El Quinto Azulejo (Los Misterios de Elena Vidal 6) Capítulo 8 — El taller de Joaquim
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Capítulo 8 — El taller de Joaquim

El taller de Joaquim

E l taller de Joaquim estaba en la Rua da Rosa, en el límite entre Chiado y Bairro Alto, en un edificio estrecho de tres plantas con una fachada de azulejos blancos y azules que habían perdido el brillo, pero no la memoria.

Elena subió sin llamar. La puerta estaba entreabierta, y el olor a madera y barniz se mezclaba con otro, más leve: azúcar tostado.

Dentro, Joaquim no la esperaba sentado. Estaba de pie frente a la mesa de trabajo, con un azulejo roto entre las manos. La luz de la mañana entraba por una ventana alta y se posaba sobre sus manos, iluminando las grietas de sus dedos.

Mariana estaba en la esquina, hojeando un cuaderno antiguo con cuidado.

Elena observó la estantería: libros de restauración, herramientas, y en un estante bajo, casi escondido entre cajas de pinceles, un antiguo recetario encuadernado en tela azul. El lomo estaba gastado, y las páginas, al abrirlas, olían a azúcar viejo.

Mariana se acercó y lo abrió sin pedir permiso. No era una receta. Era una lista de nombres. Fechas. Cantidades. Y al final, una anotación con letra distinta a la del resto: "La Custódia no se hornea. Se espera."

—Esto no es un recetario —dijo Mariana—. Es un registro de entregas. De quién compraba la Custódia en el convento, y en qué cantidad. Y hay un nombre que se repite una y otra vez.

Elena se acercó.

—Coutinho.

Joaquim, que estaba de espaldas, se detuvo. No se volvió.

—¿Cuánto tiempo ha estado esto aquí?

—Desde que Tomás lo encontró. Y desde que yo lo escondí.

Elena sintió que el aire del taller se volvía más denso. Joaquim no había estado solo en su silencio. Había estado protegiendo una prueba. Y ahora, sin querer, Mariana acababa de ponerla sobre la mesa.

Joaquim se volvió lentamente. No miró el recetario. Miró a Elena.

—Con el tiempo uno deja de distinguir si trabaja para salvar las piezas o para salvarse a sí mismo.

Elena entendió que aquella frase no hablaba solo de cerámica.