El Quinto Azulejo (Los Misterios de Elena Vidal 6) Capítulo 15 — El gesto irreversible
52%

Capítulo 15 — El gesto irreversible

El gesto irreversible

J oaquim había pasado toda la mañana en el taller sin hacer nada. Elena lo supo porque había pasado junto a la ventana dos veces y lo había visto sentado frente a la mesa, con las manos sobre la madera, mirando un azulejo que no tocaba. La tercera vez, entró.

—¿Qué miras?

—Una pieza que encontré hace años.

Era un azulejo pequeño, de un azul casi negro, con reflejos que parecían moverse cuando cambiaba la luz. Mostraba solo un fragmento: la esquina de un edificio, una línea de horizonte.

—¿De dónde es?

—No lo sé.

—¿Nunca intentó averiguarlo?

Joaquim giró el azulejo entre los dedos sin responder. La giró, la inclinó hacia la luz, la sostuvo como si pesara más de lo que aparentaba.

—Algunas preguntas —dijo al fin— no deberían hacerse hasta que estés preparado para soportar las respuestas.

Elena se sentó frente a él. Joaquim dejó el azulejo boca abajo sobre la mesa y abrió un cajón. Su mano se detuvo sobre un sobre grueso, amarillento. La mano de Joaquim tembló apenas. Volvió a cerrar el cajón.

—Llévatela —dijo.

—¿Estás seguro?

—Ya da igual.

Elena lo guardó en el bolso, sintiendo el peso de la pieza contra la tela. No sabía si era un regalo o una despedida.

—¿Qué había en el sobre?

Joaquim tardó en responder. Su mano, apoyada sobre el cajón, temblaba visiblemente.

—La copia de una carta que Tomás escribió la noche antes de morir. En ella decía que si algo le pasaba, yo sabría qué hacer. Pero no lo hice. No supe. Y llevo treinta años preguntándome si él me habría perdonado.

Elena sintió que el aire del taller se volvía más denso. No dijo nada. Solo esperó. Y cuando Joaquim levantó la vista, vio que sus ojos estaban húmedos.

—Nunca he sido capaz de leerla entera.

Cuando Mariana llegó, Joaquim ya no estaba. El cajón estaba entreabierto, vacío, salvo por la huella en el polvo de algo que había estado allí durante mucho tiempo.