Capítulo Doce
— ◆ —
(Punto de vista del autor)
Archer abrió las notas del móvil y escribió un mensaje para Lily.
Escribió que lo sentía. Que no debería haber usado su amabilidad con ella para presionarla y conseguir lo que quería. Pero también le dijo lo que pensaba de verdad: no quería que pasara su cumpleaños sola. Quería estar allí. Le pidió que lo perdonara por ser tan egoísta.
Lo releyó una vez y guardó el móvil.
(Punto de vista de Lily)
Me desperté poco después de las seis.
Cogí el neceser y fui al baño del campamento. La mayoría de la gente ya había subido por el sendero para ver el amanecer. Todo estaba en silencio: solo el viento, los pájaros y el sonido de mis pasos sobre la grava.
Me lavé la cara, me cepillé los dientes y empecé a sentirme persona.
Cuando volví a mi tienda, Archer ya estaba allí.
Sentado en la silla que yo había usado la noche anterior para mirar las estrellas.
Se había puesto una camisa blanca de vestir y pantalones oscuros, impecable, sin una sola arruga.
Parecía recién salido de una reunión de ejecutivos.
Nada que ver con el que se había quedado conmigo junto al fuego hasta bien entrada la noche.
Levantó la vista cuando me acerqué.
—Parece que algo te preocupa —dijo.
—Estoy bien.
Lo miré.
—¿Por qué no subiste a ver el amanecer?
—Tú tampoco.
Murmuré:
—Eso es diferente.
Y no añadí nada más.
No insistió.
—¿Vas a bajar de la montaña?
—Sí.
—¿Ahora?
—Ese era el plan.
Asintió lentamente.
—Yo también voy a bajar. Podemos ir juntos.
Negué con la cabeza.
—No hace falta. Cogeré la lanzadera.
—La primera lanzadera no sale hasta las ocho y media.
Parpadeé.
—Son las seis y media.
—Exacto.
Hizo una pausa.
—Y los conductores suelen llegar tarde. A las nueve, a las diez a veces. No es precisamente un sistema fiable.
Me giré y miré hacia el sendero que bajaba a la carretera. Dos horas era mucho tiempo de espera. Bajar andando no era una opción que me planteara en serio.
—¿Dónde vives? —preguntó.
Le di mi dirección.
Escuchó y luego dijo:
—Me pilla de camino.
Con esa voz serena y pausada tan suya. Se levantó y cogió su bolsa.
—Vamos.
Lo seguí.
El sendero de bajada era estrecho en algunos tramos, y al principio caminamos en silencio. No dejaba de darle vueltas a la cabeza: la coincidencia de todo aquello. Yo necesitaba irme temprano, y él también se iba temprano. Le di mi dirección, y resultó que le pillaba de camino.
No sabía si era solo casualidad.
Pero, por otra parte, ¿qué otra cosa iba a ser? Archer no era de los que se desvivían por hacer favores. Lo sabía desde la universidad. Era educado, pero inflexible.
Ese pensamiento me trajo un recuerdo que llevaba mucho tiempo olvidado.
Fue el verano antes de tercero. Un grupo habíamos organizado una excursión de un día: unas quince personas, entre ellas Blake, Archer y yo. Nos habíamos reunido todos en el aparcamiento antes de salir. Hubo cierto lío para decidir quién iba con quién.
Todo el mundo sabía que Blake y yo estábamos juntos, así que nadie intentó colarse en su coche. Archer, en cambio, siempre iba solo. Y ese día, yo era la única chica que estaba cerca de él.
Algunas chicas se acercaron. Saludaron, sonrieron, charlaron un poco. Luego una de ellas preguntó, con voz melosa, si Archer podría llevarlas.
Archer estaba apoyado en la puerta de su coche, con una botella de agua en la mano. Dijo, sin más, que no le gustaba llevar en su coche a gente que no conocía bien.
La chica no se dio por vencida. Puso cara de que el sol le molestaba, se abanicó, volvió a preguntar con voz más suave. Incluso alargó la mano y tocó el tirador de la puerta.
Archer se movió, apenas un poco, para bloquear la puerta con el cuerpo. Se ofreció a pedirles un Uber.
Desde el asiento trasero del coche de Blake, le oí reírse por lo bajo. Se inclinó hacia mí y dijo:
—Con razón no le dura ninguna novia. ¿Quién hace esas cosas?
No dije nada.
La chica de fuera no había terminado. Alzó un poco la voz y dijo:
—Has dicho que no te gusta llevar en tu coche a gente que no conoces, pero Lily ha ido en tu coche. ¿Estás diciendo que Lily no cuenta?
Todos los que estaban cerca se giraron a mirar.
Archer se quedó callado un segundo.
Luego sonrió, tranquilo, sin inmutarse, y dijo:
—Lo que he dicho es que no me gusta llevar en mi coche a gente que no conozco bien. Como tú, por ejemplo.
Lo dijo sin acritud. Como quien constata un hecho.
Luego la miró a los ojos y dijo:
—Y otra cosa: ¿por qué has mencionado a Lily en concreto? A Blake no lo has mencionado, y él también ha ido en mi coche. ¿Intentas provocar?
La chica se puso roja.
—No, yo no... no quise decir...
—Está bien —dijo Archer, cortándola con delicadeza. Se volvió hacia el coche y, por un instante, nuestras miradas se cruzaron a través de la ventanilla.
Sonrió levemente.
—Blake es mi amigo —dijo—. Y Lily es mi amiga.
❦ ❦ ❦