultaba muy fácil olvidarla, como si ella nunca hubiera existido, como si él nunca hubiera estado casado.

Atasha apagó el móvil, cerró los ojos y respiró hondo.

Ya lo esperabas.

Así que olvídalo.

Y no llores.

Pero en cuanto se hizo un ovillo en su pequeña cama...

No no no.

Las lágrimas empezaron a brotar de todos modos, y el dolor... tampoco se iba.

Sé que tienes planes para todos nosotros, Dios.

Me alegro de que él sea feliz.

Y aunque no sé qué camino tomar a partir de ahora...

Confío en Ti.

Sé que confío, pero por favor.

Ayúdame a confiar más en Ti.

EL CORAZÓN DE RAYNE YA latía con fuerza incluso antes de salir del coche.

Había afrontado el peligro innumerables veces por su trabajo.

Pero nada de eso lo había hecho sentirse así...

asustado. Siempre tenía un plan, y después otro plan de reserva, antes de hacer cualquier cosa. Pero esto era diferente.

Era la primera vez en su vida que no conseguía ver más allá del Paso 1.

Y ese era encontrarla.

Y lo había conseguido.

Por eso estaba allí, en White Shade, un pueblecito tranquilo a pocos minutos de Jackson Hole, Wyoming.

Pero después de eso...

Todo era un vacío.

Lo único que podía hacer era ir paso a paso.

El camino desde el aparcamiento hasta el comedor social.

Abrir la puerta.

Entrar.

Y después localizar de inmediato las posibles salidas, porque lo llevaba grabado a fuego.

Contó mentalmente a las personas a su alrededor, memorizando sus rasgos más distintivos. Y cuando llegó a las mesas alineadas a un lado, donde se servía la comida—

Fue entonces cuando la vio.

Atasha.

Se reía de algo que había dicho el tipo que tenía al lado, y a él... le daba igual si estaba siendo irracional. Rayne quería quitarse de en medio al otro hombre. Como fuera, vivo o muerto.

(Perdona, Dios).

Era broma, claro.

Si algo había aprendido durante las horas que había pasado conduciendo hasta allí, era lo poco que sabía. Había creído que estaba haciendo lo correcto al vengar la muerte de su padre, aunque eso significara casarse con una mujer inocente por venganza.

Se había creído honorable, pero no lo era.

Y cuando ella le dijo que nunca lo había amado...

Había creído que era verdad, pero en eso también se equivocaba.

Y quizá por eso, aunque ya estaba allí, y la fila avanzaba despacio, y ella estaba cada vez más cerca...

Una parte de él creía que aquello también estaba mal.

Que si de verdad quería lo mejor para ella, todavía podía marcharse y dejarla vivir su vida sin él.

La amaba, sí, y ahora sabía que solo la amaría a ella, pero ¿y qué?

Ella se merecía a alguien mejor que él.

Alguien como el tipo que tenía al lado, que era la viva imagen de lo corriente, y eso...

Eso era lo que lo hacía perfecto para una chica como ella.

Porque el otro hombre no tenía el corazón destrozado e irreconocible como el suyo.

El otro hombre nunca la lastimaría ni la pondría en peligro.

Solo la amaría... como Rayne no había sabido hacerlo.

Entonces, ¿qué estás esperando?

Sal de aquí.

Vete y no mires atrás.

La idea de no volver a verla le oprimió el pecho hasta casi asfixiarlo. Pero se dijo que era lo mejor.

Si esta es Tu voluntad, Dios...

Entonces podría marcharse sin que Atasha supiera siquiera que había estado allí.

Pero apenas pensó esto, el tipo de delante recibió una llamada, y la mujer que tenía delante de repente tuvo que ir al baño, y—

¿Qué demonios—?

¿De verdad acaba de—?

Eres Tú, ¿verdad?

Porque de pronto Rayne se encontró con el camino despejado, y cuando quiso darse cuenta, ella ya alzaba la vista con una sonrisa en los labios y se volvía hacia él mientras se acercaba—

Mi amor.

Fue su corazón el que susurró las palabras mientras veía cómo ella abría los ojos de par en par y su rostro perdía lentamente todo el color.

Pero antes de que pudiera decir nada más—

—Aquí tiene.

Cómo-Se-Llame le entregó una caja de comida y un juego de cubiertos.

—Que disfrute la comida, señor.

—Gracias —se escuchó responder Rayne sin apartar la mirada de ella.

Háblame, mi amor.

Por favor.

Dame una señal.

Lo que sea.

Y fue como si ella hubiera oído sus pensamientos, porque de pronto estaba preparando la siguiente caja de comida y mirando por encima de su hombro.

—El siguiente, por favor.

Rayne se obligó a darse la vuelta.

Había pedido una señal.

Y esa era.

¿No?

Ella estaba lista para el siguiente, y Dios...

Parecía que Dios solo quería que Rayne cerrara ese capítulo.

Porque eso era todo lo que merecía.