La mejor sorpresa
Cuando amanecimos, nos encontramos con una sorpresa. Mi padre nos había preparado un desayuno de campeonato: zumo, tostadas, huevos revueltos, bizcocho casero y hasta chocolate caliente.
—Gracias —dijimos una a una, sentándonos a la mesa mientras él nos miraba divertido, como si disfrutara de ese caos lleno de risas. Luego le echó un vistazo al reloj y nos comentó que tenía que salir y que volvía en media hora.
Íbamos ya por la tercera ronda de tostadas cuando mi padre volvió con una sonrisa tan grande que supe que tramaba algo.
—Tengo una sorpresa —anunció.
—Qué peligro… ¿Más sorpresas? —respondí con una sonrisa.
—¡Más! —repitió él, apartándose para dejar paso…
¡A mi madre!
—¡Mamá! —grité, lanzándome a abrazarla. Me rodeó tan fuerte que casi me corta la respiración. Olía a su perfume de siempre, a casa. Y qué gusto daba tenerla delante.
—A ver, déjame que te vea. —Se separó un poco, mirándome centímetro a centímetro.
—¿Qué haces aquí? Dijiste que tenías trabajo y que…
—Estás distinta —comentó ella, riendo. Me tocó el pelo, me acarició la cara y noté cómo se me hacía un nudo en la garganta—. He conseguido unos días extra, ¡me quedo tres semanas!
¡¿En serio?!
Nos quedamos así, como koalas, sin soltarnos, mientras mis amigas nos miraban con sonrisas de ternura desde la mesa.
—Chicas, ella es mi madre —hablé al fin, sin romper del todo el abrazo—. Mamá, ellas son Bel, Andrea y Noa.
—Encantada —las saludó una por una—. Gracias por cuidar tan bien de mi Bequi.
—Más bien es ella la que cuida de nosotras —contestó Noa y todas reímos.
Charlamos un rato largo: mi madre quería saberlo todo, desde cómo nos habíamos conocido hasta cómo habíamos montado el garaje.
Contó anécdotas de cuando yo era pequeña y mis amigas no paraban de hacerle preguntas.
Mi padre también estaba contentísimo: se le notaba por cómo la miraba, y yo sentí que todo estaba en su sitio, que no podía parar de sonreír.
Todo estaba en su lugar
Al cabo de un rato, alguien picó a la puerta. Mi padre se levantó rapidísimo.
—¿Qué…?
Oí unos ladridos. Miré a las chicas. Miré a mi madre, a quien se le escapaba una sonrisilla.
—Buenos días —oí del otro lado de la cocina.
¡¿QUÉ?!
A los pocos segundos, Nico apareció, sujetando una correa.
Pero no traía a Samba, ni a Menta, ni a ninguno de los perros que sacaba de paseo.
Traía un cachorro mestizo, de orejas enormes y patas torpes, que lo olisqueaba todo con curiosidad.
A pesar de que parecía un poco cortado al ver a tantas personas en la cocina, Nico fijó sus ojos en mí. Y me sonrió.
¿Qué estaba pasando?
El cachorro tiró hacia mí y, en cuanto me agaché, empezó a lamerme la cara sin parar.
¡¡Era monísimo!!
—Hola, Nico —logré decir muerta de vergüenza—. ¿Qué haces aquí? ¿Y este quién es?
Nico miró a mi padre, mi padre a mi madre, y los tres me miraron a mí.
—La dueña de Menta trabaja en un centro de acogida —explicó Nico— y tenía a este peque buscando familia.
—Y pensamos que —añadió mi padre—, como parece que ya estás preparada para tener uno, contigo será muy feliz.
Me llevé las manos a la boca. Los ojos se me llenaron de lágrimas.
—Es tuyo —dijeron mis padres a la vez.
Me quedé muy quieta y me pregunté si estaba soñando. Fuera como fuera, no quería despertarme.
¡Por favor!
—Qué fuerte, habéis conseguido dejarla sin palabras. —Bel, como siempre, rompió el hielo. Todos empezaron a reír.
Nico cogió al cachorro, se acercó a mí y me lo puso entre los brazos. Lo abracé con todas mis fuerzas. Al perro, no a Nico. Aunque me hubiera encantado también, pero sin público de por medio.
El cachorro me mordisqueaba la manga del pijama y mis amigas chillaban emocionadas.
—¿Hay más sorpresas? Porque estoy a punto de desmayarme —dije finalmente.
—No —rio mi madre—. Esta era la última.
—¿Cómo vas a llamarlo? —preguntó Bel.
—¿Cómo…? —repetí, mirando a mis amigas, buscando una idea entre sus sonrisas.
—No lo sé… Tengo mil listas de nombres…, pero ahora… —respondí, mirando a Nico, que jugueteaba con el cachorro con un dedo—. Ya está: creo que lo tengo. Se llamará Calcetines.
¡No podía ser otro!
Mis amigas se rieron, Nico también, y mis padres asintieron con cara de no entender cuál era el chiste.
El cachorro, cansado de pronto, se acurrucó en mis brazos como si lo hubiera sabido desde siempre.
—Yo ya me voy —anunció Nico al escuchar un claxon fuera—. Es mi madre, nos vamos al pueblo.
Nos miramos un segundo que me pareció eterno.
—Gracias por todo, en serio —dije bajito.
Nico se acercó un poco, pero al final me sonrió y saludó con la mano antes de irse.
Esa tarde fue tan perfecta que, antes de dormir, escribí una lista:
Cosas que no quiero olvidar nunca:
1. Que una amistad increíble puede empezar con algo tan tonto como unos calcetines de unicornios.
2. Que a veces las cosas pequeñas (como un cuaderno azul, unos alicates o unos calcetines de dibujos) son las que lo cambian todo.
3. Que no necesito ser perfecta para que me quieran; basta con ser yo misma.
4. Que he encontrado a personas increíbles siendo fiel a mí misma .
5. Que lo peor de las cosas bonitas es pensar que se acaben, pero justo por eso hay que vivirlas a tope.
6. Que el caos puede ser el lugar donde encuentras todo lo que buscas.
Apagué la luz, Calcetines se hizo un ovillo entre mi cuello y mi hombro, y sin pensarlo saqué el móvil y le mandé una foto a Nico: «Mira quién duerme conmigo». Su respuesta tardó en llegar, pero unos segundos después el móvil vibró.
Nico
No sé quién tiene más suerte, si tú o él.
Pensé que me iba a dar algo.
Nico
Te llamo mañana para que me cuentes cómo se porta.
Yo
Trato hecho.
Nico
Por cierto…
Escribiendo…
Nico
Tenía ganas de darte un abrazo, pero con tanta gente me ha dado corte.
Yo
Yo también.
Nico
Y una cosa más.
Escribiendo…
Nico
Me alegro un montón de que mi primer beso haya sido contigo.
Me quedé mirando la pantalla, con el corazón explotándome en el pecho.
Yo
Yo también… También me alegro de que mi primer beso haya sido contigo.
Sonreí sola en la oscuridad, notando la respiración de Calcetines.
El móvil volvió a vibrar. Pensé que sería Nico otra vez…, pero no. Era un mensaje completamente inesperado.
Lucy
Beca, tenemos que hablar. Hay algo que no sabes.